sábado, mayo 18, 2013

Leer cambia el mundo

Un libro puede cambiar la historia tanto como una guerra. La lectura apropiada despierta la grandeza del espíritu de un niño para convertirlo en un ser humano imprescindible. Las aventuras de personajes reales e imaginarios logran, las más de las veces, señalar un camino en la vida.
El escritor, pensador y físico argentino Ernesto Sábato (1912-2011) dijo: "Les quiero pedir, con la autoridad que me dan los años, que lean. Yo también he leído de chico, y fueron los libros quienes me ayudaron a comprender y a querer la grandeza de la vida [...] los abismos del corazón humano, y la belleza y el sentido de la existencia". Nada más cierto y aquí unos ejemplos.
Durante la Segunda Guerra Mundial, una pequeña y debilucha niña vivía en un pueblo bombardeado por los nazis. Su madre pensó que un libro de ficción le permitiría echar a volar la imaginación lejos de la tragedia que las rodeaba y le regaló la novela "Tarzán". La chiquita quedó cautivada por la selva, sus criaturas y especialmente por los monos. Con el correr de los años se convirtió en una extraordinaria mujer: la doctora Jane Goodall, aclamada alrededor del mundo, considerada la mayor experta en chimpancés de la historia y responsable de haber salvado de la extinción a esa especie, en la selva de Gombe.
Según el escritor Ernst Wiechert (1887-1950), "Solamente quien mueva los corazones moverá el mundo". Y vaya si los libros mueven corazones. Este alemán incorporó en sus novelas su fe católica e ideales humanistas, derrochando palabras de esperanza a lo largo de la guerra que le valieron condena en el campo de concentración de Buchenwald. El rugido de un libro, qué duda cabe, puede ser más potente que el estallido de las bombas. Su obra influyó profundamente en la forja espiritual del joven Ratzinger, el hoy papa Benedicto XVI.
El barón Alexander von Humboldt (1769-1859) -"descubridor científico de América"- escribió: "En la impaciencia que yo tenía de contemplar el Océano Pacífico desde lo alto de la cadena de los Andes, entraba por algo el interés con que de niño había escuchado el relato de la expedición audaz llevada a cabo por Vasco Núñez de Balboa". Y el Barón de Terloo, naturalista belga que estudió el Perú, anotaba que desde su niñez quiso conocer nuestro país "por los relatos fabulosos de Beauchamps sobre las aventuras de Pizarro y sus compañeros en el imperio de los incas".
Pero lo principal, como afirmó Sábato, es que leer ayuda a rechazar la realidad como un hecho irrevocable y "esa sagrada rebeldía es la grieta que abrimos sobre la opacidad del mundo".

Martha Meier M. Q.

Editora de Fin de Semana y Suplementos

El Comercio, 22 de diciembre de 2012






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