sábado, agosto 14, 2010

Por una ciudad ambientalmente equilibrada

“Una sociedad democrática puede ser arruinada por ciudades mal planeadas, con la misma facilidad que con el establecimiento de un régimen totalitario. No hay campo para la participación ciudadana cuando el ambiente social es cada vez menos transparente”. Las palabras son del lúcido conservacionista germano-venezolano Arturo Eichler. Razón no le falta, pues el espacio mal planeado, insalubre e inseguro propicia perturbaciones sociales, y allí donde se da prioridad a abrirle el paso a los automóviles antes que a paseos arbolados a los vecinos será imposible desarrollar una sociedad participativa y dispuesta a compartir e interactuar. ¿Cómo sonreír y conversar, entre humos y ruidos? ¿Cómo aprender a ser felices en la penumbra generada a pleno día por la sombra de edificios que proliferan como la mala hierba, violando todo tipo de ordenanzas?
Estamos ante una nueva campaña municipal. ¿Hay alguna esperanza de cambio para la capital del Perú? Como dice el Chapulín Colorado, ¿y ahora quién podrá defenderme?
Lima, la “tres veces coronada villa”, es un enredo de delincuencia, caos, contaminación y suciedad que algunos inspirados gustan llamar “ciudad jardín” (¿lloramos o reímos con esa?). Irrespirable, insoportable, invivible e insegura. Así las cosas, las y los aspirantes al sillón municipal nos lanzan unas peroratas que nada tienen que ver con repensar la ciudad y darle una salida a este laberinto que lleva, por ejemplo, a que anualmente se pierdan más de mil millones de dólares, sí mil millones de dólares, por el caos vehicular generado, en gran medida, por la libre circulación de autos chatarra, basura rodante importada (por el cliente de una de las candidatas, por cierto, el señor Cataño).
“La gran urbe —escribió el doctor Godofredo Stutzin, destacado abogado y ecologista chileno— ha sido comparada con un monstruo que consume diariamente cientos de miles de toneladas de agua, oxígeno, alimentos y materias primas, mientras que en el mismo lapso expele de su organismo la correspondiente cantidad de residuos, basuras y sustancias contaminantes”. Las ciudades han sido calificadas —y con razón— como un fenómeno antiecológico. Una vuelta por Lima ayudará a comprender por qué. Eso es lo que deberá revertir quien acceda al sillón municipal y legarnos barrios más sanos, seguros y amables, espacios para el desarrollo de la vida vecinal.
Varios miles de años nos separan de las primeras aglomeraciones urbanas. Y viendo hacia atrás diríase que andaban mejor, más ordenados y en armonía con su espacio. Hoy la vida en comunidad se da en escenarios gigantescos. El tercer milenio en Lima sigue por la ruta de la degradación, en todos los aspectos: violencia, pérdida de flora y fauna, amén de desaparición de sitios históricos, generaciones que crecen en rincones que nadie recuerda cómo fueron, y que con sus ruidos y falta de armonía castran la posibilidad de comprender que, con reglas claras y compromiso, el infierno puede transformarse en paraíso.
De cómplices de la decadencia podemos pasar a ser gestores del cambio. Para ello se necesita a alguien que comprenda la alcaldía no como un cargo político ni un trampolín a la presidencia, sino un trabajo vecinal coordinado y coherente. Pero nuestros candidatos y candidatas nos hablan de todo menos de cómo van a hacer de nuestra ciudad un lugar donde en nombre del “progreso y desarrollo” no se nos usurpen los parques, el aire limpio, la armonía arquitectónica, las áreas naturales cercanas, ni la paz y el silencio que requerimos para vivir bien, digamos para vivir como se supone que debiéramos hacerlo en el siglo XXI, es decir mejor y no peor que antes.

El Comercio 14 de agosto de 2010

Adiós al maestro del cine peruano


Ayer por la mañana murió el hombre que no debía morir, por lo menos no todavía o quizá nunca. Lamentablemente antes o después llega ese viento frío que nos arrastra a todos. Unos pasan como sombras por la vida y otros la iluminan con su obra. Se fue, pues, el gran maestro del cine peruano, el cineasta más genial e incomprendido de nuestro país. Armando Robles Godoy fue periodista, escritor, guionista, director y un intelectual que gustaba sacudir a la pacatería limeña. Vamos, si alguien remeció esta ciudad —acostumbrada al agua tibia, a la media voz y a las medias tintas— fue Armando. De ese mismo modo remeció a sus discípulos, llevándonos permanentemente hasta el límite de nuestra capacidad (o “límite de incapacidad”, como solía decirnos). Con él había dos caminos: aprender con la posibilidad de sucumbir o mutar en el proceso, o simplemente darle la espalda a una fuente inagotable de retos intelectuales, creativos y emocionales. Muchos optamos por lo primero y no solo sobrevivimos para contarlo sino para poder decir que fue un extraordinario maestro.

Aclamado fuera de nuestras fronteras —su película “Espejismo” fue nominada al Globo de Oro en 1973, por ejemplo—, Armando estaba más que acostumbrado a recibir los golpes arteros de la “crítica” nacional (si algo parecido a eso existe en nuestro terruño) y la de algunos jóvenes aprendices del oficio, que a la primera desmenuzaban sus películas porque eso enseñaron muchos profesores universitarios: el desprecio por la obra roblesiana. Decía el recordado periodista Manuel D’Ornellas que “en Lima la mazamorra se espesa con la envidia”. Y mucha envidia era la que despertaba Robles Godoy por su irreverencia, por su valentía para decir lo que pensaba y por crear una obra coherente y vanguardista, alejada de los cánones tradicionales. Con la colaboración en la cámara de su hermano Mario logró, indudablemente, la fotografía más poética y potente de una película peruana. Allí están para comprobarlo sus largometrajes “La muralla verde” (1969), “Espejismo” (1972) o el magistral cortometraje “Cementerio de elefantes” (1973). La participación del músico Enrique “Paco” Pinilla en sus más importantes trabajos fue fundamental para alcanzar la perfección expresiva y de estructura que buscaba con el lenguaje cinematográfico.

Robles era un gran conocedor del espíritu humano y consideraba que su labor como maestro de cine pasaba, también, por forjarnos como personas. Lo que puede ser —como en efecto lo fue— un proceso doloroso. En la peligrosa aventura de aprender de Armando nos embarcamos varios, y vaya si nos transformó. No me dejarán mentir los hoy reconocidos fotógrafos Lorry Salcedo, Roberto Huarcaya y Jenny Woodman; Antonio Fortunic, entonces un joven arquitecto y hoy el más lúcido expositor del qué y cómo ver una película (además de director); Cady Abarca, ahora videasta multipremiado afincado en Nueva York; la artista plástica Esther Vainstein, que se acercó así a la experiencia audiovisual; Luis Vargas Prada, autor del único manual del cine de factura peruana; Ichi Terukina que de administrar el restaurante familiar en La Victoria terminó de teórico y filósofo (si cabe el término) del cine; Eduardo Guillot, un joven productor de comerciales hoy con obra premiada en Sundance; Kike Tello, bombero voluntario, experto en maderas y dueño de un aserradero en Barranco que descubrió en la magia de iluminar su verdadera pasión. Robles nos ayudó a reconocer nuestra grandeza después de hacernos ver el abismo de nuestras miserias, a superar nuestros miedos, a descifrar si lo que hacíamos era una expresión del ego o una sincera búsqueda estética, expresiva y creativa, y todo eso a los 17 años o 20 años puede ser algo abrumador. Armando, sin duda, marcó nuestras vidas de una manera especial. Nos enseñó a hacer cine, sí, pero principalmente nos enseñó que solo la libertad nos convierte en seres capaces de crear o, lo que es lo mismo, vivir y no simplemente sobrevivir.


El Comercio, 11 de agosto de 2010

La educación en el "nosotros"

¿Quién enseña a las niñas y niños eso llamado “nosotros”, base de un país articulado e inclusivo? ¿El colegio? No lo parece. En los libros escolares las poblaciones indígenas están ausentes pese a que el Perú es uno de los países con mayor diversidad etnolingüística y cultural del continente. Otro ejemplo: cerca del 70% del Perú es selva amazónica, territorio ancestral de una multiplicidad de poblaciones indígenas, compatriotas de los que casi nada se menciona. La selva es —en términos escolares— un vasto territorio rico en finas maderas, reservas de petróleo y plantas de valor alimenticio, medicinal e industrial. ¿Y la gente? Bien gracias. La sierra es —en ese mismo contexto— un emporio de minerales donde hay coloridas festividades tradicionales y punto. La escuela, la televisión y el ciberespacio forjan la manera en que las niñas y niños comprenden el mundo y se relacionan con él. ¿Aprenderán allí que hay un “nosotros”?
Este lunes 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo, instaurado en 1994 por la Organización de las Naciones Unidas, ONU. Con bastante lucidez Navanetham Pillay, alta comisionada de la ONU para los derechos humanos ha dicho: “Los indígenas necesitan y merecen más que una simple celebración simbólica, consagrado a la reafirmación del valor y la resistencia de la vida y sus culturas”.
Pero poco podrá avanzarse mientras no se comprenda la escuela como el espacio para la construcción del gran proyecto social del “nosotros”. Y eso pasa por algo tan simple como enseñar una geografía humanizada y humanizante.
El amauta Javier Pulgar Vidal (1911-2003) repetía incansablemente: “Yo diría que en el Perú el pasado, el presente y el futuro proceden de la geografía”. Refería, así, la importancia de conocer las características, limitaciones y potencialidades de nuestro territorio y la capacidad y diversidad de nuestros compatriotas para construir un país donde no unos y otros, sino de cómplice mirada entre todos. Difícil si se sigue con la terca torpeza de un mapa en el cual el profesor señala departamentos, regiones, ciudades y sus capitales, accidentes geográficos, simples nombres para memorizar. Los alumnos y alumnas recibirán información sobre los recursos explotables y explotados, y los productos útiles de tales lugares, y quizá una leve mención a alguna extraña costumbre local. En el caso de la geografía universal —globalizada— será la misma cantaleta: apréndase usted todas las capitales, y ya. Cultura general que le dicen. Lo que nadie les contará a las niñas y niños —siquiera por cortesía— es que más de 370 millones de seres humanos en setenta países habitan las zonas de mayor diversidad biológica del planeta, y que dependen de la conservación de esas riquezas para su sobrevivencia. Nadie les dirá que existen más de cinco mil pueblos indígenas en el mundo, tampoco que en el continente americano 50 millones de personas son indígenas, lo que representa el 12% de habitantes de la región (alcanzando en algunos países hasta el 80%). Los jóvenes ingresarán a la universidad sin conocer que los pueblos indígenas hablan la mayoría de idiomas existentes en el mundo, que en sus conocimientos ancestrales puede estar la respuesta a los desafíos ambientales del siglo XXI. Nada les habrán enseñado su espiritualidad, cosmovisión y clara comprensión que estamos dañando el planeta y que eso nos afectará a todos, es decir el “nosotros” que pocos parecen comprender y querer.



