martes, abril 13, 2010

"Cacería" contra la Iglesia Católica, denuncia periodista peruana


La periodista peruana Martha Meier publicó recientemente un artículo en el diario El Comercio en el que denuncia una frontal "cacería contra la Iglesia Católica" con la campaña mediática difamatoria que busca enlodar al Papa Benedicto XVI ante los casos de abusos sexuales cometidos por algunos miembros del clero.

En opinión de Meier, los sectores que buscan ensuciar al Santo Padre son aquellos que "buscan resucitar su ideología caduca" desprestigiando "a la institución cuyos miembros fueron martirizados en su batalla por la libertad, brindando fe, esperanza y la fuerza espiritual para que el pueblo se rebelara contra las dictaduras que asfixiaron Europa del Este por décadas".

Tras comentar que sobre los sacerdotes abusadores debe caer todo el peso de la ley, la periodista cuestiona: "¿Los que se rasgan las vestiduras por los actos abominables de pederastia, están realmente preocupados por la niñez? ¿Quienes derraman cataratas de tinta sobre el tema, buscan la verdad? La respuesta es no".

Para Meier, "a través de la desinformación o la sobreinformación deleznable, que es lo mismo, se descalifica a la Iglesia Católica, se colectivizan las responsabilidades y se pretende crear sensación de culpa –y equívoco– a los acerca de dos mil millones de católicos".

Luego de recordar que este texto no busca defender a ningún tipo de pedófilo, la periodista peruana recuerda que "el abuso sexual a niños preadolescentes por sacerdotes es la excepción y no la norma. Las cifras revelan que es una situación poco común que involucra al 0,3% del clero".

Seguidamente compara el tratamiento que se le da a los escasos casos en la Iglesia con los de agencias humanitarias, por ejemplo, de la Naciones Unidas en zonas de emergencia.

"¿Deben desaparecer las fuerzas de paz de la ONU? ¿El actual secretario general Ban Ki-moon y sus antecesores son responsables?", cuestiona. "Si siguiéramos la lógica de los anticlericales habría que responsabilizarlos pues los hechos continúan, allí donde debe llevarse ayuda a los más necesitados", explica.

Martha Meier señala luego que "las instituciones –particularmente las que tienen impacto en la conciencia pública, incluidos los medios– deben contar con políticas de supervisión y sanción a sus afiliados pero de allí a desatar una cacería contra la Iglesia haya una distancia enorme".

"Lo primero es parte de la construcción de la democracia, lo segundo es terrorismo blanco, oportunista y perverso", concluye.

sábado, abril 10, 2010

Un gran negocio que el Perú no puede perder

EL “BOOM” DE LOS PRODUCTOS ORGÁNICOS

El Perú podría convertirse en la gran despensa mundial de productos orgánicos. Estamos hablando de uno de los sectores económicos con mayor dinamismo y crecimiento acelerado. Según la consultora británica “Organic Monitor”, en el 2001 el mercado orgánico movió la friolera de 26 mil millones de dólares. Para el 2008, apenas siete años después, la cifra bordeaba los 80 mil millones y hoy supera los 100 mil millones. Nada despreciable.
Alrededor del globo las cadenas de supermercados facturan hasta 10% anual, por estos alimentos orgánicos o “ecológicos”. En Alemania, los países escandinavos y Estados Unidos proliferan los biosupermercados donde los consumidores encuentran alimentos de la mayor pureza.
Nuestro país, con su diversidad de climas y suelos, con su insuperable biodiversidad y variedad de frutos, granos, tubérculos, plantas comestibles y su proverbial gastronomía, tiene en lo orgánico una veta por aprovechar. Ya lo ha repetido incansablemente el ministro del Ambiente Antonio Brack: “El gran futuro de la agricultura en el Perú es la producción de alimentos orgánicos”.




Prom-Perú revela que este año exportaremos más de 100 millones de dólares solo en productos nativos, como sacha inchi, yacón, maca, camu-camu y otras propias de nuestras tierras. Todos estos alimentos tienen algo en común: por su procedencia y forma de cultivo pueden llegar a calificarse como “orgánicos” (libres de pesticidas, herbicidas, fertilizantes sintéticos) y, también de cualquier manipulación biotecnológica que le haya introducido genes de otras especies (por ejemplo, genes de pescado del ártico a una fresa para que resista cultivo bajo nieve).
Los exportadores de mangos, paltas, mandarinas, cacao, café y otras especies han tenido que adoptar prácticas “orgánicas” por las exigencias de los mercados. El 16 de julio del 2007, el especialista Fernando Cillóniz, de Inform@cción, explicaba: “La agricultura de exportación está tendiendo a lo orgánico. ¿Por qué? Porque uno vende espárragos frescos, uvas de mesa, mangos, bananos, etc., y cada vez el mercado es más exigente”. Así se lo dijo a Manuela Núñez, en Palestra, portal de asuntos públicos de la PUCP. Y no le faltó en aquel entonces visión ni razón pues las tendencias y las preferencias de los consumidores son hacia lo “verde”. ¿Después de todo alguien en su sano juicio escogería una naranja “bañada” con varias dosis de venenos químicos, en vez de una que solo recibió agua, sol, abonos naturales y cuyas plagas fueron controladas con insectos benéficos? Demostrado está que los consumidores optan por la segunda opción y que están dispuestos a pagar un poco más por lo natural. Desde hace ya buen tiempo, los restaurantes más exclusivos del mundo han optado por esta vertiente y conocidos chefs y figuras de la farándula le han dado el espaldarazo a esta sana y rentable alternativa.
Si alguna revolución presenciará nuestra generación será la de los orgánicos, un movimiento en proceso de masificación y con alta rentabilidad. El empresario estadounidense Gary Hirshberg, director ejecutivo de Stonyfiel Farms, dijo en una feria especializada: “Lo nuestro nunca solo fue un negocio. Estamos aquí para cambiar el mundo”. Pues bien, el Perú tiene hoy la gran oportunidad de mejorar el mundo haciendo excelentes negocios.
El Comercio, 10 de abril de 2010

