sábado, marzo 26, 2011

De la editora


En todo hay una excepción. Ernesto Sábato, por ejemplo, no califica para el dicho “quien mucho abarca, poco aprieta”. Porque vaya que este argentino universal ha abarcado bastante y destacado en todo lo que se propuso, y en lo que no. Físico y matemático, dejó las ciencias para abrazar la literatura creando una compleja obra, de profunda preocupación por el hombre y su tiempo. Ensayista, articulista, poeta pensador, investigador del tango, pintor, lúcido político que abandonó la izquierda y apostó por la libertad, defensor de los derechos humanos. Tranquilo en el ámbito familiar y personal, desligado de escándalos y excesos. Un hombre bueno y decente. Esquivo, detrás de sus proverbiales anteojos de lunas negras, con fama de cascarrabias y corrosivo sentido del humor. Este admirable creador y pensador latinoamericano cumple 100 años, el 24 de junio.
Aquí nuestro homenaje a quien nos enseñó que solo “hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse”.


El dominical, 20 de febrero de 2011

¿Y si nos copiamos de Finlandia?


A fines del siglo XIX el Senado de Finlandia contrató los servicios de un experto en temas forestales para enfrentar la creciente pérdida de sus áreas boscosas. Era un hecho: se estaban quedando sin árboles. Arribó entonces a ese país el renombrado barón Edmund von Berg (1800-1874) para aplicar sus conocimientos. Miró, investigó y con brutal sinceridad alemana concluyó: “Los finlandeses han adquirido una gran habilidad en el arte de destruir los bosques […] viven en el bosque y de los bosques, pero por avaricia y estupidez –como la anciana del cuento de hadas– matan la gallina de los huevos de oro”. Lejos de sentirse maltratadas u ofendidas, las autoridades pusieron manos a la obra y para 1886 promulgaron su primera ley forestal bajo el espíritu que aún se conserva de que “el bosque no deberá destruirse, ni deberá utilizarse de tal modo que se imposibilite su regeneración y renovación”. Hoy, 125 años después, Finlandia es ejemplo mundial de manejo sostenible de sus bosques: no hay árbol talado que no sea reemplazado, se dejan en pie los más antiguos para que en sus vigorosas ramas aniden las especies de aves propias del lugar, otros se dejan pudrir sobre el suelo para enriquecerlo y brindar hábitat a los insectos, musgos y hongos que enriquecen la tierra y sirven de alimento a la fauna de cada zona.
Este 2011, declarado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) Año Internacional de los Bosques, vale la pena recordar la figura de Van Berg: el primer estudioso en señalar los beneficios de los bosques, más allá de la pura producción maderera, y la visión de los finlandeses al aceptar e implementar sus recomendaciones, hasta convertirlos en una de las mayores fuentes de riqueza en un país casi cuatro veces más chico que el Perú. Finlandia colabora grandemente con nuestro país y otros de la región para que logremos replicar los altos niveles de excelencia, eficiencia y rentabilidad en el manejo de este recurso diverso y abundante por estos lares. Nos queda, sin embargo, un enorme trecho que recorrer.
El Perú es en esencia un país forestal. El proverbial mendigo no estaba sentado –como se nos quiere hacer creer– sobre un “banco de oro”, sino sobre un tronco de madera no trabajado. Prácticamente el 70% de nuestro territorio es Amazonía, bosques que albergan una asombrosa variedad de fuentes de finas y cotizadas maderas. Somos el país con el segundo bosque más grande de Sudamérica. ¿Qué somos como industria forestal? Menos que nada. Campean la informalidad, la corrupción, las técnicas obsoletas de manejo, el desorden territorial, las explotaciones mineras y petroleras en zonas donde el aprovechamiento óptimo del recurso madera sería más razonable y rentable, los cocaleros ilegales deforestan miles de hectáreas para sembrar sus arbustos y construir sus contaminantes pozas de maceración, se sustituye la valiosa flora nativa por monocultivo de especies foráneas para la producción de aceites y proyectos de biocombustible, en fin, un zafarrancho.
Aquí un par de perlas. Un paseo por Iquitos nos permite apreciar el desprecio por los árboles: un terreno baldío debe ser deforestado, si tiene cobertura paga multa. En esa misma ciudad, puerta de entrada a bosques con intensa actividad extractiva, no se encontrará un gremio de buenos carpinteros capaz de añadirle valor al árbol caído. Y lo mismo ocurre en otras zonas de nuestra Amazonía. El árbol por poco y es exportado con pajaritos, mariposas y todo. ¿Un ejemplo de Finlandia? La mayoría de troncos se convertirán en cotizados muebles. Los bosques han permitido que ese país desarrolle un diseño de avanzada. Y nosotros por acá con la tara del buen José Carlos Mariátegui “ni calco ni copia”. ¿Qué tal si empezamos a copiar lo bueno?


El Comercio, 19 de febrero de 2011

De la editora




En la primera epístola a los corintios, San Pablo glorifica al amor como la mayor de las virtudes del ser humano. San Pablo describe de modo poético y hermoso qué es la “pequeña cosa loca que llamamos amor”, como cantara allá por los años noventa Freddy Mercury y el grupo Queen. Nos dice el Santo: “El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no actúa con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra con la injusticia sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. En estos tiempos de afectos pasajeros, de “choque y fuga”, de un camino que se bifurca porque se persiguen intereses materiales o satisfacer repentinos deseos, en una época cuando las parejas, las familias y las amistades se quiebran con más facilidad que una copa de cristal y el sacrificio no se comprende como implícito a cualquier compromiso, el mejor regalo que podemos entregar mañana 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, a este egoísta siglo XXI es asumir como propias las palabras de San Pablo y convertirlas en forma de vida. Otro mundo podremos así construir.



El Dominical, 13 de febrero de 2011

De la editora


Julio Verne (1828-1905), en su novela “París en el siglo XX”, escribió sobre un siglo que apenas atisbó. Dijo: “aunque todo el mundo sabía leer, ya nadie leía”, y “en esa época de negocios el consumo de papel aumentase en proporciones inesperadas […] los bosques ya no servían para calefacción, sino para la impresión”. ¿Vio acaso el futuro? Sus seguidores aseguran que sí, pues anticipó el viaje a la Luna, los rascacielos, el submarino, Internet, los motores de combustión, el fax, la iluminación eléctrica, entre otros inventos y sucesos que se dieron después de su muerte. Para los investigadores, la curiosidad, la creatividad y el estudio de las teorías científicas de su época le permitieron vislumbrar lo que vendría. A Verne hay que leerlo y releerlo, pero su principal enseñanza es que la imaginación, los sueños y la fantasía son la génesis de los grandes cambios.
El Dominical, 06 de febrero de 2011