El Comercio, 07 de agosto de 2010

El creador de un hombrecito extraordinario

Por más de cuarenta años no se tuvo idea de que pasó con la aeronave piloteada por el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry. Un día como hoy, 31 de julio de 1944 cayó al mar Mediterráneo. En el año 2000 los investigadores Lino von Gartzen y Luc Vanrell localizaron el desaparecido avión, a ochenta metros de profundidad. Y el rompecabezas empezó a armarse. Una cosa llevó a la otra, se siguieron, claves, pistas y datos hasta dar, en el año 2008, con un anciano alemán de 88 años llamado Horst Rippert, un periodista deportivo jubilado. Él les contó la historia.
Corrían los días de la Segunda Guerra Mundial cuando Rippert —entonces un joven piloto alemán de 24 años— derribó un avión que cayó hundiéndose en el mar, cerca de la costa de Marsella, sobre el Mediterráneo. “A los días de mis disparos dijeron que era Saint-Exupéry. Esperé y espero que no fuera él”, les dijo. Pero el piloto de esa nave sí era por desdicha el autor de: “El aviador”, “Vuelo nocturno”, “Tierra de hombres”, “Piloto de guerra”, entre otras obras.
Saint-Exupéry era, paradójicamente, considerado un héroe por el hombre que lo abatió: “Todos lo habíamos leído, adorábamos sus libros. Describía admirablemente el cielo, los pensamientos y los sentimientos de los pilotos. Su obra produjo la vocación de volar en muchos de nosotros. Si lo hubiera sabido, jamás habría disparado”, comentó Rippert a un diario francés.
Así murió el hombre que legó a la humanidad uno de los personajes más inspiradores y lúcidos de todos los que pueblan la vasta literatura terrícola. Un año antes de que dispararan sobre su avión publicó su inmortal relato corto “El Principito” (1943), con dibujos de su propia factura. Una obra que ha sido traducida a más de 180 lenguas y dialectos, y es el segundo libro más leído del planeta, después de la Biblia.
“El Principito” es una metáfora del sentido de la vida, la búsqueda de la felicidad y del amor. El extraordinario hombrecito que lo protagoniza le hace ver a otro de los protagonistas —el aviador—la estupidez humana, y la pérdida de la sabiduría, sencillez y sensibilidad de la infancia que padecen —padecemos— los adultos.
El escritor-aviador que fue derribado sobre el Mediterráneo quiso con esta historia reencontrarse consigo mismo, tratar de que los niños lo siguieran siendo siempre: libres, valientes, curiosos y soñadores. Quiso, también, despertar al adulto razonable de su mediocre modorra y darle el valor de sacar al niño que vive en su interior y busca respuestas sobre las cosas más simples y sencillas de la vida. Ese niño o niña que quiere “escuchar a las estrellas sonando como campanas” y entregar sus sueños, esperanzas e ilusiones sin esperar recibir nada a cambio.
“El Principito” es una crítica a la pedantería y erudición baratas, a la tentación por lo oscuro, al afán de acumular poder. Este niño de melena color del trigo, sueña y es el único amo de sus sueños y de sus fantasías. Y por eso aterroriza a personajes insoportables como el tal Hugo Chávez, quien lo ha vetado en la Venezuela cuya esperanza trata de destruir. Su Plan Revolucionario de Lectura —para “estimular la ideología socialista a través de libros revolucionarios para construir al hombre nuevo”— considera al extraordinario hombrecito de Antoine de Saint-Exupéry una amenaza.
“El Principito” es pues un poderoso símbolo político de libertad, de transparencia, de verdad. Así las cosas, quizá lo que nos haga falta para, en el 2021, llegar a ser esa nación del Primer Mundo de la que tanto nos habla el doctor Alan García son ciudadanos y líderes con la capacidad de convencernos de que: “Lo bello del desierto es que en algún lugar esconde un pozo”, y que solo juntos podremos encontrar ese pozo de agua clara y vivificante.

El Comercio, 31 de julio de 2010

sábado, julio 24, 2010

¿Qué tal algo inesperado?


Lima tirita. Hace 46 años que la capital del país no sufría frío tan intenso. En este clima helado —con gran parte del Perú declarado en emergencia por la ola de frío que azota también al resto de América del Sur—, el doctor Alan García nos dará este miércoles 28 el mensaje previo a su último año como presidente de la República. Los aguafiestas de siempre (léase: los políticos de oposición, los que quisieran estar en el podio en vez del orador, quienes candidatearon solo para saborear la derrota) ya están diciendo que no esperan nada nuevo. El presidente del Consejo de Ministros, Javier Velásquez Quesquén, dice sin embargo que deberíamos poco menos que estar saltando de alegría pues el presidente planteará los desafíos al 2021 para convertirnos en un país del primer mundo. Ojalá, pero lo malo es que el próximo año no sabemos quién estará ocupando el sillón presidencial y si le interesarán un pepino los desafíos de García.


Así las cosas y para no caer en la categoría de “aguafiestas”, repetimos que ojalá lleguemos pronto —por el bien de todas y todos— a ser un país del primer mundo, pero como se lo entiende en el siglo XXI: impulsado por energías limpias y renovables, encaminado en la senda de desarrollo sostenible, donde en la agenda política sea una prioridad la recuperación y conservación de los recursos naturales y el diálogo con los habitantes de las zonas donde han de desarrollarse los grandes proyectos de infraestructura y aprovechamiento de los recursos. Un país en orden, seguro y pacífico, donde todos los sectores de la sociedad se sientan representados, donde no quede niña ni niño sin aprender a leer y todos tengan las mismas posibilidades (o al menos parecidas) para desarrollar su potencial creativo, intelectual, emocional y espiritual y nadie se eche a dormir con la barriga vacía. Un lugar donde la corrupción sea considerada palabra soez y el delincuente de cuello y corbata no encuentre club, cargo público ni empresa que lo tolere. Un país del primer mundo del siglo XXI donde los gobernantes se preocupen en algo por dar ciertas alegrías y una buena dosis de esperanza a quienes los eligieron (o sea, algo así como Finlandia pero más tibiecito). Y todo esto está muy bien, pero sería mejor no esperar 11 años para adoptar las medidas que eviten la muerte por frío de nuestros compatriotas en los Andes, por falta de energía en sus hogares, por carencia de abrigo y de vivienda digna, por debilidad derivada de la desnutrición o por la imposibilidad de recibir atención médica a tiempo.
En fin, sí deberíamos esperar algo del mensaje presidencial y cruzar los dedos para que, en su último año de gobierno, el doctor Alan García decrete: el derecho a respirar aire puro, a beber agua clara y no contaminada de todo río y riachuelo que cruce el territorio nacional, a gozar de paisajes jamás alterados, a mirar el horizonte sin que gigantescas plataformas petroleras interfieran con la puesta de sol a todo lo largo de nuestra costa (pasa en un pedacito, pero ¿en toda?), a que los cultivos transgénicos sean declarados enemigos de la patria y sirvan de alimento para los sentenciados por terrorismo (a ver si son tan inocuos como se sostiene); a que queden los cerros llenos de oro sin ser convertidos en mina (algunos, al menos) y a que los lodos y los basurales se conviertan en jardines y lagunas. Es decir que por decreto nuestra vida se desenvuelva en un ambiente limpio, tranquilo y armonioso. ¿Por qué no esperar todas estas novedades? De ilusión también se vive, dicen.

El Comercio, 24 de julio de 2010

Expulsado por 'verde'

Veamos. Según nuestra Constitución, el Ministerio del Interior se encarga, entre otras cosas, de velar por la seguridad ciudadana. Con la cantidad de asaltos, violaciones y crímenes perpetrados a diario diríase que el ministro Octavio Salazar no leyó esa parte. Lo que sí parece haber leído —y malinterpretado— es que tiene potestad para decirles: “Lárgate o te lo digo a mi manera, fuera, fuera” (misma cumbia de los Hermanos Yaipén) a quienes son una amenaza para la seguridad de nuestro país o realizan actividades distintas a las consignadas en su permiso de residencia. Lo que está muy bien si hay razones para hacerlo, pero Salazar ha generado tamaño enredo con el caso del religioso británico Paul McAuley.

Y el asunto ha traído una larga cola: protestas, pronunciamientos internacionales, ofrecimientos de las comunidades indígenas para proteger al hermano, es decir indignación generalizada. Y es que la Dirección General de Migraciones (Digemín) del Ministerio del Interior acusó sin pruebas a McAuley de realizar “actos contra la seguridad del Estado, el orden público interior y la defensa nacional”, y le canceló su residencia. Según Migraciones, el religioso habría infringido el artículo 63 de la Ley de Extranjería por apoyar a los nativos en sus protestas ambientalistas. Ajá, vaya amenaza. Salazar —que no ha dicho ni pío ante el hecho de que Lori Berenson, terrorista emerretista para más señas, ande suelta en plaza paseándose por Miraflores— dijo que el británico tenía siete días para dejar el país. ¿Dónde está escrito que un religioso no puede apoyar a su comunidad cuando esta se siente amenazada? Siguiendo la lógica del ministro, ¿un sacerdote que protesta junto a sus parroquianos capitalinos contra la comercialización de drogas, la prostitución en las esquinas o los accidentes de tránsito es también una amenaza? Francamente.

Monseñor Miguel Cabrejos, presidente de la Conferencia Episcopal ha dicho: “La defensa del medio ambiente no solo es por la protección de la naturaleza, sino del espacio donde se debe desarrollar el ser humano en forma digna”. Pidió a las autoridades velar por el debido proceso en el caso de la orden de expulsión de McAuley, actualmente en el Poder Judicial. Monseñor Cabrejos enfatizó: “Es importante comprender que la labor de la Iglesia es evangelizar, pero también velar por el cuidado de la promoción humana integral, educación, salud, etc.”. Lo que a Salazar debe haberle sonado a grave amenaza contra el Estado. Y mientras se preocupa tanto por un religioso “verde”, que simplemente cumple su labor pastoral, los narcotraficantes y terroristas siguen haciendo de las suyas en el VRAE, y en las ciudades proliferan los ajustes de cuentas, robos y secuestros.