Cacería contra la Iglesia Católica

VILES ATAQUES CONTRA EL PAPA BENEDICTO XVI

Para algunos la única manera de sentirse mejor es denigrando al resto. Para otros, resucitar su ideología caduca pasa por desprestigiar a la institución cuyos miembros fueron martirizados en su batalla por la libertad, brindando fe, esperanza y la fuerza espiritual para que el pueblo se rebelara contra las dictaduras que asfixiaron Europa del Este por décadas. De esos sectores es que emana la campaña desatada contra la Iglesia de Roma y el papa Benedicto XVI.
Los actos —infrahumanos y degenerados— de sacerdotes pedófilos tienen que ser castigados con todo el peso de la ley. La cadena perpetua y la castración química deben ser el destino de todos aquellos —sin distinción— que violentan la inocencia de un niño o una niña. Pero justos no pueden pagar por pecadores e imperdonable sería no pronunciarse sobre el vil ataque dirigido contra el Santo Padre. Y aquí surge un par de preguntas: ¿Los que se rasgan las vestiduras por los actos abominables de pederastia, están realmente preocupados por la niñez? ¿Quienes derraman cataratas de tinta sobre el tema, buscan la verdad? La respuesta es no. Una mínima y real preocupación por la niñez se reflejaría en mayor información circulando sobre el abuso sexual infantil, más presencia en la agenda pública y en los presupuestos nacionales (en nuestro país, uno de cada tres niñas y niños sufre algún tipo de abuso). A través de la desinformación o la sobreinformación deleznable, que es lo mismo, se descalifica a la Iglesia Católica, se colectivizan las responsabilidades y se pretende crear sensación de culpa —y equívoco— a los cerca de dos mil millones de católicos.
Que quede claro, aquí no defendemos a los pedófilos, sean curas, tablistas o maestros, pero no está de más recalcar que el abuso sexual a niños preadolescentes por sacerdotes es la excepción y no la norma. Las cifras revelan que es una situación poco común que involucra al 0,3% del clero. Según datos del periodista Luigi Accatoli, en los últimos 15 años en Alemania —tierra del Papa— se denunciaron 210 mil casos de abuso sexual contra menores, 94 de estos relacionados con sacerdotes católicos (0,04%). ¿Por qué solo esos 94 casos reciben atención? ¿Los otros 209.906 niños alemanes no merecen ser defendidos y sus ofensores castigados? Es lógico que la indignación sea mayor cuando el abuso proviene de quienes han de promover la virtud y proteger a los más pequeños. No se vio, sin embargo, tal indignación cuando Save the Children denunció que es común el abuso sexual contra menores por parte de trabajadores “humanitarios y fuerzas de paz”, de Naciones Unidas. Las principales acusaciones son por: “intercambio de comida por sexo, sexo forzado, prostitución, pornografía, esclavitud sexual, ataque sexual y tráfico de niños”. ¿Deben desaparecer las fuerzas de paz de la ONU? ¿El actual secretario general Ban Ki-moon y sus antecesores son responsables? Si siguiéramos la lógica de los anticlericales habría que responsabilizarlos pues los hechos continúan, allí donde debe llevarse ayuda a los más necesitados.
Las instituciones —particularmente las que tienen impacto en la conciencia pública, incluidos los medios— deben contar con políticas de supervisión y sanción a sus afiliados pero de allí a desatar una cacería contra la Iglesia hay una distancia enorme. Lo primero es parte de la construcción de la democracia, lo segundo es terrorismo blanco, oportunista y perverso.




El Comercio, 03 de abril de 2010

Cuando el fin justifica los medios todo está perdido

LA PULCRITUD COMO BASE DE LA CIVILIZACIÓN

Cuando todo vale y el fin justifica los medios la sociedad humana vuelve a la oscura y húmeda caverna prehistórica, alejándose del fuego vital de la civilización. Solo la pulcritud y la coherencia de cada acto cotidiano —individual o colectivo, privado y político— garantizan la vigencia del Estado moderno de derecho y de todas las abstracciones sobre las que se sostiene: democracia, libertad, justicia, solidaridad, entre otras. Hablar de ellas no es lo mismo que hablar de un rábano. Rábano es una palabra concreta que representa algo tangible que podemos ver, palpar, oler, saborear y hasta agarrar por las hojas. Nuestra sociedad, sin embargo, se sostiene en conceptos abstractos que la tornan frágil. La doble moral, los arreglos bajo la mesa y la turbidez, dinamitan la credibilidad de nuestras instituciones y del sistema en ámbitos diversos desde el Congreso a la economía pasando por los partidos políticos y de fútbol hasta llegar a la empresa privada, la medicina, las artes, la gastronomía o un campeonato de tabla hawaiana. Nada se salva cuando no hay confianza, verdad y coherencia. Cuando el fin justifica los medios todo está en riesgo y todos perdemos.
En las últimas semanas, por ejemplo, la reputación del juez español Baltasar Garzón ha rodado por los suelos. La prensa española le cuestiona una “intervención irregular de comunicaciones” y sostiene que sus defensores “olvidan que la justicia solo es justa cuando se atiene a unas reglas establecidas”. Ayer mismo un editorial del diario “ABC” explicaba “llegó a un punto en que (Garzón) se creyó investido del poder suficiente para crear las normas jurídicas que convenían a sus propósitos”. Mientras tanto el chileno José Miguel Insulza fue reelegido secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), con el voto de nuestro país que ha descartado la reelección presidencial y que hace pocos días consideró saludable que la corte colombiana deniegue a Álvaro Uribe sus intenciones reeleccionistas. Así un personaje (“cubanófilo”, según su compatriota el escritor Jorge Edwards) en cuyo país la reelección fue abolida justamente por las fuerzas de izquierda que él representa tiene a bien reacomodarse en su cargo. ¿Total? ¿La reelección está bien en la OEA y no en nuestros países? ¿Los presidentes no pueden ser reelegidos aunque el pueblo lo pida pero los congresistas sí pueden atornillarse por décadas en su curul? ¿El voto popular deviene en “sagrado” cuándo le sirve a quién? La incoherencia es delirante.
El Poder Judicial se pudre pero el presidente de la Corte Suprema es considerado un perfume de rosas andante mientras lo que es su responsabilidad hiede. A vista y paciencia de las autoridades se roban pruebas del “chuponeo” telefónico realizado por Business Track (BTR), y aquí no pasa ni pasará nada. Una congresista dice no tener vínculo —salvo cinco hijos— con un fulano que macera hojas de coca en el perímetro de su chacra. El presidente del Consejo de Ministros se enfrenta a la titular del Ministerio de Economía para que una firma brasileña se encargue “como sea y pese a quien le pese” de la irrigación de Olmos. Y en las últimas semanas, un hirviente caldo de choros a la Conchán “sorprendió” al presidente Alan García Pérez, bañándolo de cuerpo entero. ¿Pulcritud decíamos? Vaya ingenuidad. Acá todo vale menos agarrar al rábano por las hojas.
El Comercio, 27 de marzo de 2010

sábado, marzo 20, 2010

Tiempo de proteger un líquido y vital tesoro


Si alguien cree que el agua para beber nos sobra porque tres cuartas partes del globo están cubiertas por ella, se equivoca. Esa agua es salada y por ahora las técnicas de desalinización siguen siendo bastante caras como para pensar que, en el corto plazo, la sed será calmada con agua marina procesada. Así las cosas, queda claro que dependemos de ríos, lagos y aguas subterráneas, entre otras fuentes de agua dulce. Menos del 1% del agua existente es dulce y accesible. Y la realidad es que cada vez hay más personas y menos agua limpia disponible. Los futurólogos ya vaticinan que en un mañana no muy lejano las guerras por ella serán comunes. En ese posible escenario bélico por el agua vale la pena recordar que casi la mitad de las reservas de agua dulce mundiales se encuentran en América del Sur, en nuestro subcontinente. Y a estas alturas ya no sabemos si esto es una bendición o una amenaza.

Pasado mañana lunes 22 de marzo se conmemora el Día Internacional del Agua bajo el lema “Agua limpia para un mundo sano”, y es que en pleno siglo XXI más de 1.500 millones de niñas y niños menores de 5 años enferman y mueren anualmente por la mala calidad de esa perfecta combinación de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno (H2O) del que depende la vida toda.

La búlgara Irina Bokova, directora general de Unesco, sostiene: “El deterioro de la calidad de las aguas en ríos, arroyos, lagos y mantos freáticos tiene consecuencias directas sobre los ecosistemas y la salud humana. Esta situación constituye una tragedia humana indescriptible y un obstáculo importante para el desarrollo. Para que los grupos humanos y los ecosistemas puedan prosperar, esa agua debe ser limpia, permanecer limpia y, más importante aún, debe estar al alcance de todos”.

Algo de lo que estamos bastante lejos de lograr. Nuestros principales ríos y lagos sufren los embates de la contaminación minera, agrícola, industrial y doméstica. Cada vez es más difícil el acceso a fuentes de agua pura y cada vez, también, el proceso de potabilización se hace más complejo por la cantidad de impurezas y metales pesados que deben removerse. Enfermedad y pérdidas económicas es lo que se deriva de nuestra irresponsable actitud frente al agua.

