sábado, mayo 18, 2013

El Hermitage y el Congreso peruano

El Hermitage de San Petersburgo es uno de los mayores museos del planeta. Se ubica a orillas del río Neva y alberga una insuperable colección artística, atesorada a lo largo de generaciones por los zares de Rusia. ¿En qué se parece a nuestro Congreso nacional? En nada. Aunque, pensándolo bien, la mayoría de nuestros congresistas podrían ser cuadros colgados en la pared (por su inmovilidad e inacción, y no por belleza, claro está). También podría encontrarse cierta similitud en que a los zares de Rusia les expropiaron estas piezas, y que muchos congresistas (salvo honrosas excepciones) parecen haber sido expropiados de inteligencia, decencia, buenas maneras y de la capacidad de articular aunque sea dos ideas coherentemente. El Hermitage está en Rusia y, por esas casualidades de la vida, desde la llegada al poder del presidente Humala (con 'robacables', 'comeoro' y demás hierbas) mucho se ha pronunciado el nombre de ese país. Esto por Krasny, la empresa que era, pero no era, pero sí era o fue de Alexis Humala, hermano menor de nuestro presidente, y que tuvo, pero no tuvo o casi tuvo negocios con Rusia (de minería, pesca y otras cosas más).
Nuestro Congreso nacional -gracias a sus más conspicuos representantes- ostenta una pésima imagen, la ciudadanía le tiene poco respeto a sus integrantes (otra vez, salvo honrosas excepciones) y goza de ínfima popularidad. El Hermitage exhibe obras que demuestran la asombrosa capacidad creativa del ser humano, mientras nuestro Congreso exhibe la descollante incapacidad de ciertos humanos para actuar como tales. Ambos espacios tienen algo en común: los pericotes; los del museo tienen cola, pero los de por acá calzan zapatos y llevan corbata. Hace siglos el Hermitage puso en funcionamiento una particular defensa contra los roedores: 65 gatos se encargan de darle de zarpazos a tan peligrosos intrusos.
Erradicar a nuestros pericotes congresales dependerá de que los ciudadanos hagamos las veces de gatos vigilantes, mientras estos "trabajan" y habrá que estar más atentos para que no se filtren entre los postulantes al próximo. "La sola presencia de los gatos es suficiente para ahuyentar ratas y ratones", dice la encargada del Hermitage. No nos quejemos tanto de nuestro Congreso nacional y convirtámonos en sus gatos. Después de todo dice la tradición que estos espantan a los malos espíritus y conducen la energía positiva.
Fue la emperatriz Catalina II, creadora del museo en 1764, quien ordenó seleccionar a los mejores cazadores de ratones y otorgó a sus felinos el estatus de "custodios" de las riquezas de los cerca de tres millones de piezas representantes de distintas épocas, civilizaciones y culturas. Apenas un 3% de ellas se exhibe al público, más o menos el porcentaje de buenos congresistas, ¿no?

Martha Meier M.Q

Editora de fin de semana y suplementos

El Comercio, 13 de abril de 2013





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