Mentes sanas para un mañana mejor

“El mayor recurso de un país es el cerebro de sus habitantes, capaz de transformar en riqueza aquello que la naturaleza nos brinda y dar los saltos científicos y tecnológicos que llevan al progreso de la humanidad”. La frase es del amauta Javier Pulgar Vidal (1911-2003) y el lúcido pensador, abogado y geógrafo la repetía incansablemente tratando de llamar la atención sobre la necesidad de cuidar tan valioso e importante recurso natural. Un tesoro de 100 mil millones de neuronas. Su conservación y salud, la nutrición adecuada para su óptima formación durante los fundamentales primeros años –incluso mientras se gesta en el vientre materno– y la estimulación temprana para desarrollar al máximo su potencial, debiera ser el eje del discurso de los y las candidatas presidenciales.
Un país sano, optimista, creativo, emprendedor y capaz de convertirse en parte del Primer Mundo depende de brazos trabajadores y de mentes creadoras y lúcidas de la gente de a pie y de sus autoridades. Si nos preocupa la contaminación de un río, más debieran angustiarnos los estragos causados por las sustancias tóxicas en el cerebro de un niño, una niña o un adolescente (ya sean procedentes de la contaminación ambiental y más de las drogas). Con una generación disminuida por el vicio, debilitada por la dependencia, sin más preocupación que conseguir la próxima dosis, cualquier nación va directo al fracaso.
Cuando el bosque desaparezca y el agua escasee aun más, cuando la economía colapse (una y otra vez por los ciclos del mercado) y las fuentes de energía se agoten, será el cerebro humano el que encontrará las soluciones; así como nos llevó a conquistar el espacio, a transformar el hidrógeno en combustible, a encontrar la cura y las vacunas para erradicar enfermedades que antaño diezmaban poblaciones enteras, y así como conectó el planeta a través de Internet.
Diversas encuestas nacionales muestran que alrededor del 90% de la población rechaza la legalización de las drogas. Seamos sinceros, ¿quién no ha vivido de cerca el drama de un hijo, primo, sobrino o amigo, enfermo de adicción? ¿Quién no ha sufrido por la degradación moral, física e intelectual de un ser querido a consecuencia del vicio? Madres que descuidan y maltratan a sus hijos; empresarios que quiebran por tomar decisiones fuera de sus cabales; adolescentes –hombres y mujeres– capaces de prostituirse por una línea de cocaína; enfermedades mentales latentes gatilladas; talentosos artistas cuya producción decae por la falta de disciplina, de horarios, de orden.
Las drogas ‘recreacionales’, en todas sus variantes (suaves y duras): marihuana, cocaína, pasta, éxtasis, opio, entre otras, son una amenaza para la salud cerebral. Frente a esto surge la pregunta: ¿Cómo asegurar un futuro mejor para el Perú, si las autoridades responsables de tomar las decisiones pueden estar bajo el influjo de sustancias que embotan la razón y distorsionan la percepción?
El ser humano dejó la húmeda oscuridad de la caverna y construyó ciudades. Desarrolló el lenguaje para entenderse con sus semejantes, arte para volcar su mundo interior y observó el entorno hasta comprender que no tenía que pasar la vida errando tras las huellas de los animales salvajes ni recolectando frutos para su subsistencia. Aprendió a cultivar la tierra, domesticó animales, se asentó en un lugar y empezó a construir la civilización. Mientras los monos siguieron en su hábitat, nuestra especie construyó hogares, familias y normas para mejorar la convivencia o al menos tratar de hacerlo. Dejó de lado la superstición y empezó a descifrar el mundo con los ojos de la ciencia. Y todo esto gracias a un cerebro que es único y nos permite reflexionar, hablar y soñar. ¿Qué sería del Perú sin una juventud capaz de soñar con un mañana mejor y tener el vigor y las ganas para conquistar ese sueño? Soñar y no alucinar bajo el influjo de algún estupefaciente, se entiende.
El Comercio, 05 de febrero de 2011

jueves, marzo 03, 2011

El Dominical - Esta semana

Luis Jaime Cisneros (1921-2011) ha dejado un gran vacío en un país que, como el Perú de hoy, carece de intelectuales libres de intereses subalternos y está perdiendo a sus mentes más lúcidas y a sus hombres y mujeres ejemplares. Como bien escribió Aldo Mariátegui, en su columna de “Correo”, estas personalidades no tienen reemplazo. Maestro de maestros, Cisneros ha dejado una viva huella en las más diversas generaciones de sus discípulos; una monumental obra intelectual y una gran labor a favor de la cultura, la promoción de la lectura, el perfeccionamiento del sistema educativo y la forja de una mentalidad crítica y libre, plasmada en su larga trayectoria periodística en diversos medios de comunicación –incluido El Comercio–, y en cuanta tribuna le fuera disponible. El Dominical rinde homenaje con esta edición especial al profesor universitario, lingüista, periodista, investigador y profundo pensador. Hay aquí artículos de su propia pluma y de la de aquellos que estuvieron cerca a él, en diversas etapas de su larga y fructífera vida. “Al maestro, al buen maestro, los alumnos le reconocen autoridad para aconsejar, guiar, encarar y ayudar a resolver situaciones nuevas o molestas”, escribió Luis Jaime. Estas páginas lo reconocen como uno de los mayores maestros del siglo XX, con notable influencia en la primera década del siglo XXI. MMMQ
El Dominical, 30 de enero de 2011

El Dominical - Esta semana

Adiós al maestro. Al cierre de esta edición –jueves 20 de enero– nos llega la triste noticia de la muerte del notable intelectual Luis Jaime Cisneros Vizquerra, maestro de varias generaciones, investigador acucioso y una de las mentes más preclaras de su generación. Desde su muy leída columna “Aula precaria”, en el diario “La República”, batalló hasta sus últimos días por impulsar la lectura en nuestro país y elevar la calidad educativa. “Promover la lectura –escribió hace poco– es hoy una responsabilidad de toda institución, esté o no entregada a la pedagogía. Al Perú no solo le es necesario que no haya analfabetos sino que haya ciudadanos cultos, que hayan hecho de la lectura, en la escuela y fuera de ella, arma de combate contra la negligencia y la ignorancia”. Sobre el rol de las políticas educativas escribió en una de sus últimas columnas: “Si buscamos un país mejor, debemos esperar que la escuela secundaria nos haya despertado conocimientos que constituyan la raíz de una auténtica preocupación peruana. No esperamos que la secundaria nos proporcione soluciones técnicas al respecto. Nos gustaría haber recibido nuestro inmejorable amor, nuestro entusiasmo vital. Nadie debe terminar su secundaria sin haber estado seguro de su vocación de entrega. La escuela debe salvarse de la soledad y romper su incomunicación”. El Perú está de duelo, se ha despedido de un brillante intelectual. Este adiós debe servir para vigorizar sus propuestas, hoy más vigentes que nunca de cara a las próximas elecciones presidenciales. Un país mejor, más desarrollado y solidario pasa por las mejoras educativas y la promoción cultural por las que batalló Cisneros. MMMQ
El Dominical, 23 de enero de 2011

Y los libros nos harán libres…LUIS JAIME CISNEROS (1921-2011)