El ministro del Interior quizá no lo sepa, pero un gran hombre que no fue amenaza sino esperanza dijo: “La cuestión del medio ambiente está íntimamente relacionada con otros importantes problemas sociales, pues abarca todo lo que nos rodea y todo aquello de lo que depende la vida humana. A este respecto la reflexión sobre [...] la obligación de favorecer un ambiente seguro y sano”. Ese hombre fue Juan Pablo II, el Papa Peregrino, ante la Plenaria del Consejo Pontificio Justicia y Paz, en noviembre de 1999. A la luz de la doctrina social de la Iglesia, los sacerdotes no pueden ser ajenos a la problemática ambiental y ecológica, y menos abandonar a sus feligreses cuando se sienten amenazados. Lo demás son temores infundados, intereses soterrados y maniobras vergonzosas.




El Comercio, 17 de julio de 2010

sábado, julio 10, 2010

El famoso pulpo Paul

El pulpo Paul es la sensación de los seguidores del Mundial de Sudáfrica 2010. El ahora famosísimo octópodo vive en el acuario Seelife, de Oberhausen, Alemania. Cuenta con su propia página web, polos y gorras con su imagen, una legión de 65.000 seguidores en Facebook, figura entre los diez temas más populares de la red social Twitter, ha generado un circuito de apuestas y sus pronósticos son transmitidos en vivo como noticia de último minuto por la televisión europea. Durante la Eurocopa del 2008 acertó en el 70% de los casos. Durante el Mundial no ha fallado en ninguno. Paul vaticinó que Alemania vencería a Argentina y así fue. En el país perdedor tal deshonor llevó a que, aquel fatídico día, muchos se comieran un pulpo a la parrilla en vez del tradicional bife.

La cosa con Paul funciona más o menos así: se colocan dos cajas transparentes frente a él con un choro dentro de ambas. Cada caja exhibe la bandera de los países que se enfrentarán y supuestamente ganará el equipo de cuya caja extraiga el choro. Cuando predijo el triunfo español —inesperado frente a Alemania— los chapetones ya se lo querían llevar a su tierra y bautizarlo con el nombre de Pablito. La alegría fue tal que varios restaurantes retiraron los platos con pulpo de sus cartas y Elena Espinosa, ministra de Pesca y Medio Ambiente de España, sugirió que propondría una veda para la pesca de la especie.



Según el curioso oráculo de los ocho tentáculos, España se coronará campeón mundial, Holanda quedará segundo y Alemania en tercer lugar. Es decir que hoy Uruguay perderá. Veremos. El escritor uruguayo Eduardo Galeano —un impenitente aficionado— bromeando ha descalificado a Paul “por corrupto” y en su país se ha desatado una campaña contra el pobre animal bajo el lema “Todos contra el pulpo”.
Mientras tanto Paul recibe —en el reducido espacio en el que se lo tiene confinado— amenazas de los hinchas cuyos equipos han perdido. Las amenazas, claro, llegan bajo la forma de recetas de cocina. Al paso que va la cosa, el acuario de Oberhausen podrá publicar un libro de las mil y un maneras para preparar un pulpo. Grupos de defensa de los animales —con justificada razón— ya están protestando por el uso del animal, aunque más habría que protestar por el hecho de que el pobre Paul nació cautivo y así morirá, encerrado sin haber cometido ningún crimen.
Los octópodos son un orden de moluscos —como las ostras, los caracoles, almejas, entre otros— que carecen de concha. En otras palabras son conchas sin concha exterior y como todo molusco carecen de esqueleto. Tienen ocho tentáculos (aunque algunos dicen que son seis patas y dos manos). Pertenecen a la clase de los cefalópodos, palabra que nace del griego y más o menos significa “pies en la cabeza” (por razones obvias). Los científicos descubrieron hace relativamente poco, en diciembre del 2009, que son capaces de usar herramientas, lo que demuestra su inteligencia. Un equipo científico observó en Indonesia a uno utilizar medio coco a modo de caparazón para protegerse del peligro y a otro encajar dos medios cocos —a modo de concha— escondiéndose dentro para descansar. Maravillosa criatura a la que la gran mayoría aprecia solo por su sabor. Y, por estos días, por su supuesto don adivinador. ¿Será?
El Comercio, 10 de julio de 2010

Perelman, el hombre que rechazó un millón de dólares

Es un genio. Es excéntrico. No contesta el teléfono. Tiene 44 años, los ojos claros, las cejas pobladas y espesa la barba. Es —según dicen— el hombre más inteligente del planeta y está convencido de que puede demostrar la existencia de Dios mediante las matemáticas. Es más, asegura ya haberlo logrado. No es fácil fotografiarlo y sale muy poco de su casa. Su nombre es Grigori Perelman (Leningrado 1966) y ha resuelto uno de los “siete problemas del milenio”: en este caso la llamada conjetura de Poncairé, un asunto que, a lo largo de más de un siglo, tuvo a varias generaciones de expertos rascándose la cabeza. Rascándose la cabeza y punto. Ninguna respuesta.

EL RECHAZO
El Instituto de Matemáticas Clay, de Massachusetts, ofreció pagar US$1 millón por cada uno de los problemas del milenio resueltos. Al ruso le correspondía el dinero. Sin embargo, se negó rotundamente a convertirse en millonario. En una reciente ceremonia en el Instituto Oceanográfico de Paris se debía entregar el premio, pero el ganador no llegó. Nada extraño para quien en el 2006 no apareció en un congreso madrileño donde —de manos del rey Juan Carlos de España— iba a recibir la prestigiosa medalla Field, de la Unión Matemática Internacional y considerada una suerte de Nobel de esa disciplina. La medalla Field dota de U$14.000 a matemáticos menores de 40 años y le arrancaría lágrimas a cualquier investigador —familiares incluidos— pero Perelman no se inmutó y dejó colgados a cinco mil participantes.

“No quiero que me expongan como a un animal en un zoológico”, se supone que anda diciendo. Reniega de la fama y de la fortuna, lo suyo son los números y la espiritualidad. Vive al borde de la miseria y eso no le quita el sueño. “No soy un héroe de las matemáticas, ni soy tan exitoso como para que todos me miren con la boca abierta”. Su ausencia en la ceremonia parisina fue un rotundo no al millón de dólares.

CUCARACHAS EN SAN PETERSBURGO
El genio vive con su mamá en un pequeño departamento en un humilde vecindario, en las afueras de San Petersburgo. Dejó de trabajar hace más de cinco años en el Instituto de Matemáticas Steklov y comentan que se gana el poco pan como profesor particular, completando sus magros ingresos con la ínfima pensión que recibe su mamá. No brinda entrevistas y es tan esquivo que ya se ha gestado una leyenda urbana que sostiene que el hombre, simplemente, no existe. No queda más que creerle al diario sensacionalista británico “Daily Mail”, que asegura haberlo entrevistado —puerta cerrada de por medio— y que sobre el premio del millón dijo: “Tengo todo lo que necesito”. Según la misma fuente, una vecina que conoce el hogar del matemático comentó que eso de “tengo todo lo que necesito” se reduce a una silla, una mesa y un par de camas viejas, al parecer herencia de los antiguos propietarios del lugar —una pareja de alcohólicos—, amén de un ejército de cucarachas del que no parece dispuesto a deshacerse.

MIL PÁGINAS Y UNOS CHINOS
Para fines del 2002, Perelman colgó un inesperado artículo en la web www.arxiv.org (usada por los matemáticos para difundir entre la comunidad científica sus trabajos antes de publicarse). En este primer artículo afirmó que había demostrado la conjetura de geometrización —propuesta por William Thurston en los años 70— en el sentido de que la conjetura de Poincaré es tan solo un caso particular, nada más. Por cierto, Thurston nos recomienda a los comunes mortales aprender del ruso su “actitud ante la vida”, es decir: humilde con su sabiduría, inmune a los halagos y profundamente espiritual. También apoyó su solución en el llamado “flujo de Ricci”, de Richard Hamilton.

Pero sigamos con la hazaña de Perelman y dejemos las altas matemáticas para los expertos. En el millar de páginas de su trabajo obvió gran parte de los detalles intermedios de la prueba, lo que complicó la comprobación que había resuelto la famosa conjetura. Un equipo de expertos verificó palabra por palabra las ideas plasmadas en su artículo. Mientras tanto, un par de matemáticos chinos trató de desmerecer y apoderarse de su trabajo al sostener que el ruso solo había sugerido una estrategia para resolver la conjetura. Las intrigas quedaron al descubierto gracias a una investigación periodística de “The New Yorker”.

¿Y el afectado? Ni se enteró. Vive —y por lo visto seguirá haciéndolo— muy tranquilo en su pequeño departamento poblado de cucarachas y de fórmulas matemáticas que para él confirman la existencia de Dios. Y frente a algo tan grandioso ¿para qué podría servirle un millón de dólares?

Los siete problemas del milenio
Henri Poincaré (1854-1912) es considerado el último ser humano que fue capaz de comprender toda la ciencia de su tiempo. En 1904 el matemático francés conjeturó un asunto medio complicado pero que puede resumirse más o menos así: según él, la esfera es el único cuerpo de tres dimensiones que cumple unas determinadas propiedades. Poincaré se apoyaba en sus propios trabajos anteriores, pero no logró generalizar los métodos que con éxito había aplicado para el caso de objetos de dos dimensiones. O sea que ni él mismo logró resolver su conjetura. Poincaré zanjó la discusión con una frase ya histórica: “Ese tema nos llevaría demasiado lejos”. Murió y el asunto quedó sin respuesta y sin ella estuvo por larguísimas décadas.

A lo largo de todo este tiempo se acumularon, una tras otras, las demostraciones incorrectas sobre la conjetura de Poincaré, al punto que se publicó una guía sobre los métodos fallidos que no llevaban a resolverla. Para el año 2000 el asunto pasó a formar parte de la lista de los “siete problemas matemáticos del milenio” que, según el Instituto Clay, señalarían las tendencias y rumbos de la investigación del siglo XXI, y se ofreció un millón de dólares a quien resolviera cualquiera de ellos.

Son siete problemas matemáticos cuya resolución sería premiada, según anunció en el año 2000 el Instituto de Matemáticas Clay, de Massachusetts, con un millón de dólares cada uno. Al día de hoy solo la conjetura de Poincaré ha sido resuelta por el ruso Grigori Perelman. Los otros son:

P versus NP.

La conjetura de Hodge.

La hipótesis de Riemann.

Existencia de Yang-Mills y del salto de masa.

Las ecuaciones de Navier-Stokes.