“El agua es como la libertad, solo la echamos de menos cuando nos hace falta”, escribió Antoine de Saint Exupéry (1900-1944), aviador y novelista francés, autor de “El Principito”. Razón no le falta. El agua nos rodea, está en todas partes —desde la nube que pasa hasta el charco en nuestro camino— y quizá por eso no pensamos en ella hasta que nos es esquiva. La maltratamos, la ensuciamos y derrochamos. Baste un ejemplo: una fuga en nuestro water significa la pérdida de más de ¡83 mil litros de agua potable por año! Y esto a sabiendas de que no tenerla haría nuestra vida miserable, sucia, imposible.
El Comercio, 20 de marzo de 2010

viernes, marzo 19, 2010

Adiós a un animal en extinción

Miguel Delibes miraba al cielo, contaba las estrellas y esperaba el amanecer, entonces se incorporaba y sigilosamente, escopeta al hombro, seguía huellas, descifraba sonidos, olores y aleteos hasta llegar a su presa (o “cómplice”, como él decía, por compartir la aventura del vivir o morir). Con esa misma paciencia buscó las palabras para escribir las novelas y ensayos en que defendía la naturaleza y la libertad.

“Lo que es evidente es que a estas alturas. Si queremos conservar la vida, hay que cambiarla”, escribió parafraseando a Alaín Hervé, periodista francés. En más de medio centenar de novelas, Delibes retrató a la sociedad rural de su Castilla natal, su paisaje, usos, costumbres, el particular modo de hablar y recogió una larga lista de palabras que poco a poco van cayendo en desuso.

Si algo caracteriza su obra es el amor y respeto por la naturaleza, la defensa del medio ambiente, la búsqueda de la armonía del ser humano con su entorno y el sueño de una “justicia más justa”. Ayer la muerte —ese viento inevitable que antes o después nos arrastra a todos como a la hojarasca— se llevó a este escritor y académico español, uno de los grandes de la lengua castellana.

Miguel Delibes fue un animal en extinción. Pertenecía a esa especie de periodistas, intelectuales y brillantes creadores que —para mal de todos— ha empezado a escasear en el planeta, tanto como el agua limpia, la flora, la fauna, el medio rural en que creció y el campo al que siempre quiso estar ligado. Fue un preocupado y activo conservacionista y un cazador de presas menores (de preferencia la perdiz roja). “Soy un cazador que escribe”, dijo alguna vez. En “Diario de un cazador” (1955) y “El último coto” (1992) la caza es base de la narración, pero Delibes la repudiaba como deporte y solo la comprendía como parte del ser campesino, del alma rural.

Desarrolló una estrecha relación con el entorno y un notable conocimiento de los ecosistemas y la biodiversidad. La Facultad de Biología de la Universidad de Salamanca lo nombró doctor honoris causa “por su defensa del medio ambiente frente al desarrollo industrial”, tema ya presente en su primera novela “La sombra del ciprés es alargada” (Premio Nadal 1947), escrita a los 27 años. Tempranamente alertó sobre el deterioro ambiental, pero principalmente sobre el arrollo del desarrollo, ese progreso mal comprendido, ese que aumenta la “incomunicación y la violencia” que exalta el “dinero como único valor” y “calienta el estómago pero enfría el corazón”. “El sentido del progreso desde mi obra”, su discurso de ingreso a la Real Academia de la Lengua, en 1975, fue un verdadero manifiesto ecologista. Allí ante un auditorio que vela y venera las palabras, sentenció “el hombre, nos guste o no, tiene sus raíces en la naturaleza y al desarraigarlo con el señuelo de la técnica, lo hemos despojado de su esencia”.

La muerte de Delibes no solo es la de un notable escritor sino la de un pensador que nos alertó sobre la crisis ecológica y advirtió que dirigirse a ciegas hacia un precipicio no es avanzar.





El Comercio, 13 de febrero de 2010

La prevención como cultura

Miramos hacia ambos lados antes de cruzar la pista para verificar que no haya un vehículo que pueda embestirnos. Nos ponemos una chompa antes de salir en una tarde ventosa y así evitar un posible resfrío. Al subir una escalera nos apoyamos instintivamente en el pasamanos para sostenernos en caso de un tropezón. Son pequeños actos que realizamos a diario en el afán de evitarnos un percance. Como reza el dicho popular, “prevenir antes que lamentar”. Pero la prevención ante un terremoto, evento impredecible de la naturaleza, es algo en lo que no somos muy duchos que digamos. Nuestro país —igual que Chile— se ubica en el llamado cinturón de fuego del Pacífico, la zona de mayor actividad sísmica del planeta. Esta es razón suficiente para estar siempre preparados pues en cualquier momento la pachamama puede temblar furiosamente para liberar la tensión acumulada por la fricción de las placas tectónicas del lecho del Pacífico.




La diferencia entre sobrevivir o no depende de actuar de modo calmado y frío. Hay tres cosas que ocurrirán tras un terremoto: maretazos (cuando no un tsunami) por lo que debemos alejarnos del mar y de las playas; cortes de luz y la saturación y colapso del servicio telefónico, lo que se traduce en oscuridad (si el sismo es nocturno) y una desesperante incomunicación. Así, todo hogar debería tener a mano walkie talkies, una linterna (no se recomiendan velas ni fósforos por las posibles fugas de gas) y una radio portátil con varios juegos de baterías. Esto aparte de un pequeño maletín con lo esencial: mantas, agua, un mínimo de alimentos no perecibles y un botiquín de primeros auxilios que incluya medicinas para dolencias específicas (presión alta, diabetes, depresión, etc.). Los pasadizos y puertas de salida de casa deben estar libres de objetos que puedan caer y estorbar el paso. Si se está en el piso alto de un edificio no habrá tiempo de salir, lo ideal es abrir la puerta porque puede trancarse y ubicarse junto a una columna o cerca del ascensor. Toda familia debe tener un plan mínimo y desde ya asignar responsabilidades: ¿quién se encargará de los niños y de los adultos mayores? ¿Quién del maletín? ¿Hacia dónde irán? En caso de no estar juntos, ¿dónde se reunirán?

Se ha visto en un pequeño poblado de Chile algo que podría instituirse en los municipios: una suerte de tambo de emergencia con agua y alimentos para afrontar las primeras horas. Todo alcalde o alcaldesa debería, además, determinar cuáles serían los eventuales puntos de refugio para los vecinos. Pisamos tierra inestable y debemos estar prevenidos para lo peor. “Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza del cielo se abre como una boca de muerto”, escribió hace mucho el poeta chileno Pablo Neruda. Nada de malo tiene el miedo, mientras no nos paralice y evite que empecemos a “prevenir antes que lamentar”.

Desnutrición, freno del aprendizaje

Sonará anticipado, pero el problema de la educación empieza en el vientre materno. Mucho antes de que el niño o la niña anuncien su arribo a este mundo con el primer llanto su potencial intelectual y creativo puede haber sido ya mellado. La desnutrición —o mala nutrición— de las embarazadas es un tema que debe resolverse para lograr avances significativos en el campo educativo. Por más infraestructura de calidad, maestros altamente calificados y gran inversión económica —lo que por cierto no prima en el Perú—, empedrado será el camino hacia la excelencia si los cerebros de los pequeños carecieron de los ácidos grasos esenciales y otros nutrientes durante su gestación. Otro escollo aparece con la falta de micronutrientes en los primeros cinco años (la ventana de aprendizaje más importante). En esta etapa la nutrición es clave y también los estímulos (sonoros, visuales, motores, entre otros) necesarios para desarrollar la mayoría de destrezas, crear, potenciar y reforzar millones de conexiones neuronales, que a final de cuentas son la chispa de la inteligencia, de la personalidad y de comunión con el mundo y los demás.