Leer nos cambia y eso explicaba siempre el doctor Luis Jaime Cisneros (1921-2011), maestro de maestros, de quien hoy se despide el Perú. Lo dijo desde cuanta tribuna tuvo a disposición. “Sociedad que no lee es una masa inerte de huesos a la intemperie. La lectura nos permite robustecer la fe en el hombre”, escribió en su columna semanal Aula Precaria del diario “La República”, donde empezó a colaborar a fines de los años 90. Desde su juventud, y durante largas décadas, este intelectual lúcido, honesto y entrañable fue también asiduo colaborador de El Comercio. Y ya desde la década de los sesenta era evidente su sana obsesión de inocularle a nuestro país una buena y necesaria dosis de “vitamina L” (de lectura). Y es que leer enseña, forma una conciencia crítica, hace pensar, soñar e imaginar y aceptar que existen puntos de vista distintos a los propios y con ello cohesiona y construye: “Si no sabemos nada sobre el lenguaje, no sabremos nada sobre los otros. Y si no sé nada sobre los otros, sabré muy poco de nosotros mismos, que somos el prójimo de todos ellos”, escribió.
Un libro es el pasaporte a una vida mejor, creativa e ilustrada, por eso el maestro Cisneros dedicó sus esfuerzos a promover la lectura, especialmente entre la niñez y juventud: “El libro debe estimular en el niño la capacidad para el asombro, para la sonrisa, para la conmoción interior […] Libros que sirvan para ir creando la certeza de que se es persona”. Y es que un libro puede transformar a un niño o a una niña de modo hermoso e insospechado, al punto de convertirlos –cuando adultos– en protagonistas del cambio de rumbo de la historia, de hazañas del espíritu y de las ciencias.
En 1841 llegó al Perú el joven naturalista e investigador belga, Jean Baptiste Joseph Louis Popelaire, barón de Terloo (1810). Tras una serie de peligrosas peripecias –incluido el naufragio de la nave en que viajaba– cumplió el sueño de recorrer el Perú “país que desde mi niñez deseaba conocer, por los relatos fabulosos de Beauchamps sobre las aventuras de Pizarro y sus compañeros en el vasto imperio de los incas”, escribió en su diario.
Antes ya el barón Alexander von Humboldt (1769-1859) dijo: “En la impaciencia que yo tenía de contemplar el Océano Pacífico desde lo alto de la cadena de los Andes, entraba por algo el interés con que de niño había escuchado el relato de la expedición audaz llevada a cabo por Vasco Núñez de Balboa”. Trataba así el sabio alemán de explicar la infatigable vocación por investigar y viajar que lo llevaron a recorrer medio mundo para, entre otras cosas, estudiar este gran mar sobre el cual hablaban los libros de su infancia. ¿Se hubiera convertido en “el descubridor científico de América” –como lo llamó Simón Bolívar– sin aquellos relatos? Probablemente no. Como quizá la humanidad nunca hubiese pensado en dejar su huella sobre la Luna sin un imaginativo Julio Verne. La ficción inspira y es motor de cambio, de progreso y avance científico.
Estas situaciones ilustran lo que explicaba el maestro Cisneros, siempre preocupado por la calidad educativa y por que los años juveniles no fueran sinónimo de pérdida de rumbo: “Un arma importante que, en manos de los jóvenes, ayuda a ir templando el espíritu es ciertamente la lectura”, escribió. Si algún homenaje queremos rendirle al doctor Cisneros, es empuñar un libro y pasar esa arma de libertad, de mano en mano.


El Comercio, 22 de enero de 2011

El dominical - Esta semana

Pensándolo bien, Lima nunca se fue. Aquí la tenemos y es recién a estas alturas del siglo XXI que se empieza a comprender que simplemente es otra, más diversa, mestiza, emprendedora, cosmopolita, caótica, virreinal, complicada, andina, amazónica. La Lima mazamorrera está aquí, y también la del cuy chactado, la de la cecina con tacacho, la de los pagos a la Pachamama y la danza de tijeras en el Apu San Cristóbal, la de los artesanos selváticos que elaboran collares con escamas de paiche y huayruros, no cerca del río ni embelesados con el exuberante verdor, sino en medio del arenal de la periferia más pobre. Y cómo no la Lima precolombina, la de las huacas y oráculos, la española, virreinal y europea con sus familias italianas, alemanas, suizas, francesas que –pese al paso de las décadas y hasta siglos– mantienen una que otra costumbre de sus ancestros. La Lima de los japoneses, convertidos en destacados empresarios y extraordinarios representantes de la poesía, la intelectualidad y las artes contemporáneas nacionales, basta recordar dos nombres: Watanabe y Tilsa. La urbe china, cuyo linaje ha creado emporios comerciales y abarca distintas áreas del conocimiento y la creación. Unos de aquí otros de allá, todos en un mismo espacio geográfico aportando a la vida nacional. Ciudad de todas las sangres y de todas las lenguas. Nuestra capital es un Perú en chiquito, un pequeño planeta que ha crecido desordenada y caóticamente, en gran parte por la falta de diálogo entre las diferentes cosmovisiones, tradiciones y costumbres que la pueblan pared o estera de por medio. Una urbe que ha empezado a integrarse y a seguir el natural proceso de mestizaje de sus vecinos y vecinas. Lima está aquí y en este 476 aniversario de fundación hispana, una mujer por primera vez en la historia fue elegida para guiarla por los próximos tres años. MMMQ
El Dominical, 16 de enero de 2011

El Dominical - Esta semana

¿Quien puede hablar de Arguedas mejor que él mismo? En este número de El Dominical, reeditamos algunos de los lúcidos artículos que publicó durante los varios años en que colaboró con nuestro suplemento. Una selección de la vigencia del pensamiento arguediano. El 18 de enero –día de Lima– se celebra el centenario de José María Arguedas (1911-2011), antropólogo, musicólogo, pensador y escritor. Pocos han comprendido el Perú mejor que él o vislumbrado con tal certeza lo que le deparaba el futuro a este país de “Todas las Sangres”, que recorren también hoy más que ayer la palpitante Lima del siglo XXI. Este hombre, sensible, brillante y creador fue en cierto modo un profeta pues a mediados del siglo pasado vislumbró claramente lo que hoy vivimos. A medio camino entre el castellano y el quechua, entre sus Andes andahuaylinos natales y la siempre creciente Lima, tuvo la capacidad de verbalizar –en su obra literaria– el sentir y la voz del indígena y del campesino andino, lo mágico de sus costumbres y tradiciones, su sabiduría ancestral y particular cosmovisión. Y lo hizo con amor, pasión, frustración, dolor y con una dulzura que pocos logran convertir en palabra. José María se suicidó en 1969, pero nunca morirá.MMMQ
El Dominical, 09 de enero de 2011

EL Dominical - Esta semana

La obra de J.R.R. Tolkien despierta pasiones profundas –como la de pocos autores–, entre sus detractores y sus millones de seguidores. Alrededor del planeta existen cientos de instituciones dedicadas a investigar y difundir los escritos de este inglés, de origen sudafricano. La fascinación por el creador de mundos fantásticos, de idiomas de duendes y personajes heroicos que combaten el mal, creció tras el estreno de la trilogía fílmica “El señor de los anillos”, hasta convertirlo en un fenómeno de masas. Justamente una de esas películas ostenta el récord de premios de la Academia de Hollywood, de la última década. La cosmovisión tolkieniana es universal y humanizadora, está impregnada de los valores del catolicismo, religión que profesó con devoción y convicción. Su mensaje es atemporal, pues responde a lo que toda persona sueña con ser y alcanzar: la amistad, la templanza del carácter, la valentía, la búsqueda de la aventura, el atreverse a luchar por sus ideales y encontrar su propósito en la vida. Tolkien fue, definitivamente, un crítico del aburguesamiento que corroe el alma, que lleva a la ambición material y convierte al ser humano en una sombra que pasa por la vida tratando de no incomodar y menos incomodarse, en un incapaz moral para revertir el estado errado de las cosas y trabajar por el bien común. MMMQ
EL Dominical, 02 de enero de 2011