La conjetura de Birch y Swinnerton-Dyer.



El Comercio, domingo 04 de julio de 2010

"Los langostinos no son de color negro"

A olvidarse del coctel de camarones, parihuelas o huevera arrebozada. “Chau pescau”, cebiche, chita a la sal y choritos a la chalaca. En el recuerdo sudado de corvina y los calamares en su tinta. Para comer, nada de nada de lo que nade o habite en el mar. Así estaríamos si la tragedia ecológica del Golfo de México, Estados Unidos, hubiese tenido como escenario las costas de Lima. Dicho sea de paso, recientemente el Gobierno entregó en concesión a Savia (antes Petro-Tech) dos lotes submarinos que van de Huacho a Cañete. Y que el buen Dios nos coja confesados porque si pasó allá —en el país del norte— aquí podrá pasar lo mismo, pero peor.

En Estados Unidos la indignación gastronómica contra la British Petroleum (BP), empresa responsable de que el planeta padezca una de las mayores tragedias ecológicas de la historia, no se ha hecho esperar. “Los langostinos no son de color negro” se leía en la pancarta de uno de los tantos manifestantes contra la empresa que desde el pasado 20 de abril, tras el colapso de una plataforma marina, no cesa de liberar miles de litros diarios de petróleo. Las pérdidas para la pesca artesanal e industrial ya son incalculables. Y lo mismo para la culinaria. Cangrejos, cigalas, langostinos, ostras, truchas, camarones, son tan solo algunos de los productos marinos y de agua dulce, esenciales de la reputada gastronomía regional —Cajun y Creole— de la zona del Golfo de México, que han empezado a desaparecer. Y la que ha dado la voz de alarma y se ha lanzado en una batalla legal, para interponer un pedido de “acción civil” (class action), es la conocida chef Susan Spicer, jueza de los “realities” televisivos “Iron Chef America” y “Top Chef” y propietaria de los restaurantes Bayona, Herbsaint y Cobalt en Nueva Orleans, estado de Luisiana.




La demanda de Susan Spicer contra la British Petroleum (Bayona Corporation versus Transocean Ltd. et al, U.S. District Court, Eastern District of Louisiana, 10-01839) es no solo por su negocio sino por todos los restaurantes que están desabastecidos de productos marinos tras el derrame de petróleo, un negocio que, según explica Serena Pollack, su abogada, “requiere básicamente de la disponibilidad de ingredientes marinos locales”.

La creciente y contaminante mancha de petróleo ha golpeado fuertemente este negocio pues hay menos turismo y obviamente menos comensales. Si en términos ecológicos el derrame de petróleo ha roto la base de la cadena alimenticia marina, en términos económicos ha quebrado la cadena de abastecimiento y distribución. Este tipo de restaurantes se verá afectado por largo tiempo y también la salud de las personas. Aquí ganan solo las cadenas de comida chatarra y las hamburguesas (de vacas congeladas quién sabe por cuánto tiempo) con papas fritas, los pollos engordados con maíz transgénico y las pizzas que gotean aceite.

Una región acostumbrada tradicionalmente a alimentarse con productos marinos ha visto alterada su dieta. Medio ambiente devastado en nombre del “progreso”. Sabor aplastado por la irresponsabilidad de una empresa. Cocina regional camino a la extinción por la explotación rapaz de fuentes de energía no renovable. Es el choque de dos culturas y la chef Susan Spicer (cuyo apellido curiosamente significa “sazonadora” en castellano) sienta un interesante precedente ecológico en la legislación estadounidense, al defender la culinaria y la calidad, abastecimientos y frescor de sus ingredientes.

Y aquí en 1567 tuvimos a nuestra propia Susan Spicer encarnada en los naturales de las Lomas de Atiquipa. No se trató allí de petróleo contra pescados, sino de vacas contra cultivos estacionales. Según ilustra la historiadora María Rostworowski, aquellos agricultores presentaron queja ante el alcalde de Arequipa, don Pedro Melgar, pues el ganado español pastaba y vagaba sin vigilancia y destruía sus cultivos estacionales de maíz, yuca, achira y camote. El defensor de los naturales Juan de Castro Figueroa —quizá primer abogado “verde” del país— “consiguió la imposición de cien pesos de plata corriente como sanción a los dueños de los animales”. Hoy la British Petroleum deberá pagar al menos 20 mil millones de dólares a los afectados, sin contar lo que pueda lograrse con la acción de la chef Spicer.

¿Y quién será nuestra Spicer cuando alguna de esas plataformas petroleras que se instalarán —antes que después— frente a las costas de Lima nos deje sin pescado y arruine a cebicheros y expertos chefs que crean maravillas con los productos marinos? Ojalá no tengamos que salir con pancartas en las que se lea: “La corvina no es de color negro”.
El Comercio, 03 de julio de 2010

sábado, junio 26, 2010

Fruta extraña. Han pasado setenta años desde que la potente voz de Billie Holiday reveló el trato brutal en el sur de Estados Unidos

Sur de los Estados Unidos. Años 30. El sol se filtra por entre las hojas del álamo blanco. Gotas de sangre caen hasta la raíz. Los cuervos revolotean alrededor de un hombre —quizá más— doliente como un Cristo a punto de morir o ya muerto en olor de magnolias. Ha sido linchado y colgado por ser negro, por no haberse comportado como se supone debe hacerlo un negro, o por haberse comportado como no debe hacerlo, por ejemplo, pisando la misma acera por la que anda un blanco. Hombres, mujeres y niños blancos miran sonrientes la escena, algunos toman fotos de recuerdo, otros lo hacen para mostrarle al mundo la barbarie. Hasta los años cuarenta tan horrendas fotografías se vendían como “souvenirs” en varios pueblos sureños. Fueron esas mismas imágenes las que despertaron la indignación y con ella el cambio. Billie Holiday (1915-1959) le revelaría al mundo esa realidad con “Strange Fruit” (Extraña fruta), una canción condenatoria del racismo y de los linchamientos.





Del poema a la voz

Abel Meeropol (1903-1986), un profesor judío de origen ruso, escribió —bajo el seudónimo Lewis Allan— el poema “Bitter fruit” (Fruta amarga), que describía los brutales asesinatos perpetrados en el bucólico escenario sureño. Luego lo musicalizó, convirtiéndolo en la contundente canción “Strange fruit”. El Café Society era por entonces un club frecuentado por intelectuales progresistas, uno de los primeros lugares fuera de Harlem donde se atendía a blancos y a negros. Allí, una noche de 1939, la potente y triste garganta de Billie Holiday cantó para contar.
Han pasado setenta años desde que “Strange Fruit” le reveló al mundo la maldad. Cuando Holiday estrenó su canción una encuesta señalaba que seis de cada diez sureños blancos aprobaban los linchamientos. Dos años antes, su padre había muerto porque ningún hospital aceptaba tratarlo, siempre ella diría “no lo mató la neumonía, lo mató Dallas” (ciudad de Texas).
En esa coyuntura de marginación, en una democracia cuya Corte Suprema permitía la segregación racial bajo la extraña lógica de “separados pero iguales”, Holiday desató una verdadera revolución con una canción nacida de las heridas abiertas de una sociedad llena de prejuicios y miedos, una obra de arte provocadora que logró una reacción civil y política. Esta icónica canción —considerada por algunos como la mejor experiencia de agitación y propaganda política de la historia— ha sido grabada por variedad de artistas. Billie Holiday no la tuvo tan fácil pues su casa matriz, Columbia Records, rehusó grabarla. Fue Milton Gabler, un emprendedor hijo de judíos (el mismo hombre que años más tarde uniría por primera vez en un disco a Louis Armstrong y Ella Fitzgerald), quien grabó esta canción de protesta en su sello Commodore Records.

La prohibición

“Strange Fruit“sonó muy poco en las radios, sin embargo llegó al puesto 16 en las listas de popularidad. Eran tiempos difíciles para la lucha por los derechos civiles. El ala segregacionista del Partido Demócrata jugaba un papel preponderante en la administración de Franklin D. Roosevelt. El consenso era que la batalla por la equidad racial y contra los linchamientos formaba parte de la agenda comunista. Tanto así que en 1941 el profesor Meeropol debió atestiguar frente al comité Rapp-Coudert, establecido por el estado de Nueva York para investigar la supuesta influencia comunista en las escuelas públicas. Allí se le preguntó si el Partido Comunista le había encargado o pagado la creación “Strange Fruit”. Muchos clubes impidieron que Billie Holiday interpretara el himno de una lucha, cuya exitosa culminación es, sin duda, la presencia de un presidente negro en la Casa Blanca, setenta años después de que por primera vez ella interpretara esa canción.


Canción del siglo XX
*“Strange fruit” fue calificada como la canción del siglo por la revista “Time” en 1999.
Ha sido grabada por diversos artistas, principalmente de jazz y blues, como Nina Simone (1933-2003).
*En los últimos años la han cantado Diana Ross, George Michael, Cassandra Wilson y Tori Amos.
U2 le rinde homenaje a Billie Holiday con “Angel of Harlem” (El Ángel de Harlem), en su disco Ratlle and Hum.
*En octubre de 1939 el periodista Samuel Grafton de “The New York Post” escribió “Si la rabia de los explotados en el sur alguna vez se alza lo suficiente, ahora tienen su Marsellesa”.