El doctor Santiago Antúnez de Mayolo Rynning cuenta que en el antiguo Perú se prestó atención a la alimentación de las gestantes. Es más, comenta que seis meses antes de la concepción se consumían productos ricos en minerales, vitaminas y otros nutrientes y se llevaba una vida lo más sana posible (ojo, fiesteros) en el entendido de que esa salud y fortaleza se transmitían al niño por nacer. La madre aseguraba su ingesta de vitaminas (especialmente del complejo B), ácido fólico y bacterias benéficas, consumiendo chichas elaboradas con diversos cereales andinos. Una vez nacida la criatura su nutrición se garantizaba —al menos en los tres primeros años y a veces más— con la leche materna, el alimento más completo y benéfico para el cerebro.

Últimamente, fuera de oír sobre la película “La teta asustada”, más bien asusta lo pronto que las madres jóvenes destetan a sus bebes o simplemente obvian esto tan saludable de darles la teta. En el antiguo Perú, también, la estimulación temprana era practicada y se conocían las capacidades y necesidades de cada etapa. Para Antúnez de Mayolo, esto llevó a que en el tiempo de los incas “el Perú fuera la primera nación de América”.

Basándose en estos conocimientos ancestrales y los últimos hallazgos de las neurociencias (algo también por tomarse en cuenta al tiempo del desarrollo curricular), presentó en el 2007 el método ProEduPerú, al que para mal del país se le ha prestado muy poca atención. Recobrar lo mejor del pasado, recoger los aportes de las neurociencias y reconocer que nutrición y educación van de la mano sería un buen primer paso para avanzar con paso firme en la construcción del verdadero desarrollo.
El Comercio, 27 de febrero de 2010

jueves, febrero 25, 2010

Réquiem por el balneario de Ancón

Santa Sofía, del grupo Romero, insiste en establecer un puerto en la histórica bahía de Ancón, una importante área arqueológica y tradicional balneario por generaciones




Esta podría ser la última temporada de Ancón como balneario. El proyecto de establecer un puerto amenaza la quieta e histórica bahía. Santa Sofía, del grupo Romero, esgrime la falsa premisa de creación de puestos de trabajo (a saber estos no llegan siquiera a 400). Ancón tiene otra vocación: la pesca artesanal, la práctica de deportes acuáticos, los estudios arqueológicos y la conservación de un valioso patrimonio arquitectónico (sus casonas del siglo XIX). Cobra importancia ecológica que en sus roquedales y cuevas habite el pingüino de Humboldt, ave en extinción. Ancón tiene además fervorosas celebraciones religiosas: la fiesta de la Cruz, el día de San Pedro y San Pablo (con su procesión en el mar) y la tradicional Semana Santa, que son atractivos turísticos. Su historia se remonta a épocas preíncas, los hallazgos arqueológicos pueden apreciarse en el Museo de Sitio, establecido gracias al impulso del doctor Alejandro “Jan” Miró Quesada Garland. En Ancón, entre otros eventos históricos, se selló la paz con Chile. ¿Por qué borrarlo todo con un puerto?
El Comercio, 21 de febrero de 2010

Adiós a la naturaleza invisible

“Quien ensucia el agua debe limpiarla”, afirmaba cuatro siglos antes de Cristo el célebre filósofo griego Platón. Así, dejó bastante claro que nadie tenía (ni tiene) derecho a degradar un bien que es de todos y, en todo caso, quien lo hiciera estaba (está) obligado a repararlo. En el siglo XX tal dicho se convirtió en la lógica de “el que contamina paga” y se aplicó bajo la forma de impuestos, con éxito en países como Alemania, cuyas empresas avanzaron prontamente tecnologías y procesos amigables con el ambiente.
En pleno siglo XXI lo dicho por Platón se refleja en las propuestas del economista Pavan Sukhdev, consejero especial de Naciones Unidas, quien afirma que la “invisibilidad de la naturaleza” al tiempo de hacer negocios y tomar decisiones ha propiciado los descalabros ambientales que vemos. “No podemos gerenciar lo que no medimos y no estamos midiendo el valor de los beneficios de la naturaleza ni el costo de su pérdida”, dijo recientemente al diario británico “The Guardian”.
Las empresas deben empezar a contabilizar sus pasivos ambientales, es decir su impacto negativo sobre los ecosistemas, la biodiversidad y el clima. En otras palabras, “sincerar” los costos, tan simple como eso. Y pasemos ahora al escalofriante “sinceramiento” de cifras. Un informe de la consultora Trucost, encargado por Naciones Unidas y cuyos avances fueron difundidos el último jueves, indica que en el 2008 los pasivos ambientales de las tres mil más grandes empresas del globo fueron cercanos a los… ¡dos mil quinientos trillones, sí trillones, de dólares! Este monto inimaginable es mayor al de las economías nacionales de todos los países de la Tierra (menos de los 7 más poderosos).
El informe menciona, además, que un tercio de las ganancias de esas compañías se desvanecería si pagaran por el uso, pérdida y daño ambiental que causan. Así “ensuciar el agua y no limpiarla” resulta siendo un buen negocio, a vista y paciencia de los gobiernos y muchas veces con su venia. El asunto deriva, además, en algo totalmente ilógico: todos y todas padecemos la contaminación, deforestación, sobreúso de agua, generados por negocios ajenos, mientras unos pocos gozan las ganancias. Lo último que nos faltaba: el comunismo de la contaminación, la democratización del descalabro ecológico, la distribución justa y equitativa de los desequilibrios ambientales. Y lo mismo ocurre a pequeña escala, porque por el ojo de esa aguja entra también el conductor de la vetusta combi que envenena el aire urbano, causándonos alergias, irritándonos los ojos, la garganta y los bronquios, mientras él hace su “agosto” (amén de causar accidentes por doquier).
El estudio que será publicado por el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas y la iniciativa Principios para Inversiones Responsables, apoyada también por ONU, esperan sensibilizar a los inversionistas para que exijan a las compañías reducir sus impactos, antes que los gobiernos impongan mayores impuestos, sanciones, restricciones o regulaciones a sus actividades. La economía de la naturaleza visible está a la vuelta de la esquina.
El Comercio, 20 de febrero de 2010

sábado, febrero 13, 2010

¿Qué vendrá después?