Aurelio o la magia de las palabras

“¿Estará reservado a nuestra época –y como un premio no a la conquista militar sino a la ciencia– hallar un tesoro aun más valioso?”, se pregunta Aurelio admirando en el norte la Huaca del Sol. En la Amazonía las orquídeas le “parecen una procesión de mariposas con las alas abiertas. Cada orquídea perdura como para justificar el bello nombre que le dieron los incas: ‘huiña huayna’; es decir siempre joven”, escribe. En los Andes admira el saber ancestral de los campesinos: “Nadie conoce como ellos las grandes voces de la lluvia y el viento, la estrechez de cañadas la fuerza del río y del torrente, el peñol hosco y el collado tranquilo, la esperanza constante y propicia de la tierra, la luz fecunda, jubilosa del sol”.
Aurelio Miró Quesada Sosa (1909-1998) puede ser resumido en una frase: Pasión por el Perú. El recordado codirector de nuestro Diario fue historiador, maestro de varias generaciones, lúcido intelectual, riguroso investigador, sensible poeta y periodista. “La hoja de un periódico –repetía– no está hecha solamente con papel y con tinta. Está hecha, debe estarlo, con alma”. Con alma creó también cada uno de los muchos ensayos y libros que componen su monumental legado.
No podemos iniciar la segunda década del siglo XXI sin mencionar lo que –a entender y sentir de esta columnista– es su obra cumbre: “Costa, Sierra y Montaña” (1938), recientemente reeditada por El Comercio. Leerla es viajar de la mano de un hombre cultísimo. La pluma de Miró Quesada Sosa hechiza, nos remonta hasta los más alejados parajes, invade nuestros sentidos con aromas, la tibieza del sol, los cambiantes colores del paisaje, el misticismo de una tradicional sesión de ayahuasca o el sonido del mar. En Huanchaco escribe: “Los caballitos van cortando el agua. Avanzan con sus líneas de esquife en un impulso fácil y un ritmo de gracia y belleza. De lo lejos vienen olas fuertes, que se rompen y hacen que el agua salte y luzca con el golpe del sol. Bajo la advocación de Xiiang, el sol muchic, rindo así un homenaje a estas razas de bronce, que aún sienten en su sangre las voces eternas del Pacífico”.
De Ica dice: “Bajo el viento fresco de la hora, empiezo a recorrer los caminos. Me complace vagar así, en la tarde, cuando el fuego del sol ya se ha hecho débil y empieza a batirnos una brisa, en que creemos reconocer el dulce aroma de las uvas maduras y los mangos. A derecha e izquierda, se va sucediendo la línea sinuosa de las dunas. Es el elemento más característico del paisaje de Ica. Aquí las dunas son la vida. Sobre el manto de arena resaltan las palmas datileras. Por todas partes, manchas de huarangos, ese árbol tan representativo”.
Sus palabras nos llevan a la selva donde “la naturaleza crea y devora al mismo tiempo. Los árboles luchan unos contra otros. Para cada animal hay uno contrario que lo hiere. Así la selva crea pero también destruye; daña, pero al mismo tiempo repara y robustece. Y junto a las hierbas que envenenan o las plantas que irritan, el instinto del hombre y la experiencia han hallado el bálsamo de copaiba tan preciado, el fino aceite de Andirova, del que ya se decía hace tres siglos que no tiene precio para curar heridas”.
¿Qué mejor lectura para empezar la segunda década del siglo XXI?
El Comercio, 01 de enero de 2011

Susana en la ciudad

Colorín colorado este cuento no ha acabado, dijimos en esta misma columna durante la campaña municipal refiriéndonos a la electa alcaldesa de Lima, Susana Villarán de la Puente, lideresa de Fuerza Social, FS. Hoy vislumbramos un final sin “y… fueron felices y comieron perdices”. En esta historia por poco y el lobo se come a la Caperucita, y ni crean que no seguirá tratando de hacerlo. Un lobo encarnado en esa retahíla de muertos vivientes de la izquierda cavernaria que convocó por exceso de confianza. Como era de preverse, los tales le dieron la espalda y ahora “fiscalizarán la gestión” de quien los llevó a convertirse en regidores, algo que jamás hubieran logrado por sus propios méritos (que por cierto nadie conoce).
Pese a todo, Susana Villarán ha demostrado que su compromiso con Lima está por encima de todo: “Tenemos por principio cumplir lo que hemos prometido: fidelidad al programa y garantizar la gobernabilidad porque es nuestra primera necesidad”, aseguró en entrevista concedida a El Comercio. Y es de creerle, pero la doña no la tendrá fácil: asumirá un cargo que su antecesor –el hoy candidato presidencial Luis Castañeda Lossio– dejó con más de 80% de aprobación (ella cuenta con poco más de 30%) e ingresa debilitada frente a la opinión pública por los dimes y diretes de sus otrora aliados. A esos habría que decirles que aquí estamos los vecinos y las vecinas de Lima –inclusive quienes no votamos por ella– para respaldar también su gestión y ahuyentar a esos lobos que ya empezaron a aullar sin siquiera haberse sentado como regidores.
El final de la primera década del siglo XXI está a la vuelta de la esquina y un signo de los nuevos tiempos ha sido, sin duda, la elección por voto popular de una mujer como alcaldesa de esta tres veces coronada y caótica villa. Hay que reconocer que Susana Villarán es la simpatía hecha persona, el carisma andante, una sonrisa con pies, lo cual contribuyó a que triunfara frente a Lourdes Flores Nano, una política fogueada y de impecable trayectoria. Votos más votos menos, lo cierto es que Lima terminó confiando en ellas más que en los “ellos” candidatos. Punto, sanseacabó, retuérzanse los machistas. Y si de ideologías se trata, las elecciones distritales demostraron la vocación centrista y de centroderecha de esta ciudad mazamorrera: el Partido Popular Cristiano, PPC (la derecha tradicional), se la llevó facilito en una buena cantidad de distritos y cuenta con 13 regidores electos para la alcaldía metropolitana. Villarán ha dicho: “El apretón de manos con Lourdes Flores significó que ambas queremos lo mejor para la ciudad. Ya la campaña quedó atrás y lo que importa es la gobernabilidad”. Bien por ambas, una extraordinaria nuestra de convivencia democrática, y suerte para quienes habitamos en esta metrópoli inmensa y complicada que tuvo dos alcaldes hasta 1839. Recordemos –como escribió nuestro director Francisco Miró Quesada Rada– que Lima “fue una diarquía [dos en el gobierno], una organización idéntica a la ateniense que contaba con dos arcontes y a la romana, con dos cónsules […] Nicolás de Ribera ‘El Viejo’, designado alcalde de Lima por Francisco Pizarro, compartió sus funciones con Juan Tello”.
De alguna manera estas dos mujeres, sin querer queriendo, terminarán gobernando juntas la ciudad. La una por elección, la otra vía los regidores de su partido comprometidos a contribuir con “la de la chalina verde”, para resolver asuntos medulares: inseguridad, caos del transporte, contaminación, mala zonificación, desorden territorial, vulnerabilidad de áreas arqueológicas y otras zonas monumentales y ecológicas, amén de lo que afecta directamente a millares de familias limeñas: insalubridad, desnutrición, carencia de agua y desagüe, entre otros. No nos queda más que desearle lo mejor a la alcaldesa electa y reconocer la estatura moral de Lourdes Flores al dejar de lado las discrepancias ideológicas y concentrarse en las coincidencias para sacar adelante la capital del Perú. Diríase que este entendimiento es un bonito regalo de Papá Noel, así que…¡Feliz Navidad!
El Comercio, 25 de diciembre de 2010