El Comercio, 12 de abril de 2009

"Es solo una meta"

Jordan Romero tiene 13 años y vive en California, Estados Unidos. Hace pocas semanas ingresó a la historia del montañismo al conquistar la cima del Everest, el pico más alto del planeta. Este hombrecito es la persona más joven en lograr tal hazaña. Jordan escaló 8.850 metros desde la cara tibetana de la mole. Él se ha planteado escalar las montañas más altas de los siete continentes. “Es solo una meta” respondió ingenuamente cuando le preguntaron por qué quería tal cosa. Y el chico va camino a cumplir su meta, que no es otra cosa que un paso, un sueño puesto en marcha, un sueño al que se le dedica tiempo y esfuerzo, un sueño que luego puede medirse y palparse y que se convierte en objetivo.
Jordan ya trepó cinco de las más altas montañas incluido el Kilimanjaro, en África, y le falta el pico más alto de la Antártida. Quiere estar en el techo del mundo, una y otra vez. La siguiente misión que se ha impuesto es escalar las montañas más altas de todos los estados de su país. Jordan se hará más hombre y mejor persona cada vez que suba una nueva montaña. ¿Cuál es su objetivo final? Hacer un collar con las pequeñas piedras que él mismo recoja en aquellas cumbres que se enredan con las nubes. Y ese collar, piedra a piedra, será un símbolo de disciplina, de esfuerzo, de cada paso que dio para hacerse más hombre y mejor persona. Y, sin duda, el mejor legado que pueda dejarle algún día a sus descendientes y el mejor ejemplo para sus contemporáneos. Ese collar será su éxito como ser humano.
En estos tiempos, cuando lo sombrío y el pesimismo se cuelan por todas las rendijas, Jordan Romero es una luz. El gran porcentaje de jóvenes sin rumbo, que tanto preocupan a sus padres, justamente no tiene metas. Sin metas vamos perdidos pues es imposible conocerse a sí mismo, saber lo que se quiere y ser capaces de reconocer el propio potencial. Es no tener un proyecto de vida o, lo que es lo mismo, desaprovechar los días que se nos han dado para ser felices, construir, dar el ejemplo y ayudar a mejorar el mundo en que vivimos. Sin metas no se alcanzan los objetivos, es como embarcarse sin saber a dónde iremos, es remar en círculos sin tratar de volver a la playa, llegar a un puerto o alcanzar una isla lejana. Es agotarse por agotarse y simplemente sobrevivir hasta que las fuerzas se acaben. Vivir es saber dónde queremos llegar. Lo mismo que gobernar. Muy fácil es reconocer al político sin rumbo, cuyo discurso está divorciado de su accionar porque no se ha trazado metas ni objetivos (allí están los “comepollos”, los “robaluz” y tantos otros que avergüenzan la política nacional). Nuestras autoridades están para trazar caminos en bien de todos y todas, para trabajar y obtener lo que el país requiere, eliminando los obstáculos. Hay líderes como Jordan que escalan montañas e inspiran a los pueblos a sacar lo mejor de sí, a crecer, pero hay otros como los hermanitos Castro o el insoportable Chávez, por ejemplo, que reman en círculo arrastrando a sus países hacia la nada.
El Comercio, 26 de junio de 2010

sábado, junio 12, 2010

Dolor de mar


Ayer se ha recordado el centenario del nacimiento del oceanógrafo, explorador, inventor, oficial naval y documentalista francés Jacques Cousteau (1910-1997). Este hombre se sumergió en todos los mares, recorrió la mayoría de ríos, llegó hasta un nevado arequipeño para enseñarle al mundo dónde nacía el Amazonas y alguna vez dijo: “La felicidad de la abeja y la del delfín es existir. La del ser humano es descubrir esto y maravillarse por ello”. Cousteau dedicó su vida a recordarnos que “el mar, el gran unificador, es la única esperanza del hombre. Ahora, más que nunca, aquella vieja frase tiene un sentido literal: estamos todos en el mismo barco”.
¿Qué diría el comandante frente a lo ocurrido en el Golfo de México, la mayor tragedia ecológica jamás registrada? Desde hace casi dos meses más de cuarenta mil barriles de petróleo diarios —recién ahora se sabe la cifra exacta— fluyen desde el fondo marino por la desidia de la British Petroleum y el relajo ambiental del gobierno de Barack Obama. Ese petróleo mata todo a su paso y genera pérdidas multimillonarias a los pescadores artesanales y a la industria turística de al menos tres estados. Las autoridades estadounidenses han solicitado, por segunda vez en menos de un mes, ayuda urgente a la Unión Europea (UE) ante el evidente fracaso de sus esfuerzos por contener el imparable chorro de crudo. Y todo esto a días de haberse “celebrado” el Día Mundial de los Océanos, bajo el lema “Nuestros océanos: oportunidades y desafíos”, lo que francamente a estas alturas suena a broma de mal gusto.
En la coyuntura de preocupación mundial por la gravedad de lo ocurrido en el Golfo de México el Gobierno Peruano ha aprobado la exploración petrolera frente a las playas limeñas (desde Huacho a Cañete). “Muchas personas atacan al mar, yo le hago el amor”, decía poéticamente Cousteau y nuestro queridísimo gobierno, sin dosis alguna de poesía y más bien con alevosía, viola abiertamente nuestro mar, amenaza nuestra tranquilidad playera y prepara un escenario en el que puede desembocarse un desastre mayor que el generado por la British Petroleum en aguas estadounidenses.
¿Ante esa tragedia ecológica, la más grande de la historia, no era lógica una moratoria para tales actividades, habida cuenta de que nuestra costa central es un área altamente sísmica? Pero como bien decía el explorador francés: “La gente protege aquello que ama”, y estos son, lamentablemente, tiempos de desamores y dolores.
Pero la naturaleza se comunica constantemente y solo hay que tener el corazón abierto para entenderla. Ayer, como poderoso símbolo de la agonía de los océanos, una ballena jorobada (yubarta) de 25 toneladas y algo más de diez metros, yacía muerta en la orilla de la playa de Jones Beach, Nueva York, muy lejos de la zona del desastre petrolero. Quienes la vieron no deben haber podido pasar por alto su poderoso mensaje.

La Amazonía o la ilusión del conocimiento


Para las postales somos la sierra con sus picos nevados, sus praderas de ichu pacidas por vicuñas y sus pueblitos de callejuelas empedradas, coloridas por los ponchos de sus pobladores arreando llamas. Según los censos, somos costa, pues la mayor parte de la población —cerca del 60%— se concentra cerca del mar. En términos de espacio nuestro país —Perú se llama, por si lo han olvidado quienes actúan como los hijos mejores de otras tierras— es esencialmente amazónico. Más del 70% de nuestro territorio es Amazonía, así con tilde en la “i” para evocar “lejanía” y no porque la palabra —no castellana— lo requiera. El año pasado los sangrientos sucesos en la Curva del Diablo desembocaron en el “baguazo” y visibilizaron a nuestra selva y a sus problemas de modo irreversible.
“Tres cosas hay extremadamente duras: el acero, un diamante y el conocimiento de uno mismo”, escribió Benjamín Franklin (1706-1790), estadista, científico, periodista y uno de los padres de la independencia y democracia estadounidenses. Desconocer nuestra realidad geográfica demuestra la verdad de su dicho y las recientes declaraciones del congresista Guido Lombardi, también. El señor Lombardi, presidente de la comisión que investiga la tragedia del “baguazo”, lamentó que el gobierno “ha hecho muy poco” para evitar que se repitan ese tipo de sucesos. ¿Perdón? ¿El gobierno? ¿No habla un congresista y como tal parte de la estructura de gobierno por más oposición que sea o se crea? Duro resulta conocerse.
La cita de Franklin abre el libro “El gorila invisible”, de Christopher Chabris y Daniel Simons, investigadores de temas de psicología. Chabris y Simons sostienen que creemos vernos y ver al mundo como es. La publicación es, en parte, un catálogo de los grandes fracasos derivados de lo que ellos llaman “ilusión”: la ilusión de la atención, de la memoria, del conocimiento, de la confianza, de la causa y del potencial. Esto, dicen, resulta en “una creencia distorsionada albergada en nuestra mente no solo equivocada sino equivocada de modo peligroso”.
Esas creencias distorsionadas fueron la semilla de la tragedia de Bagua. Quienes forman parte del gobierno no tienen idea de quiénes son ellos mismos y menos quiénes somos nosotros. Así y todo pretenden imponernos leyes nacidas de su “ilusión del conocimiento” (es decir de su ignorancia) cuando no de la cuchipanda bajo la curul (“ilusión de la confianza”, creyendo que nadie los descubrirá). Para no mencionar la frivolidad, como la Resolución Suprema 015-2010, epifanía del doctor Alan García instaurando el Día del Ron Peruano y que este año coincidía con el aniversario de los sucesos de Bagua (los productores de la bebida, respetando el luto de las familias de las víctimas y el sentir del país, han corrido la celebración).
A un año de la fatídica jornada, 70% de la Amazonía está concesionada para su futura y posible explotación petrolera y gasífera, pero de resolver la problemática indígena nada. Un experimento de Chabris y Simons demostró la incapacidad del ser humano para ver lo obvio aunque esté frente a sus ojos. ¿A todo esto, cuando oímos la palabra Amazonía pensamos en árboles o en gente?

El Comercio, 05 de junio de 2010

domingo, mayo 30, 2010

Podríamos empezar por soñar


Mi mamá dice que Barack Obama se llevará a quienes no tienen sus papeles, y ella no los tiene” le dijo la niña peruana Daisy Cueva a la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, en una escuela. La sinceridad de la chiquita de 7 años desató la polémica, los medios de comunicación y algunos congresistas propusieron retomar el debate y avanzar con la frustrada reforma migratoria de la administración Obama. Daisy es hoy la cara de la inmigración en un país donde más de 12 millones de inmigrantes indocumentados —como su mamá— viven, sueñan y trabajan para prosperar. Bastó un instante para que su temor de verse separada de su madre impactara profundamente en la interminable y abstracta discusión sobre la problemática que se da en el universo paralelo de los adultos, donde la niñez no tiene voz y quizá por ello sea un perverso laberinto de intrigas y mezquindades.
A los 11 años, Jack Davis Suero, hijo y nieto de peruana, almorzaba en un restaurante-bufet (de esos “sírvase todo lo que pueda comer”) cuando preguntó: “¿Qué hacen con lo que no se consume?”. La respuesta lo dejó perplejo: “Va al tacho”. No le gustó que en el estado de La Florida —donde vive con su familia— se desecharan alimentos en buen estado. “Así es la ley, por cuestiones sanitarias y para proteger a los restaurantes de demandas”, le comentó su padre, abogado él, racional y lógico. A Jack no le pareció buena, lógica ni racional una ley que obliga a deshacerse de algo vital para “tantos pobres, gente buena pero con poca suerte que no tienen qué comer”. Decidió cambiar las cosas y empezó a enviar correos electrónicos a las autoridades. Los medios volcaron su atención hacia tan cándida campaña y un par de senadores también. Para acortar el cuento, en el 2008 se aprobó la ley “Jack Davis, Florida echando un mano de ayuda”, que permite a los restaurantes entregar sus sobras no utilizadas a las instituciones y personas que lo requieran. Hay cosas que en el apurado universo adulto simplemente “son así” y para niñas y niños eso significa simplemente que pueden “ser asá”.
En Londres, Charlie Simpson de 7 años, decidió que no seguiría inmóvil frente a la tele impactado por las imágenes del terremoto de Haití. Dejó eso para los “grandes” y decidió recaudar fondos. En la página web JustGiving.com escribió que usaría su bicicleta para recorrer el South Park “todas las veces que fuera posible” y así conseguir lo necesario para comprar comida, agua y carpas. Y así lo hizo con alegría y vitalidad hasta recaudar unos 200.000 euros que entregó a Unicef. Los niños no hacen discursos, tienen ideas que ponen en práctica y como el “fracaso” no está en su imaginario tienen éxito.
Los adultos no tenemos mucho que enseñarles a los pequeños terrícolas —como no sea a leer, escribir, sumar y restar— más bien deberíamos aprender de ellos: expulsar del juego al que hace trampa, disfrutar de la competencia en equipo, identificar al mejor líder para el grupo, imaginar y sentir empatía por el otro. Cuando un pequeño pregunta: ¿Por qué llora ese niño?, muestra esa empatía.
Todo lo malo que pueda haber en una niña o en un niño ha sido inoculado por algún adulto: prejuicio, violencia, desidia, insensibilidad por los demás.
“Nosotros soñamos con la perfección” —dice Adora Svitak, poeta, narradora e influyente bloguera estadounidense de 12 años— y añade: “Y esto es bueno porque para que algo se vuelva realidad primero hay que soñarlo. Nuestra audacia para imaginar ayuda a empujar las fronteras de lo posible”.
Viendo las barbaridades perpetradas por los mayores —como esa tal jueza Jessica León Yarango que buscó los resquicios de la ley para liberar a la terrorista Lori Berenson— resulta preferible y más seguro contar con autoridades de 7 años de edad.