Fuertes vientos se desataron sobre el lago Titicaca, en Puno. Por los aires volaron los techos de paja y las legendarias islas flotantes de los uros fueron arrastradas por más de tres kilómetros. Tuvo que intervenir la Marina para poner las cosas en su lugar y anclar este territorio de totoras en su lugar original. Por poco y los últimos representantes de esa cultura milenaria desaparecen, con todo y pueblo, como Macondo en “Cien años de soledad”, arrastrados por el ventarrón. El clima cada vez se parece más a la literatura, a una intervención artística que modifica en un instante el paisaje pero dejando estragos y grandes pérdidas tras de sí. El cambio climático se empieza a asomar con su estética de destrucción.
“Lluvia y más lluvia, ayer sin cesar, y ahora mismo vuelve a empezar [...]”, escribió en 1907 el poeta Rainer María Rilke, en “Cartas sobre Cézanne”. Y así está una extensa parte del norte del Perú, padeciendo lluvias más intensas que las de las peores temporadas de fenómeno de El Niño. En Trujillo, Chan Chan, la más grande ciudadela de barro de Latinoamérica y patrimonio mundial, debió ser cubierta —hasta donde se pudo— con plástico para evitar daños irreparables. La naturaleza parece estar dispuesta a darnos una lección, nos amedrenta para recordarnos nuestra fragilidad, la necesidad de desarrollar una cultura de prevención y empezar a tomarla en cuenta para ubicar el lugar que nos corresponde en el planeta. Somos nada cuando ella de sata su furia y somos aún menos que nada si ante esa furia no analizamos qué debemos hacer. Una y otra vez el ingeniero reconstruye el camino allí donde volverá a pasar el huaico, ni un poco más allá ni un poco más acá, y no tomará las medidas adecuadas para proteger su obra. Una y otra vez el agricultor querrá ganar terreno donde sabe que gusta el río desbordarse y perderá sus cosechas. Con compulsiva obsesión se reconstruirán casas, escuelas, postas y albergues en zonas de deslizamientos, en terrenos ines-tables. Y las autoridades se fotografiarán felices ante estos logros hasta que nuevamente la naturaleza mande su clarinada: “allí no tenía que ser” y todo vuelva a comenzar, o a terminar.
Con Washington D.C., la capital de Estados Unidos, paralizada y soportando nevadas y bajísimas temperaturas no registradas desde hace más de un siglo, con Río de Janeiro en un carnaval de infierno y sus termómetros por encima de los 45 grados, no queda duda de que estamos ya atisbando a lo que se referían los científicos cuando hablaban del “cambio climático global”. Con una humanidad que en los últimos tres siglos se ha ido desvinculando cada vez más de la naturaleza y de sus procesos, los avatares del clima son una especie de brutal “llamado” para entender y reestablecer lazos con aquello de lo que formamos parte. Francis Thompson (1859-1907), poeta inglés, expresó esta interrelación así: “Todas las cosas por un poder inmortal/ cercano o lejano/ Ocultamente/ Una a la otra tan unidas están/ Que es imposible tocar una flor/sin que se estremezca una estrella”.
El Comercio, 13 de febrero de 2010

Ya nada será igual

El clima sigue azotando extensas porciones de nuestro territorio. Mientras tanto Lima se prepara para recibir al divo español Julio Iglesias, quien alcanzara la fama con su canción “La vida sigue igual”. Con prácticamente medio Perú en estado de emergencia por los recientes eventos que han ocasionado invalorables pérdidas humanas, colapso de infraestructura, millares de familias sin techo y cuantiosas pérdidas materiales y agrícolas, una cosa queda clara: ya nada será igual y la cultura de prevención tendrá que asumirse como prioridad nacional, regional, local e individual. Lluvias torrenciales en Cusco, Puno y otras zonas del sur andino. Granizadas en Huancayo tan feroces como para derrumbar casas de adobe. “Nunca antes había pasado esto”, repiten los afectados (afectados justamente por la falta de prevención y dejadez de sus autoridades).
Desde fines del siglo XX, los expertos anunciaron la alteración del clima. Lo que está ocurriendo, a lo largo y ancho del planeta, responde a modelos analizados del tan mentado “calentamiento global”, cuyo errático comportamiento lleva a episodios como los de una Europa soportando nevadas inusitadas. El cambio climático no perdona y lo afecta todo.
Antes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Clima, COP-15, realizada en Copenhague, Dinamarca, el pasado diciembre, un grupo de chefs y enólogos franceses reclamaron acuerdos para evitar la debacle del sabor. La evidencia señala que la industria vinícola y la gastronomía podrían sucumbir por los avatares del clima. Ciertos vinos franceses y griegos, así como la cerveza tipo pilsener ya están viéndose afectados. Veintisiete regiones del vino padecen el mal sabor de algunas de sus cosechas. En cuanto a la cerveza, el climatólogo Martin Mozny del Instituto de Hidrometeorología de la República Checa, ha informado sobre el deterioro del delicado lúpulo Saaz. Mozny y su equipo detectaron que desde 1954 al 2006, la concentración de ácidos alfa —responsables de la sutil amargura de la pilsener— se redujo 0,06% anualmente. Y esto no es todo. El doctor John Agar, experto en ecología tropical de islas, indica que el famoso, delicioso y carísimo café jamaiquino —con denominación de origen Blue Mountain— ya está perdiendo su característico sabor (suave y sin amargor). Lo mismo ciertos tés y algunos aseguran que el arroz. Un informe de la revista “New Scientist” indica: “las chuletas de cerdo serán más aguadas y pálidas, mientras que los churrascos más oscuros y apestosos”. Los gastrónomos anuncian que el sabor que trae el cambio climático será agrio. Así, al impacto social, económico, pesquero y agropecuario hay que sumar el mal sabor. Mientras las poblaciones pobres serán afectadas inicialmente, los grupos más favorecidos tendrán tiempo para lamentarse por el mal sabor de su café y la pestilencia de su lomo. Luego se darán (nos daremos) de cara con la democracia de las fuerzas de la naturaleza. Esa sí que no hace distingos ni concesiones y trata a todas y todos por igual.
El Comercio, 06 de febrero de 2010

lunes, febrero 01, 2010

No culpemos a la lluvia

¿Fue la lluvia o la falta de prevención? Invalorables vidas humanas perdidas, casas desplomadas, vías bloqueadas, puentes y vías colapsados, poblados aislados, miles de hectáreas de cultivo ahogadas bajo el agua, pérdidas materiales que van por los mil millones de soles.
Las lluvias desataron su furia sobre el sur andino —en el caso del Cusco—, hicieron crecer hasta diez veces el caudal normal de los ríos. En dos o tres días llovió lo que en un mes. Puno, Huancavelica, Apurímac y Ayacucho están también afectados por un fenómeno natural perfectamente previsible. En pleno siglo XXI y con la tecnología disponible esto no llega de sorpresa. Días antes de que el cielo rebalsara —por decirlo de alguna manera—, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología, Senamhi, declaró alerta naranja para la región hoy afectada. ¿Qué hicieron las autoridades? A la usanza nacional, nada. Y, hasta ahora, fuera de enviar la necesarísima ayuda de último minuto no se conoce ningún plan de intervención para dar soluciones y prevenir mayores daños.
En un escenario de cambio climático global, es impostergable crear una cultura de prevención e invertir en planes de contingencia. Si de algo tienen que preocuparse nuestras autoridades es de brindar los fondos necesarios y tecnología de punta a las instituciones encargadas de la investigación climática, así como contar con comunicación eficiente al más alto nivel. Es impostergable cruzar la información sobre los patrones del clima para reordenar el territorio y tomar las medidas preventivas necesarias: muros de contención, zanjas y canales donde los ríos y lagunas puedan descargar, maquinaria pesada disponible en zonas riesgosas, puentes móviles, un ejército preparado para actuar rápidamente ante estos episodios y, de ser el caso, el traslado de poblados a lugares más seguros. Hay que comprender que los desastres no son naturales y que resultan de la desidia y el desconocimiento humanos.
Lo ocurrido en Aguas Calientes, poblado a las faldas de esa joya turística peruana llamada Machu Picchu (Patrimonio de la Humanidad y una de las nuevas siete maravillas del mundo) estaba cantado. Aguas Calientes creció desordenadamente; sucesivas autoridades no solo permitieron sino que fomentaron el establecimiento de albergues y restaurantes en zonas inestables (terrenos muy cercanos al río, por ejemplo).
Frente a la tragedia del Cusco, los expertos en turismo hablan de la pérdida de un millón de dólares diarios para el sector. Si bien en momentos como los actuales corresponde al Estado operativizar la ayuda, ¿no deberían quienes hacen negocios de tal envergadura tener planes de contingencia ante tragedias como esta y otras? Una empresa ferroviaria que por largos años ha monopolizado la ruta Cusco-Aguas Calientes, tendría que contar con los medios para evacuar a sus pasajeros varados. Tanto como el Estado, las empresas deben prevenir y contar con planes para enfrentar los fenómenos climáticos. No culpemos solamente a la lluvia.
El Comercio, 30 de enero de 2010