viernes, diciembre 17, 2010

Huaraz, ciudad sitiada


Cae la nieve en Estocolmo mientras en el Callejón de Huaylas los glaciares de la Cordillera Blanca retroceden a ritmo acelerado por el calentamiento global.
En Estocolmo Mario Vargas Llosa es reconocido con el Nobel de Literatura al tiempo que el caos, la violencia y la destrucción se apoderan de Huaraz. Una protesta repudiable y que merece sanción y detrás de la cual, sin duda, están los grupos antisistema y desestabilizadores de siempre.
Los desmanes tienen como base la indignación por el permiso otorgado a la minera Chancadora Centauro para hacer 20 perforaciones exploratorias, una de ellas nada más y nada menos que a escasos 585 metros de la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Huascarán, y otra a 845 metros de la laguna de Conococha.
Conococha es considerada cabecera de cuenca y por tanto está supuestamente protegida por ley. Abastece, además, a los ríos Santa, Pativilca y Fortaleza. Nada de lo cual ha sido considerado por el Ministerio de Energía y Minas, como tampoco el hecho de lo sensible de ese territorio de los Andes, espacio de glaciares y lagunas, reservas de agua dulce un recurso cada vez más escaso
En su discurso por el Nobel, “Elogio de la lectura y la ficción”, el escribidor afirmó que “La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan [...] La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez”.
En el caso que nos ocupa no se ha visto vocación de diálogo, las reacciones han sido tardías y evidente la falta de interés del Estado por tender puentes. Así el conflicto socioambiental de Áncash vendría a ser, dentro de la lógica vargallosiana, literatura de la peor y una reverenda estupidez.
Pedro Sánchez, Ministro de Energía y Minas, ha aclarado que la exploración no contaminará. Es verdad. “Lo que va hacer la empresa es una búsqueda de mineral y, luego de eso es que se entraría a una fase de un estudio de impacto ambiental para ver si el proyecto es factible”, ha dicho. ¿Y después, cuándo efectivamente se encuentre el mineral? El emprendimiento de Chancadora Centauro es desde su origen inviable porque no se alcanzará la necesaria licencia social.
Se está abriendo la puerta a un conflicto socioambiental de repercusión internacional que afectará innecesariamente nuestra imagen. Caray, ¿a quién se le ocurre autorizar la exploración minera en un área ecológicamente tan sensible como el Callejón de Huaylas, territorio de glaciares y centros arqueológicos como Chavín? Y por favor no se les ocurra preguntar por el ministro del Ambiente, Antonio Brack, quien no ha dicho esta boca es mía, ni lo dirá. Y es que a estas alturas ya no se sabe si el buen hombre es un espejismo, un sueño (más bien una pesadilla) un fantasma o un irresponsable sin la menor intención de jugársela por el medio ambiente.
En su discurso de Estocolmo Vargas Llosa se refirió a la crueldad y violencia de la conquista de América: “debemos criticarla –dijo– pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y crímenes fueron, en gran número, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los españoles que fueron a América y allí se acriollaron [...]. Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica”.
Esa misma autocrítica debemos aplicar cuando escribimos –o dejamos que otros escriban– una historia chueca, sin lógica ni razón.


El Comercio, 11 de diciembre de 2010

Ancón no es ese puerto


“Necesito del mar porque me enseña: /no sé si aprendo música o conciencia:/no sé si es ola sola o ser profundo/o solo ronca voz o deslumbrante/suposición de peces y navíos [...]”, escribió el chileno Pablo Neruda en su poema “El mar”. Para los representantes de Santa Sofía Puertos, de capitales peruano-chilenos, estos versos deben resonarles ingenuos. Ellos necesitan del mar porque quieren construir un puerto y hacer negocios, poniendo en jaque la subsistencia de una de las más hermosas bahías de América del Sur, una zona con una historia que se remonta a más de cuatro mil años y que está enraizada en el alma de miles de familias limeñas, generación tras generación. Eso, por supuesto, a estos señoritos empresarios les importa un rábano, lo mismo que los versos de Neruda, comunista para colmo de colmos. Otros lenguajes habrá que usar entonces. ¿Quizá un eslogan publicitario?: “Hay cosas que no tienen precio, para todo lo demás está Mastercard”. A ver si ahora queda claro: todo lo que está en riesgo por el proyecto del malhadado puerto “no tiene precio”.
Un grupo de delfines nadando en quietas aguas, acercándose al muelle para alimentarse de las sobras de pesca. ¿Cuánto cuesta esa visión? ¿Cuánto vale la paz y tranquilidad de una bahía de vocación turística; de un pueblo cuya vida gira calma en torno a la pesca artesanal; de hombres que tejen sus redes como lo hicieron sus padres y sus abuelos, y los padres y abuelos de estos, y que han progresado y avanzado a su aire y a su ritmo? ¿A cuánto –según Santa Sofía–sale el kilo de vendedoras de pescados frescos en el muelle, mujeres capaces de convertir cualquier especie atrapada en el día en deliciosos potajes? ¿Cuánto creen que podrían costar los destinos de los marisqueros que llevan en la sangre una insólita capacidad para sumergirse en busca de sus tesoros bivalvos o la seguridad de los cientos de niñas y niños que han encontrado un hogar en la climática de la Unión de Obras?
Ancón no es ese puerto que se han empecinado en construir allí donde podrían –con el aplauso de todos– invertir en hoteles, en espacios de recreación, turismo vivencial, observación de especies marinas, proyectos de conservación y piscicultura o la puesta en valor de casonas que datan de los primeros años de la República. Ancón no es simplemente un lugar; para miles de familias de los más diversos sectores socioeconómicos de la capital es un sentimiento, un estado de ánimo, algo memorable.
Hace cuarenta siglos un grupo de pescadores precolombinos se asentó en la bahía que hoy miles de familias tratan de defender del puerto. La importancia de Ancón desde tiempos pretéritos, como sitio de intercambio comercial con los Andes y con otros puntos de la costa, está ampliamente documentada y puede apreciarse en el Museo de Sitio a cuya creación se abocó durante décadas Alejandro ‘Jan’ Miró Quesada Garland, codirector general de nuestro Diario.
Cuando algo está bien y es bueno para todos, hay consenso, armonía. Cuando un proyecto genera discordia es que el asunto tiene consecuencias negativas. Y si para concretar ese proyecto se recurre a engañar, a crear falsas expectativas, a mentir y a pretender desacreditar a todos aquellos que creemos “que hay cosas que no tienen precio”, la cosa de hecho es perversa. La “inversión” no es excusa para afectar de manera irreversible este espacio natural. Por beneficiar a un solo grupo empresarial no puede ponerse en riesgo la concesión del terminal norte del Callao, que generaría al país varios miles de millones de dólares, siempre y cuando no tenga un puerto competidor a escasas millas, como sería el caso.
El borrador del Estudio de Impacto Ambiental, EIA, del puerto ya estaría demostrando los estragos socioambientales que causará. Como bien decía Wolfgang Rotkegel, alcalde de la comuna alemana de Zehlendorf, en Berlín, allá por los años setenta: “El desarrollo conseguido a costa del ambiente no es progreso sino retroceso”.