El Comercio, 29 de mayo de 2010

Agricultura orgánica y biodiversidad


A lo largo de los siglos la agricultura contribuyó a enriquecer la diversidad biológica del planeta, a proteger los ecosistemas y conservar el hábitat de la flora y fauna nativas. Ni bien comenzado el siglo XXI esta misma actividad —hoy intensiva, extensiva, de monocultivo y dependiente de pesticidas— fue señalada como una seria amenaza para el 70% y el 49% de especies de aves y plantas, respectivamente, según la “Lista Roja” de especies en peligro de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés). La destrucción y contaminación de hábitats, asociadas a las actividades agrícolas contemporáneas, es una de las principales causas de pérdida de diversidad biológica o biodiversidad. Hoy se depredan bosques para sembrar un único producto, contaminándose suelos y fuentes de agua superficiales con la serie de venenos usados para combatir las plagas.
Los hombres y mujeres de la antigüedad hicieron las cosas de manera muy distinta: domesticaron las plantas silvestres transformándolas en alimento y crearon no una sino, en algunos casos, miles de variedades de la misma especie. Tomemos por ejemplo la papa —en estado silvestre venenosa—, un tubérculo que forma parte de los cuatro alimentos más importantes de la dieta mundial moderna. En el Perú Antiguo mediante experiencias de campo, selección y cruce se la hizo comestible y hoy exhibimos con orgullo la cifra de más de 3.000 variedades nativas desarrolladas antaño. La agricultura del ayer fue un culto a la tierra, en los campos se cultivaban especies varias (policultivo) y estos se convirtieron en nuevos hábitats, se crearon nuevos paisajes y se respetaron los ecosistemas.
A mediados de los años 90 del siglo XX, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, investigó e impulsó la agricultura orgánica —actualmente en vertiginoso crecimiento— por constatarse su contribución a frenar la degradación ambiental, a mantener el equilibrio ecológico, a restablecer y aumentar la biodiversidad y permitir a las especies silvestres brindar una serie de importantes servicios ecológicos como “la polinización, el control de plagas y el mantenimiento de la fertilidad del suelo [...] La agricultura orgánica apunta a optimizar la calidad en todos los aspectos de la agricultura y del medio ambiente, mediante el respeto de la capacidad natural de las plantas, de los animales y del paisaje”.
Pese a la crisis económica global, el mercado para los orgánicos ha venido creciendo sostenida y vertiginosamente. Los consumidores han redescubierto los sabores de aquello cultivado de modo natural (tomate con sabor a tomate y no a plástico o a nada) y prefieren una alimentación más sana y segura. La tendencia gastronómica del siglo XXI se enfoca también en lo orgánico, algo para lo que el Perú tiene grandes ventajas comparativas. Y lo mejor de todo: comiendo los sabrosos y saludables alimentos libres de pesticidas y de manipulaciones genéticas podemos contribuir con la conservación de la naturaleza.


El Comercio, 22 de mayo de 2010

miércoles, mayo 19, 2010

Dime para quién gobiernas y te diré quién eres


“El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”, dijo el libertador Simón Bolívar en un discurso el 15 de febrero de 1819, durante la instalación del Congreso de Angostura.
En el rubro “sistemas de gobierno” el Perú ha sido un laboratorio de experimentos varios: dictaduras civiles y militares, autocracias, democracias, caudillismo, golpes de izquierda y derecha. De todo y para todos los gustos, pero hablemos sinceramente —con la mano sobre el corazón como quien va a cantar el himno nacional— ¿en algún período de nuestra historia algún sistema ha producido algo parecido a lo referido por Bolívar? No que sepamos, no que se recuerde ni que nos lo hayan comentado nuestras abuelas o abuelos. Vamos, ¿alguien en su sano juicio tiene un arrebato de felicidad al recordar a alguno de los que han pasado por Palacio de Gobierno? La dicha más bien llega cuando parte uno y entra el siguiente, por supuesto para desencantarnos siempre antes que después. Pese a todo, “de los sistemas de poder existentes, el Gobierno es el único que, en principio —y a veces de hecho—, responde al público y puede restringir las depredaciones del poder privado”, ha escrito el lingüista y activista político estadounidense Noam Chomsky. Y es que el gobierno es el único capaz de encauzar las legítimas apetencias del sector privado y sentar las bases para una relación armónica entre las necesidades de la población y la de los inversionistas. Complicada tarea esta de armonizar los dos extremos de tan enredado ovillo.
Chomsky explica que “alentar el sentimiento antifiscal es característica de la propaganda empresarial. Se adoctrina a la gente para odiar y temer al Gobierno”. Así nuestra zurda criolla, los antisistema y los eternos moralizadores que deshilachan al Ejecutivo por quítame estas pajas, abonan el terreno para que las grandes corporaciones —a las que creen combatir— controlen todo fácilmente, incluido al ungido por el voto popular. El lingüista nos recuerda que “las empresas favorecen un Estado poderoso que [...] incluso las rescate cuando destruyen la economía”, refiriéndose a los responsables de desencadenar la crisis estadounidense, que viven hoy muy tranquilos mientras un alto porcentaje de pobladores lo perdió todo.
Ahora bien, ¿son nuestros gobiernos resistentes para no sucumbir ante el más poderoso? Bolívar —siempre tergiversado por el impresentable Hugo Chávez— dijo en Angostura: “En las repúblicas el Ejecutivo debe ser el más fuerte, porque todo conspira contra él [...]. Por lo mismo que ninguna forma de gobierno es tan débil como la democrática, su estructura debe ser de la mayor solidez”. Así las cosas, compete a la población reforzar la institucionalidad democrática, señalando los yerros del gobierno sin caer en la satanización ni en la negación de sus logros. Y, señor presidente, no espere que saltemos de felicidad por usted, pero al menos recuérdenos más a menudo que gobierna por el bien de todos.
El Comercio, 15 de mayo de 2010

Cada planta es un universo


En Ayacucho —según anotó el sabio Eric Santiago Antúnez de Mayolo Rynning— es costumbre que en las últimas semanas de embarazo y en el proceso de parto, las mujeres coman olluco porque “ayuda a que el niño resbale”. Así lo dicen por experiencia, y es que el delicioso y nutritivo tubérculo andino ayuda, entre otras cosas, a las contracciones. En las zonas más altas de Cusco, Puno y La Paz, las mujeres con problemas de fertilidad consumen kiwicha morada con muy buenos resultados, y se recomienda la quinua negra —variedad casi desaparecida— para tratar y curar males pulmonares, inclusive la tuberculosis. La lúcuma es hoy objeto de profundos estudios como insumo de una medicina para la esclerosis múltiple. A lo largo y ancho de nuestro país, los campos de cultivo ofrecen una asombrosa variedad de plantas alimenticias con insospechadas propiedades. Un tesoro vegetal que se va esfumando. La agrodiversidad se pierde y se fomenta —con buenas intenciones y enorme ignorancia— el monocultivo. Esto para desgracia de todos.
Como los campos, nuestros bosques son también fuente de especies de flora utilísimas. Algunas de ellas ya utilizadas para producir fármacos, como el famoso veneno amazónico, curare incluido en uno de los más efectivos tratamientos contra el mal de Parkinson. El sacha inchi, o maní inca, no deja de sorprender por su alto contenido de Omega 3 y sus propiedades para proteger el sistema cardiovascular así como las neuronas y la memoria.
La medicina occidental sabe aprovechar la flora y extraerle sustancias irreemplazables. Por lo pronto el doctor Eric Santiago Antúnez de Mayolo está convencido que el huanarpo macho es el gran secreto detrás del Viagra. Así tenemos, de paso, que el gran tesoro natural termina siendo usurpado sin que nos enteremos, y beneficiando a otros muy distintos que las comunidades depositarias de las valiosas especies.
El biólogo estadounidense Edward O. Wilson (1929), estudioso de la biodiversidad, escribió: “Los productos naturales han sido llamados los gigantes durmientes de la industria farmacéutica. Una de cada diez especies de plantas contienen compuestos con alguna propiedad contra el cáncer, por ejemplo”.
Esto debería ayudarnos a reflexionar sobre la necesidad de proteger nuestros campos de cultivos, nuestras variedades agrícolas, nuestros bosques y selvas que no son otra cosa que inmensos botiquines verdes que necesitamos conocer más a fondo, para beneficio de nuestra economía y la salud del planeta. El Perú cuenta con un fabuloso banco de recursos fitogenéticos medicinales para el futuro. ¿Algún plan de desarrollo lo toma en cuenta? Si es por flojera de nuestras autoridades habría que darles hojas del “capa joboshco” (huevo de coto, en castellano), un arbusto utilizado por el pueblo shipibo-conibo, justamente para combatir la flojera, ese mal nacional tan insoportable y peligroso.