La ceremonia de los adioses

“Miro una foto de una tristeza, dolor, crueldad y violencia inmensas: un hombre toma del pie el cadáver de un niño y lo arroja al aire. El cuerpo va a dar a la montaña de cadáveres —decenas de millares [...]”, ha escrito el novelista mexicano Carlos Fuentes en el diario “El País”, de España. Max Beauvoir, la máxima autoridad del vudú haitiano, considera que los muertos están siendo desechados como basura. Beauvoir fue educado en el City College, de Nueva York y en la Sorbona, de París y hoy llama la atención sobre cómo varios miles de cuerpos han sido depositados en fosas comunes o lanzados al fuego, “sin respeto ni dignidad”. Nicholas Young, presidente ejecutivo de la Cruz Roja Británica, explicó a la BBC: “Así es imposible que los parientes puedan tener un duelo, saber cuántas personas murieron y que los familiares puedan identificar a sus muertos. Todo esto es una verdadera lástima”.
Todo deudo quiere para su familiar o amigo “cristiana sepultura” y los haitianos no son la excepción, aunque su ritual de despedida sea distinto. Miles no pueden enterrar a los suyos según sus costumbres y espiritualidad, o lo que es lo mismo: según lo que les dicta el vudú. Más del 80% de las y los haitianos se declara católico pero practica también los ritos originados con la llegada de los primeros esclavos africanos, allá por el siglo XVI.
En los pueblos más alejados de nuestros Andes no es raro ver que tras la misa dominical algún grupo de parroquianos se reúna para realizar una ceremonia de pago a la tierra, a la pachamama. Creencias ancestrales que sobreviven y conviven con la fe católica, con el cristianismo. La religiosidad andina es vista, las más de las veces, como algo folclórico, una curiosidad antropológica, una antigua tradición pero a nadie se le escarapela el cuerpo con eso.
¿Pero, qué nos pasa con el vudú? La simple palabra trae a la mente imágenes de zombis, figuras clavadas con alfileres para causar daño, ritos macabros, sacrificios y magia negra (y por negra se supone que mala y perversa). Racismo, prejuicio y desinformación que han sido alimentados a lo largo de las décadas por los medios de comunicación, libros de bolsillo y un sinfín de terroríficas películas de Hollywood. Ninguna religión ha sufrido tal campaña de desprestigio y demolición como esta surgida de la mixtura de rituales de África Occidental (de Ghana a Benín) con el catolicismo y prácticas amerindias.
Al arribar los esclavos a tierras caribeñas fueron forzados a adoptar la religión de sus “amos” pero conservaron sus creencias y adoptaron algunas de los nativos del lugar, en un proceso de siglos conocido como sincretismo. Esas mismas fuentes africanas, cristianas e indígenas abrevaron la santería y el arará cubanos, el vudú de Nueva Orleans, Estados Unidos, el candomble brasileño y argentino. Creencias que, como las nuestras, consideran que el ser humano conserva su dignidad aún ante la tragedia inevitable de la muerte.
El Comercio, 23 de enero de 2010

Discapacidad no es incapacidad

“La ciencia puede haber encontrado una cura para la mayoría de los males; pero no ha encontrado remedio para el peor de todos ellos: la apatía de los seres humanos”, escribió en “Mi Religión” (1927) —uno de sus 10 libros— la autora, pensadora y activista política estadounidense Hellen Keller (1880-1968), quien, para más señas, quedó ciega y sorda a los 2 años de edad. En realidad no hay mayor mal espiritual y tragedia para un país que la apatía. No es otra cosa que dejadez, indolencia, falta de interés y voluntad. Simple egoísmo con otro nombre. Quizá la apatía sea la razón por la que, en pleno siglo XXI, las personas con discapacidad sigan siendo marginadas y no gocen, en la práctica, de los derechos y oportunidades para desarrollar todo su potencial creativo, emocional y espiritual.
Una de cada diez personas padece algún tipo de discapacidad, sea física, sensorial o mental, es decir 10% de la población (aproximadamente 650 millones de personas alrededor del mundo). En nuestro país cerca de tres millones de hombres, mujeres, jóvenes, niñas y niños presentan algún tipo de discapacidad, especialmente en los sectores pobres.
El Perú ha firmado y ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con discapacidad pero, como dicen los comentaristas deportivos, “aquí no pasa nada”. El tema recibe una mirada compasiva y “caritativa”, por decir algo y así entre comillas, pues el Presupuesto Nacional ni siquiera refleja eso.
El ex congresista Javier Diez Canseco está dispuesto a que el asunto cambie y que la referida Convención de la ONU deje de ser un simple saludo a la bandera. Para ello viene proponiendo la elaboración de una ley —como iniciativa ciudadana ante el Congreso—, respaldada con la firma de 50.000 ciudadanos. Veamos si siquiera eso saca de su apatía a nuestros queridísimos “otorongos”.
En el país del “tú no puedes” (o sea este rinconcito del cosmos llamado Perú) resaltan quienes pese a todo han sacado a la luz sus talentos. Un ejemplo inspirador es el artista plástico Félix Espinoza Vargas —grabador, acuarelista, tallador y pintor—, quien nació sin brazos y sin la pierna derecha: usa indistintamente la boca o el pie izquierdo para plasmar su arte. En entrevista con el periodista Enrique Sánchez Hernani, publicada en nuestro suplemento “El Dominical”, narró que en su infancia preguntó muy entusiasmado a un médico “¿qué debo hacer para nadar?”. ¿Y qué le contestó el apático y antipático ese? Pues nada más y nada menos: “Es imposible [...] si lo intentas, que no me vengan a avisar que te has ahogado”. Hoy el artista practica la natación en el mar de Punta Hermosa y nada de ida y vuelta, de la orilla hasta una isla cercana entre las olas y contra la corriente. “Todos somos vulnerables a la discapacidad, ya sea temporal o permanente, sobre todo a medida que nos hacemos mayores”, nos recuerda Ban Ki-moon, secretario general de la ONU. Mientras que Diez Canseco promueve el lema “Discapacidad no es incapacidad”. Y aquí bien podríamos decir “la apatía es la peor de las incapacidades”.
El Comercio, 16 de enero de 2010

miércoles, enero 13, 2010

Jorge Edwards con Sebastián Piñera

Como baldazo de agua fría —helada más bien diríase— le ha caído a la progresía mapocha que el emblemático y tantas veces premiado escritor chileno Jorge Edwards (1931) declare que apoya al derechista Sebastián Piñera.
“Siempre en mi vida voté por la izquierda o por la centroizquierda, por el no a la Constitución de 1980, por el no a Pinochet, por la Concertación, pero ahora, por una vez, en la coyuntura chilena de hoy, me siento obligado a cambiar. Lo hago a conciencia, después de meditarlo bien, y sin la menor hipocresía”, anunció Edwards en su columna del diario “La Segunda” (18 /12/2009), publicada en El Comercio (03/01/2010). Y en menos que canta un gallo le llovieron críticas de todo calibre desde un sector que intenta permanecer en el poder (como Evo, como Chávez, como tanto se le critica al ex presidente Fujimori).
En nombre de la “transición” de la dictadura militar hacia la democracia y satanizando constantemente a Pinochet (juzgado, ya muerto y enterrado), la Concertación excluye la posibilidad de otras opciones. En Chile “la” democracia es la Concertación, punto. Quien piense lo contrario es un traidor, un pinochetista o el cuco disfrazado. Así de simple. Lo que fue una coalición de fuerzas democráticas, el cambio necesario que recuperó las libertades y derechos pisoteados por la dictadura militar y oxigenó a toda una generación, se parece cada vez más al PRI (Partido Revolucionario Institucionalizado) que gobernó México, nada más y nada menos, que durante siete décadas. Eran ellos o nadie. Un poquito así empiezan a ponerse las cosas en Chile.
Se dice —como verdad absoluta— que “la permanencia en el poder corrompe y que la alternancia es la esencia de la democracia”. Parece que allá como acá tal convicción depende de si se está o no en el poder. Edwards explica que “en una democracia moderna, desarrollada, la posibilidad real de alternancia en el poder es decisiva. De lo contrario, la sociedad estaría formada por ciudadanos que pueden gobernar y por otros que no pueden, vale decir, ciudadanos de primera clase o de segunda [...] esta tendencia a creerse dueños del llamado progresismo, a arroparse, contentos y felices, en las banderas del pensamiento políticamente correcto, es un vicio ideológico, una tara del siglo XX que todavía, entre nosotros, no desaparece del todo [...] la palabra “izquierda” se ha transformado en una palabra mágica, una especie de escudo moral y mental”.
Tras dos décadas en el poder parece que la Concertación empieza a sentirse dueña del Estado y se desliza lenta y sutilmente hacia el autoritarismo. Lo advierte quien estuvo tan cerca del presidente socialista Salvador Allende como para ser su embajador en Cuba (duró poco por sus críticas a la dictadura isleña); lo dice quien fue secretario de la embajada chilena en París bajo las órdenes del poeta Pablo Neruda; lo siente quien tras el golpe del general Pinochet se exilió en Barcelona y volvió a Chile solo para fundar el Comité de Defensa de la Libertad, apoyar decididamente a las fuerzas democráticas a abrirse paso, a esa Concertación que le empieza a oler mal, muy mal.
El Comercio, 09 de enero de 2010