El Comercio, 28 de noviembre de 2010
El Comercio, 28 de noviembre de 2010

La autoridad moral del hombre libre


“Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo”, escribió un hombre a quien al final de sus días muchos consideraban un loco, pero muchísimos más lo reconocen hoy como un artista genial, autor de grandes clásicos como “La Guerra y la Paz” o “Ana Karenina”.
Hace un siglo murió León Tolstoi (1828-1910), uno de los grandes novelistas de todos los tiempos que –como ha escrito Mario Vargas Llosa– hacia el final de sus días se había convertido en “un profeta, un místico, un inventor de religiones, un patriarca de la moral, un teórico de la educación y un fantasioso ideólogo que proponía el pacifismo, el trabajo manual y agrícola, el ascetismo y un cristianismo primitivo, libertario y sui géneris como remedio a los males de la humanidad”.
Defendió la “no violencia activa” y su obra literaria marcó y marcará a todas las generaciones que se sumerjan en ella. Grandes transformadores sociales y políticos del siglo XX, como el luchador por los derechos afroamericanos Martin Luther King o Mahatma Gandhi, por ejemplo, fueron influidos por el pensamiento tolstiano.
Su éxito material y sus posesiones lo atormentaban: “El dinero es una nueva forma de esclavitud, que solo se distingue de la antigua por el hecho de que es impersonal, de que no existe una relación humana entre amo y esclavo”, escribiría.
Tolstoi seguirá inspirando y transformando a quienes lo lean y sus palabras gestarán, sin duda, cambios venideros: “A un gran corazón, ninguna ingratitud lo cierra, ninguna indiferencia lo cansa”. La vigencia de este ruso imperecedero emana de su autoridad moral –como ser humano, como pensador, como creador–; cualidad casi extinguida en la sociedad contemporánea, como el oso panda en los bosques de bambú de la China.
La autoridad moral resulta de abrazar un ideal, de la coherencia entre el hacer y el ser, entre el decir y el hacer: decir lo que se piensa no por intereses subalternos ni por asegurarse un financiamiento de quien sea, sino por convicción. No son los premios, los aplausos, ni la cantidad de letras impresas lo que le da autoridad moral que – como decía el papa Juan XXIII– es la energía que impulsa a participar a todos y todas en la gestión del bien común.
Vivimos tiempos en que los antivalores y la desconfianza campean. El bien común es un concepto borroso. La literatura antes que arte es industria y el escritor ya no es más orfebre de la palabra sino productor en serie de frases para distraer a una población aburrida y apurada. Como expresó en su ensayo “¿Qué es el arte”: “No solo la afectación, la confusión, la oscuridad han sido elevadas a la categoría de cualidades, y aún de condiciones de toda poesía, sino que lo incorrecto, lo indefinido, lo no elocuente, están a punto de sentar plaza de virtudes artísticas”.
Frente a la obra de Tolstoi surge la pregunta, ¿dónde están hoy los escritores y escritoras que pueden ser considerados maestros? ¿Dónde los autores y autoras de literatura memorable sin la cual nuestro mundo y nuestras vidas serían grises y sin sueños? Sobran los dedos de las manos para contarlos. ¿Cuántos son capaces de comunicar experiencias de vida, mundos posibles y hacernos mejores? ¿Cuántos escritores pueden ser considerados artistas?: “Si un arte no alcanza a conmover a los hombres, no es porque esos hombres carezcan de gusto e inteligencia; es porque el arte es malo o no es arte en absoluto […] El objeto del arte es hacer comprender cosas que en forma de un argumento intelectual no serían asequibles. El hombre que recibe una verdadera impresión artística siente que ya conocía lo que el arte revela. […] Tal ha sido la naturaleza del arte bueno y verdadero en todos los tiempos”, explicó.
Tolstoi fue un sembrador y sus palabras-simientes germinarán mientras el ser humano arrastre su sombra sobre el planeta. Pocos como él supieron rebelarse contra el racionalismo gélido y los paños tibios del relativismo moderno. “La razón –escribió– no me ha enseñado nada. Todo lo que yo sé me ha sido dado por el corazón”.


El Comercio, 20 de noviembre de 2010

La tragedia de Mariana de los Ángeles


Tiene apenas nueve meses y como millones de seres humanos en el mundo nació con síndrome de Down (SD), un trastorno genético que se da hasta en 31 de cada diez mil nacimientos. Se equivoca quien crea que esa es la tragedia de María de los Ángeles, así se llama la pequeña. Su desgracia, su inmensa mala suerte, es haber nacido de quienes son incapaces de amarla sanamente, de quienes con aterradora frialdad la exhiben como si de un boleto a la prosperidad se tratara solicitando ayuda (económica, por supuesto).
Walter González (40) y Ana María Rodríguez (26), pareja afincada en Chiclayo, recurrieron a la fertilización in vitro ante la imposibilidad de concebir de modo natural. Así, el 24 de enero la joven mujer dio a luz a las gemelas Silvana y Mariana de los Ángeles. Hasta allí todo bien, pero resultó que una de las gemelas presentaba el trastorno genético.
No está escrito que sea tarea fácil eso de traer nuevos seres humanos al mundo y menos aún criarlos para que se conviertan en gente de bien. Todo lo contrario. Tamaña responsabilidad demanda estar preparado para asumirla con todos sus dolores, contradicciones y problemas. Quien no lo esté, mejor adopte un gato callejero que solitario por los techos buscará sus ratones.
La maternidad y la paternidad resultan, sin duda, más ardua cuando el hijo o la hija presentan algún trastorno que –como en el caso del síndrome de Down– lleva a un grado variable de atraso mental.
¿Qué hace una madre y un padre –normales se entiende– ante una situación tan dura? Pues dar amor, atención y energía para que el niño o la niña desarrolle su potencial al máximo. En más de un caso, madres de personitas con algún tipo de discapacidad o síndrome son motores de sus comunidades, logran cambios significativos en las escuelas, crean institutos especializados para enfrentar estas problemáticas, abogan por los derechos de un importante sector de la población, es decir se convierten en ejemplo y en medio de la adversidad sacan fuerzas para ayudar a sus hijos e hijas y a los de otros. Las propias empresas han dado pasos notables para la inclusión en el mercado laboral de estos muchachos y muchachas con habilidades especiales. Caso emblemático es el implementado por la familia Wong en su cadena de supermercados, un proyecto laboral e integrador de jóvenes especiales que sigue vigente pese al cambio en la administración.
Pues bien, ¿qué han hecho el ‘padre’ y la ‘madre’ de la gemela Mariana de los Ángeles? Han dicho, por ejemplo, refiriéndose a su propia hija: “Es como si nos hubieran dado un producto fallado”. ¿Qué antivalores les enseñaron en su hogar, para que puedan percibir a su hija como si fuera algo así como una licuadora defectuosa por la que deben reembolsarles su dinero?
Según estos tortolitos, los médicos debieron detectar las anomalías genéticas de Mariana de los Ángeles –en estado embrionario– antes de su implantación. ¿Pretendían acaso tirar a la basura a su hija ya concebida? Bajo la monstruosa lógica del “producto fallado”, piden ahora una millonaria indemnización. Dicen amar a su hija y quieren el dinero para “darle una mejor vida”. Ajá, ¿“mejor vida” para el “producto fallado” al que estaban dispuestos a descartar? Esa niña es su estirpe, su linaje, heredera de los genes de ambos y de sus ancestros. Aquí no hay culpables y sí una indefensa y pequeña víctima con la que pretenden lucrar.
En la Alemania nazi, Ernst Rüdin incorporó el discurso eugenésico a las políticas sanitarias de entonces. La idea de la eugenesia viene de muy antiguo y defiende la “mejora” de los rasgos hereditarios mediante intervenciones, manipulaciones y selección. Esa corriente racista, discriminadora y genocida está encarnada en este par de compatriotas. A lo largo de la historia la eugenesia justificó la segregación, la marginación, las violaciones de los derechos humanos y el genocidio de razas consideradas inferiores, para el caso también el descarte de un embrión –un ser humano concebido– que presentara un síndrome genético, como Mariana de los Ángeles. Vergüenza de peruanos ese parcito.