El Comercio, 08 de mayo de 2010

sábado, mayo 01, 2010

La gran tragedia ecológica del siglo XXI

La industria pesquera de Louisiana, Estados Unidos, sufrirá pérdidas estimadas en más de US$2.500 millones. La Florida calcula que el impacto sobre el turismo costero —el principal rubro de ese estado— será de unos tres mil millones.
El pasado 20 de abril —paradójicamente dos días antes de celebrarse internacionalmente el Día de la Tierra— ocurrió la primera gran tragedia ecológica del siglo XXI y una de las peores de la historia. Una plataforma de la British Petroleum (BP) en el Golfo de México explotó, se hundió y empezó a liberar alrededor de 5.000 barriles de crudo diarios (cada barril derramado puede llegar a cubrir hasta 40.000 metros cuadrados de superficie marina). Bajo la mancha oscura —que ya se ha extendido sobre más de 1.500 kilómetros— el mar se hace inhabitable. El crudo ya alcanzó el delta del río Mississippi, un refugio de vida silvestre y una zona de piscicultura en la costa de Louisiana, acercándose ahora al norte de La Florida.
El Golfo de México es una cuenca marítima trinacional, entre los litorales de Estados Unidos, Cuba y México. Posee uno de los ecosistemas con mayor diversidad biológica del mundo, con islas y arrecifes de coral y la única playa conocida de desove de la tortuga marina Kemp Ridley, o tortuga cotorra, especie al borde de la extinción. Una zona de espectacular belleza donde se pueden observar especies raras como el manatí o vaca marina, delfines, orcas y ballenas jorobadas, además de variedad de aves marinas y de orilla como las grullas, entre otras.



El desastre ambiental juega, sin duda, en contra de la popularidad y credibilidad del presidente Barack Obama, quien pese a su “verde” discurso de campaña el pasado 31 de marzo tuvo la ocurrencia de levantar una moratoria que, desde hace dos décadas, impedía a las compañías estadounidenses explotar petróleo en aguas cercanas a la costa. El accidente de la BP explica las razones de aquella moratoria que frenó la proliferación de estas instalaciones.
El derrame de crudo en el mar es un grave problema ambiental. Al entrar en contacto con el agua marina, flota y forma una película sobre la superficie. La capa bloquea el paso de la luz solar e impide que el fitoplancton y las algas realicen la fotosíntesis. Se rompe la base misma de la cadena alimenticia y de la oxigenación de las aguas. Los peces, moluscos, crustáceos y algas literalmente se asfixian, y las aves que se posan sobre el mar quedan atrapadas en la grasa. Las especies sobrevivientes migran y la zona se ve empobrecida de vida. Pasarán varios años —por más dólares que la British Petroleum invierta en recuperación ambiental— para que las cosas vuelvan a su estado anterior.
Esperemos, de paso, que nuestras autoridades comprendan el mensaje y que no sigan autorizando con tan sospechoso frenesí la operación de plataformas petroleras en nuestra costa. Hay playas del norte donde estas moles de perforación dominan el paisaje a escasos metros de la reventazón.

sábado, abril 24, 2010

Agua que has de cuidar en medio del calentamiento global


En términos generales podríamos decir que la Tierra es un cántaro que rebosa agua. Tres cuartas parte del planeta están cubiertas por ella. Pero no todo son buenas noticias, apenas 2,5% es dulce y menos de la mitad de ese porcentaje es de fácil acceso. En pleno siglo XXI más de 1.200 millones de personas —principalmente en América Latina, África y Asia— padecen en mayor o menor grado la escasez del vital recurso del que depende la supervivencia humana, la flora y la fauna, la producción de alimentos, todos los procesos productivos que sostienen la economía y la estabilidad política.
Hace 4.500 años dos ciudades de la antigua Mesopotamia se enfrentaron por los ríos Tigris y Éufrates, al sur del actual Iraq. Es el más antiguo registro de un conflicto relacionado con el agua. Hoy algunos consideran que el acceso a las fuentes de agua dulce será la principal razón de las guerras del siglo XXI. Vamos, digamos que hay quienes consideran que el agua es el “petróleo” de este milenio. Pero el hidrogeólogo Aaron Wolf, director de la base de datos “Conflictos transfronterizos sobre el agua” y profesor de la Universidad de Oregon, Estados Unidos, no lo cree. Sostiene Wolf: “Las guerras por el agua no tienen sentido. Luchando con el vecino no se incrementan las reservas a menos que uno pueda apoderarse de la cuenca hidrográfica del otro y despoblarla sin correr el riesgo de terribles represalias”. Así descarta conflictos armados por este recurso. Ahora bien, habrá que esperar saber qué opina sobre los cambios políticos y sociales derivados del agua de lluvia, según una reciente investigación publicada en la revista “Science”. El prestigioso medio científico acaba de sacar a la luz los resultados de un estudio de los anillos de los árboles en Asia, que ha logrado registrar las sequías ocurridas en esa región en los últimos mil años y, además, trazar un paralelo con complejos acontecimientos históricos.
Las lluvias del monzón asiático garantizan el alimento a casi media población mundial, su ausencia es sinónimo de hambruna. Los anillos de los árboles revelaron cuatro grandes sequías. Una significó el ocaso de la dinastía Ming en 1644; otra —entre 1756 y 1768— precipitó el colapso de los reinos de lo que son hoy Vietnam, Myanmar y Tailandia. Desde hace buen tiempo los historiadores especulaban que el clima podría haber estado relacionado con los abruptos sucesos políticos simultáneos en esos tres reinos (hasta este estudio no existía registro histórico de esta gran sequía).
La investigación, sin duda, contribuirá para que los historiadores, sociólogos, politólogos y antropólogos comprendan mejor cómo los asuntos ambientales afectan el devenir de la historia, generando profundas transformaciones sociales y políticas. Un campanazo también para cuidar un recurso fundamental y, al mismo tiempo, vislumbrar qué puede traernos el cambio climático.


El Comercio, 24 de abril de 2010

sábado, abril 17, 2010

El mensaje del volcán

La Pachamama habla y manda mensajes de lo más extravagantes. Que estemos dispuestos a comprenderla es otro cantar. En Islandia —isla entre el mar de Groenlandia y el Atlántico Norte, en el extremo noroeste europeo—, un volcán no cesa de expulsar cenizas al aire y con ello la naturaleza se ha encargado de mostrar cuán unidos estamos como “terrícolas”.
Este acto lejano y aislado ha impactado la vida de millones de personas y diversas actividades. Si a alguien le quedaba duda de que “la contaminación no reconoce fronteras”, allí está la nube negra expandiéndose por gran parte de Europa, paralizando hasta el 50% de vuelos aéreos —de pasajeros y de carga— obligando a cerrar aeropuertos, dejando a millares sin poder llegar a sus hogares y llevando a otros tantos a postergar citas de negocios.



El volcán está situado bajo un glaciar de nombre casi impronunciable —Eyjafjallajokull— y el avance de la lengua de cenizas dicta cátedra, ayudando a comprender que lo mismo ocurre con los invisibles gases con que contaminamos nuestra atmósfera (industriales, quema de combustible, del transporte, etc.), amén de otros desechos.
Cada año unos 55 mil compuestos químicos —dos mil de ellos cancerígenos— son expulsados al aire, a los mares, ríos y suelos; tales venenos viajan más allá de su punto de origen, aunque no sean visibles como lo es la nube del volcán.
Este jueves 22 de abril, alrededor del globo se conmemora el Día de la Tierra, creado en 1970 por el senador demócrata Gaylord Nelson (1916-2005) en un intento de sensibilizar, justamente, sobre el debido cuidado que debemos tener con cada rincón del planeta pues lo que afecta a un lugar terminará por impactar en muchos más.
El volcán islandés y su interminable nube de cenizas lo confirman (aunque esto no haya sido por mano humana).
Islandia, pequeña isla bastante alejada del continente europeo, tierra de la icónica y genial cantante Björk, es un país de glaciares y gran actividad volcánica y geológica. Hoy ocupa las primeras planas por el volcán pero tiene un mensaje más. Hasta la crisis económica global del 2008, su capital Reikiavik era un modelo de crecimiento sostenido de riqueza.
A lo largo de casi toda la primera década del siglo XXI el país, con poco más de 300 mil habitantes, fue una de las economías más prósperas de Europa y la sexta nación más rica de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
De pronto colapsó: su moneda perdió más del 50% de valor, en un solo día la bolsa cayó más de 76% y la banca desapareció. ¿Razones? La desregulación veloz de los mercados en el 2003 (especialmente deficiente en el caso de su banco central), la especulación financiera, pero principalmente la ambición de los tres mayores bancos de la isla y de una generación de jóvenes empresarios que invertía esperando ganancias al más corto plazo.
¿Mensaje? La codicia es pésima consejera.
El Comercio, 17 de abril de 2010

martes, abril 13, 2010

"Cacería" contra la Iglesia Católica, denuncia periodista peruana


La periodista peruana Martha Meier publicó recientemente un artículo en el diario El Comercio en el que denuncia una frontal "cacería contra la Iglesia Católica" con la campaña mediática difamatoria que busca enlodar al Papa Benedicto XVI ante los casos de abusos sexuales cometidos por algunos miembros del clero.

En opinión de Meier, los sectores que buscan ensuciar al Santo Padre son aquellos que "buscan resucitar su ideología caduca" desprestigiando "a la institución cuyos miembros fueron martirizados en su batalla por la libertad, brindando fe, esperanza y la fuerza espiritual para que el pueblo se rebelara contra las dictaduras que asfixiaron Europa del Este por décadas".

Tras comentar que sobre los sacerdotes abusadores debe caer todo el peso de la ley, la periodista cuestiona: "¿Los que se rasgan las vestiduras por los actos abominables de pederastia, están realmente preocupados por la niñez? ¿Quienes derraman cataratas de tinta sobre el tema, buscan la verdad? La respuesta es no".

Para Meier, "a través de la desinformación o la sobreinformación deleznable, que es lo mismo, se descalifica a la Iglesia Católica, se colectivizan las responsabilidades y se pretende crear sensación de culpa –y equívoco– a los acerca de dos mil millones de católicos".

Luego de recordar que este texto no busca defender a ningún tipo de pedófilo, la periodista peruana recuerda que "el abuso sexual a niños preadolescentes por sacerdotes es la excepción y no la norma. Las cifras revelan que es una situación poco común que involucra al 0,3% del clero".

Seguidamente compara el tratamiento que se le da a los escasos casos en la Iglesia con los de agencias humanitarias, por ejemplo, de la Naciones Unidas en zonas de emergencia.

"¿Deben desaparecer las fuerzas de paz de la ONU? ¿El actual secretario general Ban Ki-moon y sus antecesores son responsables?", cuestiona. "Si siguiéramos la lógica de los anticlericales habría que responsabilizarlos pues los hechos continúan, allí donde debe llevarse ayuda a los más necesitados", explica.

Martha Meier señala luego que "las instituciones –particularmente las que tienen impacto en la conciencia pública, incluidos los medios– deben contar con políticas de supervisión y sanción a sus afiliados pero de allí a desatar una cacería contra la Iglesia haya una distancia enorme".