viernes, enero 08, 2010

Benedicto XVI: El Papa 'verde'

No hay duda, tenemos un Papa ecologista. ¿Lo acusarán también de rojo y comunista? Benedicto XVI ha inaugurado el 2010 reforzando su posición sobre la conservación ambiental. No en vano se le conoce ya como el Papa “verde”. Ante miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, para el primer rezo del Ángelus del nuevo año dijo: “Todos somos responsables de la protección y el cuidado de lo creado”.
El sacerdote Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede, ha reconocido en diferentes medios de prensa la sincera preocupación del Sumo Pontífice por la cuestión ecológica. “Sus pronunciamientos sobre la protección del medio ambiente, y la salvaguarda de la creación, son frecuentes, y podemos decir casi continuos”, comenta Lombardi. Y esto es muy cierto. Pero mucho más cierto es que el papa Ratzinger, como buen alemán, no es hombre de quedarse en el discurso, sus palabras se transforman en acciones y en ejemplo.
Thomas J. Reese, S.J., académico del Centro Teológico de la Universidad de Georgetown y columnista del “Washington Post”, informó cómo el Papa hizo instalar paneles solares de alta tecnología en los techos del Vaticano para generar electricidad. “También ha hecho del Vaticano el primer estado neutral en emisiones de CO2, a través de la reforestación de bosques que compensan sus emisiones”, informa Reese. Mientras Mark Hopkins, director de política energética de la Fundación de las Naciones Unidas, sostiene: “Están haciendo lo que algunos solo dicen que hay que hacer y lo están haciendo de manera importante”.
Recordemos que ya en su encíclica “Caritas in veritate” (Caridad en la verdad) el Papa se refiere a la explotación de los recursos no renovables y la justicia hacia los pueblos más pobres, al consumo de la energía y la búsqueda de fuentes alternativas, así como la relación entre ecología y respeto a la vida. En la víspera de la inauguración de la cumbre sobre cambio climático en Copenhague, COP-15, pidió una conducta responsable con el medio ambiente y favorable para “un desarrollo solidario, fundado en la dignidad de la persona humana y orientado hacia el bien de todos”.
Ahora en el primer día del año nos ha recordado que “el mundo es nuestra casa común y debemos respetarla”. El Papa “verde” insistió en que la justicia y la sabiduría sustenten el uso los recursos naturales. Enfatizó el rol que le toca a la sociedad en el cuidado del ambiente asumiendo un nuevo estilo de vida, más austero y solidario. Dijo que la armonía y la paz deben imperar en el mundo. “Si debemos cuidar a las criaturas que nos rodean —señaló—, ¡cuán mayor consideración debemos tener por las personas, nuestros hermanos y nuestras hermanas y la vida humana!”. Pidió a los grupos armados de cualquier tipo: “parad, reflexionad y ¡abandonad la vía de la violencia!”.
Ojalá que el discurso y la acción de nuestro Papa “verde” cale en los líderes del planeta e influya en las decisiones de quienes dirigen —a veces tan mal— los destinos de nuestra patria.
El Comercio, 02 de enero de 2010

El bosque de las manzanas silvestres

¿Qué tiene que ver el fin de las tiranías comunistas de Europa del este o la caída del Muro de Berlín con las manzanas? Veamos. Los mismos vientos de razón, libertad y sensibilidad que desplomaron en 1989 el Berliner Mauer y todo lo que el infame muro significó, permitieron conocer el origen de las manzanas domesticadas (“Malus doméstica”). El asunto parece arrancado de una novela.
El 1 de setiembre de 1929 el botánico ruso Nikolai Vavilov (1886-1943) encontró un inmenso bosque de manzanos silvestres. Fue en las montañas de Tien Shan, al sur de Kazajistán, a una hora de la ciudad de Almaty (manzana, en el idioma local), entonces llamada Alma-ata (padre de las manzanas). Árboles diversos entre sí que exhibían frutos morados como una aceituna, pequeños como cerezas, amarillas como limones, redondas e inmensas como toronjas, cónicas, de color verde. Una inesperada multiplicidad de formas, texturas, olores y sabores. Le quedó claro que esos árboles añosos y enormes anidaban las frutas y semillas de la manzana silvestre, y con ellas los genes que se habían expandido por Europa y Asia. Siglos de cruce y selección permitieron a las primeras civilizaciones domesticar esta planta y crear un amplio abanico de variedades, un preciado alimento que hoy es el cultivo más extendido del planeta.
El hallazgo de Vavilov fue sepultado por la intolerancia de Stalin y las intrigas de Lysenko (1898-1976), seudocientífico “proletario” que veía la genética como una “ciencia burguesa que intentaba justificar biológicamente las diferencias de clase”. El prejuicioso Lysenko intervino en la política agraria soviética de 1929 a 1948 y llevó a acusar a los genetistas de “saboteadores trotskistas”. Vavilov fue condenado a muerte, pena que se le modificó por el destierro en Siberia, donde murió de hambre en 1943. Una triste ironía para quien por más de dos décadas recorrió distintos países en los cincos continentes —incluido el Perú— recolectando las semillas de cultivos alimenticios: cereales, frutos, hortalizas y tubérculos, así como de sus pares silvestres, para saber más y poder proteger mejor lo que nutre a la humanidad. Pero volvamos a las manzanas.
Para 1989, tiempos ya libres, el doctor Aimak Djangaliev —uno de sus últimos discípulos vivos— invitó a científicos estadounidenses para mostrarles el único bosque de manzanos silvestres del planeta, el sitio estudiado por su maestro. Aimak era un jovenzuelo de 15 años cuando Vavilov pasó por allí y despertó su vocación por la botánica y particularmente por las manzanas. Como le ocurrió a Vavilov en su tiempo, los investigadores estadounidenses quedaron extasiados por la fragancia y la visión de las extensas colinas pobladas por árboles de más de 300 años y alturas mayores a los 20 metros y sus manzanas salvajes y semidomesticadas.
El enigma del origen de esta fruta se descifró y, como si del muro berlinés se tratara, en ese instante del siglo XX se derrumbaron todas las teorías al respecto —incluida la que afirmaba que el manzano silvestre europeo era progenitor de las manzanas modernas—. Más de 56 formas salvajes de “Malus sieversii” (la originaria) han sido catalogadas en el lugar que hoy es escenario de importantes proyectos de conservación y, sin querer, un tributo a la libertad. A todo esto, ¿al genocida Stalin le gustaban las manzanas?
El Comercio, 26 de diciembre de 2009