El Comercio, 13 de noviembre de 2010

Acuerdo para proteger la vida

“En Nagoya, la comunidad internacional ha iniciado un cambio de tendencia para frenar el saqueo de la naturaleza”, dijo el ministro de Medio Ambiente alemán, Norbert Röttgen. La satisfacción ha sido general al haberse logrado –en el año internacional de la biodiversidad– el consenso de 193 países para lo que se considera ya el más importante acuerdo para revertir justamente la pérdida de biodiversidad, el tejido vivo de nuestro planeta, la variedad de flora y fauna de la Tierra. Asunto vital tomando en cuenta que una de cada cinco especies de animales vertebrados (mamíferos, aves o reptiles) está en peligro de extinción y más del 40% de anfibios. Vale recordar que cada planta, insecto, pez o sapito, es decir cada criatura y especie de flora del bosque, del desierto o del mar, cumple un rol fundamental para la sobrevivencia del todo. Tomemos, por ejemplo, a la vainilla, sí la vainilla, ese delicioso saborizante de helados, bizcochos y algunas bebidas gaseosas. La vainilla es, ni más ni menos, un género de orquídea con más de cien especies distribuidas por las regiones tropicales del globo. La más sabrosa y aromática es la ‘Vanilla planifolia’, originaria de América Central y México. Las vainas de tal flor fueron muy apreciadas por los aztecas y antes por los mayas, cuya élite las usaba para enriquecer su bebida preferida: el xocoatl (o chocolate, mezcla espesa de cacao con agua).
Hasta el siglo XIX los intentos de cultivar la vainilla, fuera de su territorio, fracasaron. Fue hasta que se conoció el rol de ayuda fecundadora de las abejas nativas de la zona de origen. Metió mano el hombre para polinizarla artificialmente. Se perfeccionó el método y ni tontos ni perezosos los europeos se la llevaron a sus colonias tropicales del África. Los franceses empezaron a cultivarlas en Madagascar (hoy el mayor productor de vainilla –60%– del globo). ¿Y México y Centroamérica? Muy bien, gracias.
Pero… ¿qué tiene que ver todo esto con los acuerdos de Nagoya? Pues mucho. En primer lugar visibiliza las complejas y delicadas relaciones de las especies oriundas de un mismo lugar: en este caso la vainilla sin su abeja no se reproduce, y probablemente la abeja sin su vainilla verá grandemente disminuida su población por falta de uno de sus néctares preferidos y otras especies decaerán con ellas. Y en segundo lugar ayuda a comprender cómo las especies son arrancadas de sus hábitats y trasladadas a lugares lejanos generando negocios muy rentables que benefician a otras naciones, en perjuicio de los países y poblaciones propietarias del recurso. Este tipo de asuntos han sido discutidos a lo largo de dos semanas en la décima Conferencia sobre Biodiversidad de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Las negociaciones –bastante más técnicas que nuestro relato de la vainilla– definieron el protocolo sobre el acceso y el reparto de las ventajas (Access and Benefit Sharing, ABS). Tras veinte años de discusiones, los países del norte aceptaron que las ganancias generadas por las empresas (farmacéuticas, químicas, industriales, alimenticias, cosméticas, entre otras) a partir de genes o recursos provenientes de la “reserva de biodiversidad” (animales, plantas o microorganismos) de los países del sur sean compartidas equitativamente con los países dueños del recurso.
Entre los compromisos asumidos con miras al 2020, está expandir las áreas protegidas de cada país al menos a 17% de sus ecosistemas terrestres (el Perú tiene el 15,11% de su territorio bajo protección); y 10% de sus espacios marinos. En el ámbito global esto supone un incremento de 4% y 9%, respectivamente. En la ciudad japonesa de Nagoya se analizaron también las mejores formas de producción y comercialización de productos extraídos de los distintos ecosistemas, con criterios sostenibles y prácticas ambientalmente amigables, conocidas como ‘biotrade’ (o biocomercio).
Ha quedado clara la necesidad de movilizar recursos para alcanzar las metas acordadas. Los planes deben estar listos para el 2012 cuando Río de Janeiro se convierta nuevamente en la capital ecológica del mundo, al acoger la segunda Cumbre de la Tierra, 20 años después de la Eco-92. Los esfuerzos a fin de cuentas quizá ayuden a que aquella frase del sociólogo polaco Zygmunt Bauman: “Nuestros nietos pagarán la factura de nuestra orgía consumista” quede tan solo como un graffiti en la pared de nuestra memoria.
El Comercio, 31 de octubre de 2010

lunes, octubre 25, 2010

¿Y la tierra girará yerma?