"Lo primero es parte de la construcción de la democracia, lo segundo es terrorismo blanco, oportunista y perverso", concluye.

sábado, abril 10, 2010

Un gran negocio que el Perú no puede perder

EL “BOOM” DE LOS PRODUCTOS ORGÁNICOS

El Perú podría convertirse en la gran despensa mundial de productos orgánicos. Estamos hablando de uno de los sectores económicos con mayor dinamismo y crecimiento acelerado. Según la consultora británica “Organic Monitor”, en el 2001 el mercado orgánico movió la friolera de 26 mil millones de dólares. Para el 2008, apenas siete años después, la cifra bordeaba los 80 mil millones y hoy supera los 100 mil millones. Nada despreciable.
Alrededor del globo las cadenas de supermercados facturan hasta 10% anual, por estos alimentos orgánicos o “ecológicos”. En Alemania, los países escandinavos y Estados Unidos proliferan los biosupermercados donde los consumidores encuentran alimentos de la mayor pureza.
Nuestro país, con su diversidad de climas y suelos, con su insuperable biodiversidad y variedad de frutos, granos, tubérculos, plantas comestibles y su proverbial gastronomía, tiene en lo orgánico una veta por aprovechar. Ya lo ha repetido incansablemente el ministro del Ambiente Antonio Brack: “El gran futuro de la agricultura en el Perú es la producción de alimentos orgánicos”.




Prom-Perú revela que este año exportaremos más de 100 millones de dólares solo en productos nativos, como sacha inchi, yacón, maca, camu-camu y otras propias de nuestras tierras. Todos estos alimentos tienen algo en común: por su procedencia y forma de cultivo pueden llegar a calificarse como “orgánicos” (libres de pesticidas, herbicidas, fertilizantes sintéticos) y, también de cualquier manipulación biotecnológica que le haya introducido genes de otras especies (por ejemplo, genes de pescado del ártico a una fresa para que resista cultivo bajo nieve).
Los exportadores de mangos, paltas, mandarinas, cacao, café y otras especies han tenido que adoptar prácticas “orgánicas” por las exigencias de los mercados. El 16 de julio del 2007, el especialista Fernando Cillóniz, de Inform@cción, explicaba: “La agricultura de exportación está tendiendo a lo orgánico. ¿Por qué? Porque uno vende espárragos frescos, uvas de mesa, mangos, bananos, etc., y cada vez el mercado es más exigente”. Así se lo dijo a Manuela Núñez, en Palestra, portal de asuntos públicos de la PUCP. Y no le faltó en aquel entonces visión ni razón pues las tendencias y las preferencias de los consumidores son hacia lo “verde”. ¿Después de todo alguien en su sano juicio escogería una naranja “bañada” con varias dosis de venenos químicos, en vez de una que solo recibió agua, sol, abonos naturales y cuyas plagas fueron controladas con insectos benéficos? Demostrado está que los consumidores optan por la segunda opción y que están dispuestos a pagar un poco más por lo natural. Desde hace ya buen tiempo, los restaurantes más exclusivos del mundo han optado por esta vertiente y conocidos chefs y figuras de la farándula le han dado el espaldarazo a esta sana y rentable alternativa.
Si alguna revolución presenciará nuestra generación será la de los orgánicos, un movimiento en proceso de masificación y con alta rentabilidad. El empresario estadounidense Gary Hirshberg, director ejecutivo de Stonyfiel Farms, dijo en una feria especializada: “Lo nuestro nunca solo fue un negocio. Estamos aquí para cambiar el mundo”. Pues bien, el Perú tiene hoy la gran oportunidad de mejorar el mundo haciendo excelentes negocios.
El Comercio, 10 de abril de 2010

Cacería contra la Iglesia Católica

VILES ATAQUES CONTRA EL PAPA BENEDICTO XVI

Para algunos la única manera de sentirse mejor es denigrando al resto. Para otros, resucitar su ideología caduca pasa por desprestigiar a la institución cuyos miembros fueron martirizados en su batalla por la libertad, brindando fe, esperanza y la fuerza espiritual para que el pueblo se rebelara contra las dictaduras que asfixiaron Europa del Este por décadas. De esos sectores es que emana la campaña desatada contra la Iglesia de Roma y el papa Benedicto XVI.
Los actos —infrahumanos y degenerados— de sacerdotes pedófilos tienen que ser castigados con todo el peso de la ley. La cadena perpetua y la castración química deben ser el destino de todos aquellos —sin distinción— que violentan la inocencia de un niño o una niña. Pero justos no pueden pagar por pecadores e imperdonable sería no pronunciarse sobre el vil ataque dirigido contra el Santo Padre. Y aquí surge un par de preguntas: ¿Los que se rasgan las vestiduras por los actos abominables de pederastia, están realmente preocupados por la niñez? ¿Quienes derraman cataratas de tinta sobre el tema, buscan la verdad? La respuesta es no. Una mínima y real preocupación por la niñez se reflejaría en mayor información circulando sobre el abuso sexual infantil, más presencia en la agenda pública y en los presupuestos nacionales (en nuestro país, uno de cada tres niñas y niños sufre algún tipo de abuso). A través de la desinformación o la sobreinformación deleznable, que es lo mismo, se descalifica a la Iglesia Católica, se colectivizan las responsabilidades y se pretende crear sensación de culpa —y equívoco— a los cerca de dos mil millones de católicos.
Que quede claro, aquí no defendemos a los pedófilos, sean curas, tablistas o maestros, pero no está de más recalcar que el abuso sexual a niños preadolescentes por sacerdotes es la excepción y no la norma. Las cifras revelan que es una situación poco común que involucra al 0,3% del clero. Según datos del periodista Luigi Accatoli, en los últimos 15 años en Alemania —tierra del Papa— se denunciaron 210 mil casos de abuso sexual contra menores, 94 de estos relacionados con sacerdotes católicos (0,04%). ¿Por qué solo esos 94 casos reciben atención? ¿Los otros 209.906 niños alemanes no merecen ser defendidos y sus ofensores castigados? Es lógico que la indignación sea mayor cuando el abuso proviene de quienes han de promover la virtud y proteger a los más pequeños. No se vio, sin embargo, tal indignación cuando Save the Children denunció que es común el abuso sexual contra menores por parte de trabajadores “humanitarios y fuerzas de paz”, de Naciones Unidas. Las principales acusaciones son por: “intercambio de comida por sexo, sexo forzado, prostitución, pornografía, esclavitud sexual, ataque sexual y tráfico de niños”. ¿Deben desaparecer las fuerzas de paz de la ONU? ¿El actual secretario general Ban Ki-moon y sus antecesores son responsables? Si siguiéramos la lógica de los anticlericales habría que responsabilizarlos pues los hechos continúan, allí donde debe llevarse ayuda a los más necesitados.
Las instituciones —particularmente las que tienen impacto en la conciencia pública, incluidos los medios— deben contar con políticas de supervisión y sanción a sus afiliados pero de allí a desatar una cacería contra la Iglesia hay una distancia enorme. Lo primero es parte de la construcción de la democracia, lo segundo es terrorismo blanco, oportunista y perverso.




El Comercio, 03 de abril de 2010

Cuando el fin justifica los medios todo está perdido

LA PULCRITUD COMO BASE DE LA CIVILIZACIÓN

Cuando todo vale y el fin justifica los medios la sociedad humana vuelve a la oscura y húmeda caverna prehistórica, alejándose del fuego vital de la civilización. Solo la pulcritud y la coherencia de cada acto cotidiano —individual o colectivo, privado y político— garantizan la vigencia del Estado moderno de derecho y de todas las abstracciones sobre las que se sostiene: democracia, libertad, justicia, solidaridad, entre otras. Hablar de ellas no es lo mismo que hablar de un rábano. Rábano es una palabra concreta que representa algo tangible que podemos ver, palpar, oler, saborear y hasta agarrar por las hojas. Nuestra sociedad, sin embargo, se sostiene en conceptos abstractos que la tornan frágil. La doble moral, los arreglos bajo la mesa y la turbidez, dinamitan la credibilidad de nuestras instituciones y del sistema en ámbitos diversos desde el Congreso a la economía pasando por los partidos políticos y de fútbol hasta llegar a la empresa privada, la medicina, las artes, la gastronomía o un campeonato de tabla hawaiana. Nada se salva cuando no hay confianza, verdad y coherencia. Cuando el fin justifica los medios todo está en riesgo y todos perdemos.
En las últimas semanas, por ejemplo, la reputación del juez español Baltasar Garzón ha rodado por los suelos. La prensa española le cuestiona una “intervención irregular de comunicaciones” y sostiene que sus defensores “olvidan que la justicia solo es justa cuando se atiene a unas reglas establecidas”. Ayer mismo un editorial del diario “ABC” explicaba “llegó a un punto en que (Garzón) se creyó investido del poder suficiente para crear las normas jurídicas que convenían a sus propósitos”. Mientras tanto el chileno José Miguel Insulza fue reelegido secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), con el voto de nuestro país que ha descartado la reelección presidencial y que hace pocos días consideró saludable que la corte colombiana deniegue a Álvaro Uribe sus intenciones reeleccionistas. Así un personaje (“cubanófilo”, según su compatriota el escritor Jorge Edwards) en cuyo país la reelección fue abolida justamente por las fuerzas de izquierda que él representa tiene a bien reacomodarse en su cargo. ¿Total? ¿La reelección está bien en la OEA y no en nuestros países? ¿Los presidentes no pueden ser reelegidos aunque el pueblo lo pida pero los congresistas sí pueden atornillarse por décadas en su curul? ¿El voto popular deviene en “sagrado” cuándo le sirve a quién? La incoherencia es delirante.
El Poder Judicial se pudre pero el presidente de la Corte Suprema es considerado un perfume de rosas andante mientras lo que es su responsabilidad hiede. A vista y paciencia de las autoridades se roban pruebas del “chuponeo” telefónico realizado por Business Track (BTR), y aquí no pasa ni pasará nada. Una congresista dice no tener vínculo —salvo cinco hijos— con un fulano que macera hojas de coca en el perímetro de su chacra. El presidente del Consejo de Ministros se enfrenta a la titular del Ministerio de Economía para que una firma brasileña se encargue “como sea y pese a quien le pese” de la irrigación de Olmos. Y en las últimas semanas, un hirviente caldo de choros a la Conchán “sorprendió” al presidente Alan García Pérez, bañándolo de cuerpo entero. ¿Pulcritud decíamos? Vaya ingenuidad. Acá todo vale menos agarrar al rábano por las hojas.
El Comercio, 27 de marzo de 2010