lunes, diciembre 21, 2009

Dama de la selva

“La vida en sí es el más maravilloso cuento de hadas”, dijo alguna vez Hans Christian Andersen, uno de los más famosos escritores del reino de Dinamarca. Y un cuento de hadas ha sido para muchos —incluida quien escribe estas líneas— estar en Copenhague mientras que por las mismas calles andaban algunos de los seres humanos más notables de nuestro tiempo. Personajes como el arzobispo anglicano Desmond Tutu, pacifista antiapartheid, Nobel de la Paz 1984, o la bióloga, veterinaria, política y ecologista keniana, Dra. Wangari Mathaai, Nobel de la Paz 2004, que ha contribuido como pocas al desarrollo sostenible. Y otros muchos dedicados a construir un mundo mejor. No podía faltar la doctora Jane Goodall., quien desde los años sesenta del siglo pasado vive en las junglas de Tanzania, tratando de salvar de la extinción a los chimpancés y al bosque tropical. “Mi vida es una historia hermosa, feliz y llena de incidentes”, escribió también Andersen. Y un feliz incidente fue escuchar en vivo a esta gran dama de los chimpancés.

Aprender a compartir
“Los bosques brindan a los seres humanos importantes servicios ambientales —dijo con voz pausada en una importante reunión con lo más notable del empresariado y de la política verde— pero no son solo nuestros. Debemos aprender a compartirlos con la diversidad de especies que dependen de ellos para sobrevivir. No podemos seguir tomando decisiones egoístas que afectarán negativamente a las generaciones futuras”. Goodall llegó en los años 60 a Gombe invitada por el científico Louis Leakey, su mentor, para estudiar a los chimpancés, hoy es la máxima autoridad en estos primates. Por entonces la selva se extendía hasta donde alcanzaba la mirada y más allá. “En los ochenta —comenta— empezó un proceso de deforestación que amenazó la supervivencia de la especie”.

Actuar para salvar
La deforestación avanzaba a ritmo acelerado avasallando el hábitat de los chimpancés. “Empecé a trabajar con la comunidad, con las mujeres, consiguiendo microcréditos, desarrollando las competencias y capacidades de las personas para que fueran aliadas de la conservación y recuperación del bosque. Hoy extensas zonas han sido reforestadas y sirven como amortiguamiento de la reserva. La comunidad trabaja por el bosque para tener una buena calidad de vida, agua y alimentos”, y cuenta tamaña hazaña como quien comenta que puso a hervir agua para el té. Es la humildad que da la grandeza. “Pero nada ganamos si no educamos a las nuevas generaciones para relacionarse armoniosamente con la naturaleza”, afirma.
Ejemplar
En la reunión sobre la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD), mencionó los avances que permiten las nuevas tecnologías. Ella ya usa las aplicaciones de Google Maps y Google Mobile para armar una base de datos e involucrar a las comunidades en el monitoreo. No es mujer de estadísticas ni de frías cifras. “Hay que alcanzar los corazones. Más vale un millón de corazones que un millón de dólares” ha dicho y explica los efectos del cambio climático con lo que ha visto: “en Panamá los indígenas Kuna Yala han vivido por centurias en una pequeña isla. Ahora están planeando evacuarla, algunos ya se marcharon porque el mar la está cubriendo”.
Pero no solo habla de problemas. A la revista “Newsweek” le dijo “Las cosas pueden funcionar. Hace mucho en Costa Rica, el gobierno empezó a pagar a los agricultores para que no cortaran los árboles. En las ciudades las personas estuvieron de acuerdo con un impuesto para garantizar el agua y aire limpios. Hay muchas formas de lograrlo”. Una de las formas —dice— es modificar nuestra dieta y apoyar la agricultura orgánica. La gran revolución del siglo XXI. “¿Saben que la ganadería genera más gases de efecto invernadero que todos los automóviles del planeta?”, dice. Y salimos convencidas, como escribió H.C. Andersen, de que “Solamente vivir no es suficiente. Uno debe tener sol, libertad y una pequeña flor”.
El dominical, 20 de diciembre de 2009

Nada parecido a lo esperado

Quizá fue el frío. Mientras los máximos líderes discutían —efectivamente discutían, no dialogaban— sobre las medidas para contrarrestar el calentamiento global, en la capital del reino de Dinamarca nevaba y la temperatura era de 4 grados bajo cero.
Quizá la XV Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima, COP-15, hubiera tenido otros resultados de haber sido su escenario Maldivas, país en el Océano Índico compuesto por un millar de islas que está siendo devorado por el mar. O en las inundadas costas de Bangladesh donde miles de personas han sido desplazadas por los ciclones. De repente en el Perú, nomás, a los pies del Pastoruri, allí donde antes podía esquiarse en una nieve que se derritió para no volver.
En Copenhague ha quedado demostrado cuán lejos están los líderes políticos de los pueblos a los que representan.
La gente de a pie, llegada de diversas partes del mundo, invocaba en las calles para que se llegase a un acuerdo justo, coherente y vinculante. Eso no se logró y podríamos decir que ni siquiera se intentó (salvo los países europeos).
Las posiciones de Estados Unidos, China y la India estaban cerradas y eran antagónicas. Pero algo se notó aquí, en el mundo la fuerza de las voces está empezando a cambiar.
Países a los que antes no se les prestaba atención cuentan hoy con un creciente liderazgo. Tal es el caso de la coalición africana, por citar un ejemplo. Un grupo de países emergentes, subdesarrollados y pobres, pero con un mensaje claro y conciso sobre la cuestión ambiental que, a partir de hoy, cuenta con el respaldo de millones de personas justamente de los países industrializados que, sin duda, le pasarán la factura a sus políticos por no volver a casa con el tan esperado tratado bajo el brazo.
El divorcio entre el discurso y la acción ha quedado también evidenciado, especialmente en el caso del presidente Barack Obama. Como evidenciada la sincera vocación y compromiso de la Unión Europea y de Gran Bretaña para lograr avances significativos. Hasta el último momento los europeos batallaron por un acuerdo vinculante y obligatorio. Y culminada la cumbre, pasada la una de la mañana, sus voceros dieron cara a la prensa y dejaron en claro que sus compromisos son vinculantes para todos los estados miembros y que en ellos no hay retrocesos.
Esta vez no se ha logrado lo esperado, pero esto no es el fin del mundo. Un mal acuerdo es mejor que ninguno, aunque Anne Jellema, de la ONG Actionaid, está convencida de que “ningún acuerdo hubiese sido mejor que el mal acuerdo adoptado aquí”.
Como fuere, el proceso sigue, los compromisos del Protocolo de Kioto están vigentes hasta el 2012 y sus mecanismos estructurales y de financiamiento no tienen fecha de caducidad.
México será sede de la próxima conferencia a mediados del 2010 y allí se espera que se ponga sobre la mesa una oferta más seria.
De esa oferta depende demostrarle a los “antisistema” que sí se puede, que el capitalismo está en capacidad de ofrecer las soluciones que plantea el cambio climático. Los únicos contentos con todo esto son justamente los “antisistema”.
Evo Morales, presidente de Bolivia, dijo sonriente: “El problema del clima se terminará cuando se acabe el capitalismo”. Y Hugo Chávez, mirando a los líderes del mundo libre, espetó: “Esto huele a azufre”. ¿Sería su propio perfume?

El Comercio, 19 de diciembre de 2009