Los incas tenían claros estos conceptos y por eso en su tiempo no se conocieron las hambrunas ni pestilencias. Comprendieron, también, que solo con una población vigorosa y saludable podía garantizarse el crecimiento del imperio. El alto desarrollo intelectual, creativo, científico y tecnológico que alcanzó la población ha llegado hasta nuestros días. Allí está en magníficas obras de ingeniería como Machu Picchu, en diversas expresiones de arte y en el profundo conocimiento de la realidad ecológica, lo que les permitió domesticar miles de especies alimenticias y descubrir las propiedades medicinales de otras tantas. Es un hecho que a la llegada de los españoles, el Tahuantinsuyo era la primera y más importante nación de la América. Esto nos lo recordaba insistentemente el entrañable y lúcido investigador Santiago Antúnez de Mayolo Rynning. Sus estudios permitieron constatar la importancia de la rica, variada y balanceada dieta inca como piedra angular del desarrollo actual. Así la esposa del presidente, Nadine Heredia, ha dado en el clavo al proponer a los cocineros peruanos -durante la inauguración de Mistura- "una dieta andina, así como España tiene su dieta mediterránea" y crear una nueva lógica centrada en que "comer peruano es comer rico, es comer sano".

Una sociedad bien nutrida es la piedra angular del progreso, y en el Perú tenemos a mano las más ricas variedades de hierbas, granos, carnes, tubérculos y frutos, para construir esa dieta inca que es sinónimo de un mañana pleno de posibilidades.
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