Tomemos una simple abeja. Ella como otros insectos polinizadores brinda servicios ambientales a la humanidad valorizados en más de 200 mil millones de dólares. ¿Quién las toma en cuenta? Solo los apicultores, los convencidos del poder nutritivo y sanador de su miel entre otros productos de colmena, así como los investigadores que encontraron que uno de los componentes de su veneno, la melitina, es un potente antitumoral. Diez por ciento de la agricultura para consumo humano depende de los insectos polinizadores. Su declive –sea por el uso de pesticidas, contaminación, pérdida de bosques, entre otros– llevaría al colapso de diversos hábitats naturales y a una hambruna generalizada.
Poco a poco los humanos hemos empezado a comprender el valor real de las especies, el gran servicio que nos brindan. Un mono en la selva, por ejemplo, saltando de rama en rama mientras come un fruto o al defecar se convierte en un regenerador del bosque al dispersar las semillas. La pérdida de una sola especie de mono podría significar la desaparición de especies de árboles asociados a su dieta.
Nagoya la capital automovilística del Japón se ha convertido, por estos días, en el escenario de la reunión ‘verde’ más importante del final de la primera década del siglo XXI. Desde el último lunes 18 y hasta el viernes 29 de octubre, delegados de 193 países se han dado cita en esa ciudad para la X Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidad Biológica, de la cual forma parte nuestro país. En Nagoya nos jugamos literalmente la vida.
Para Achim Steiner, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), esta podría ser la última oportunidad para frenar la desaparición acelerada de los hábitats y especies de flora y fauna que las conforman. “Estamos destruyendo la vida en la Tierra”, afirmó en el evento inaugural. Tan simple como eso. Y tal destrucción amenaza también nuestra supervivencia como especie. El secretario ejecutivo del Convenio, Ahmed Djoghlaf, ha dado un panorama aún más sombrío “Es realmente un momento definitorio en la historia de la humanidad”.
Una humanidad que cuenta, por ejemplo, con una flota pesquera capaz de sacar dos veces y medio más peces de los que existen en los océanos y cuya demanda sobre los recursos naturales excede en 50% la capacidad natural de la Tierra.
Datos del informe “Planeta Vivo” de la World Wide Fund (WWF) muestra un retroceso de la diversidad mundial de 30%, desde 1970. La pérdida de especies de flora y fauna ha sido más dramática en las zonas tropicales (70%) como nuestra Amazonía. Cada minuto se pierde una extensión similar a 36 canchas de fútbol de bosques y selvas tropicales, por la tala indiscriminada, las operaciones ganaderas y agrícolas, la quema de cobertura vegetal, entre otros. Así desaparecen valiosas especies de flora y fauna, de importancia médica, industrial, alimenticia, entre otras. Tenemos que una especie de cada tres especies de anfibio, más de un ave de cada ocho, un mamífero de cada cinco y más de una especie de árbol conífero de cada cuatro están amenazadas de extinción.
Uno de los acuerdos oficiales esperados es un Plan Estratégico de la biodiversidad para el período 2011-2020 con una visión de la diversidad biológica para 2050. Instrumentos para proteger la biodiversidad que hacen de su valor el centro de todas las iniciativas del desarrollo humano. Esto llevaría a incorporar la variable “diversidad biológica” en los proyectos de desarrollo, tanto en el ámbito estatal cuanto privado.
Se espera alcanzar, de una vez por todas, un acuerdo que reconozca los intereses de los países ricos en biodiversidad (Perú es considerado de megadiversidad) y garantizar los derechos de los pueblos indígenas sobre los recursos genéticos y su conocimiento tradicional.
En 1992 en la Conferencia de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el Desarrollo (Cnumad), realizada en Río de Janeiro se adoptó el Convenio sobre la Biodiversidad Biológica, estableciendo 21 objetivos. A estas alturas ha quedado claro que no han sido alcanzados. Esperemos que en Nagoya impere la sensatez para que la frase del escritor venezolano Arturo Uslar Pietri no sea alguna vez realidad: “y la Tierra girará yerma y sin vida, en el inmenso espacio, como el mejor mausoleo a la insensatez humana”.


El Comercio, 23 de octubre de 2010

El heredero de los mares y el ruido de un sopapo

“Planta un pez” intenta incentivar a la población y a los gobiernos a recuperar la vida en mares y ríos depredados, garantizando así la seguridad alimentaria. Se trata de una iniciativa global, sin fines de lucro, impulsada por Fabien Cousteau, economista ambiental de la Universidad de Boston y nieto mayor del mítico oceanógrafo, buzo y documentalista francés Jacques Yves Cousteau (1910-1997).
Entre sus principales metas está comprometer a la comunidad con los ambientes naturales acuáticos circundantes. “Es simple: nuestras acciones cotidianas tienen consecuencias”, ha dicho este cuarentón que empezó a bucear a los 4 años y fue criado como pez en el agua por una familia absolutamente marítima y cuyo patriarca reveló al mundo los más grandes secretos de los océanos, así como su fragilidad.
Fabien estuvo de paso por nuestro país y fue uno de los ponentes de la Tercera Reunión de APEC de los Océanos y Pesca Sostenible, que congregó a 21 ministros de diferentes países. El evento empezó –por desgracia– el 10 de octubre, es decir al día siguiente del sonado supuesto sopapo presidencial. Así las cosas, la reunión realizada en Paracas, la presencia de Fabien Cousteau, su disertación sobre el manejo sostenible de los mares y el impacto del cambio climático sobre los océanos pasaron inadvertidos. Y es que en este terruño eso no es noticia: no hay escándalo, no hay audio ilegal, no hay mentira, montaje ni intromisión en la intimidad. Horror de horrores, hay ideas y propuestas claras. ¿Y eso a quién cuernos le importa en estos tiempos de decrépita decadencia, verdad?
Aquí estamos escribiendo sobre un hombre educado, inteligente, exitoso, que se codea con las máximas autoridades y empresarios del globo, en el afán de contagiarles su entusiasmo por conservar los mares y con ello la principal fuente de proteínas del planeta. Un señor que puede aportar mucho a un país pesquero como el nuestro. ¿Ni drogas ni desnudos ni hijas que matan a sus madres? Aburridísimo, pues.
Aquí la noticia, lo importante, lo que se resalta y toma por ejemplar es a un fracasado que insulta al presidente de la República, le menta la madre en una institución pública y después sale a gemir, cual gatita, que usaba “su libertad de opinión”. Perú que le dicen, donde el empobrecimiento de las ideas, los buenos modales y el bien común son asuntos pasados de moda.
El estruendo de la virtual bofetada, mediáticamente amplificado para deshilachar al presidente García, no permitió que escuchásemos a Cousteau recordarnos la inmensa riqueza del mar peruano y la necesidad de su conservación, a través del aprovechamiento que garanticen alimento a las presentes y futuras generaciones, y el sano equilibrio del ciclo natural de los océanos y de sus variadas y hermosas especies.
Este integrante de la tercera generación de la familia Cousteau viene afinando una propuesta de políticas públicas y privadas en la que la “disciplina ambiental” es la base de soluciones innovadoras y de econegocios que logran hacer rentable la conservación. Así se hizo en Sudáfrica con el temible gran tiburón blanco, antes desollado para venderlo al peso en los mercados. Hoy proliferan los paseos de avistamiento y en el balance de los lugareños está claro que más se gana con el escualo vivito y coleando.
El economista ambiental sostiene que la humanidad debe comprender que “nuestra salud y bienestar como especie está ligada a la adecuada administración de los ecosistemas marinos”, los cuales cubren 73% de la Tierra. Una de sus mayores preocupaciones es legarles un planeta saludable a las nuevas generaciones, en ese sentido trabaja incesantemente para empoderar a los jóvenes en temas vinculados al agua, a los mares y a la protección de la naturaleza. Como integrante de la Alianza para la Innovación del Agua (WIA, por sus siglas en inglés) es una verdadera pulga en la oreja de los empresarios y ejecutivos relacionados con los negocios del líquido elemento para que adopten decisiones más informadas, tecnologías adecuadas y por tanto compatibles con la conservación y mejor uso del invalorable recurso.
La visita de Fabien Cousteau resulta de trascendencia, tomando en cuenta que los sectores vinculados con la pesca representarán este año aproximadamente el 31% del PBI de nuestro país. Tomar en cuenta su invocación para que protejamos nuestro mar y aprovechemos racionalmente sus recursos hubiera resultado más valioso que lo dicho por un insultador de pasadizo. Pero para qué hacer hígado, tomando en cuenta que los titulares sobre la brillante conferencia dictada por el ex vicepresidente estadounidense Al Gore en torno a los retos que nos plantea el cambio climático coincidieron en que “le gustó mucho la comida peruana”. Que Dios nos coja confesados, caray.
El Comercio, 17 de Octubre de 2010