sábado, noviembre 02, 2013

Un huerto para mi ciudad

El Olivar de San Isidro no solo es un área verde, es un pedazo de la historia agrícola distrital. Esos añosos árboles nos recuerdan que aquello fue parte de una hacienda y que la tierra donde se asientan casas y edificios es fértil y alguna vez produjo los alimentos que se consumieron en Lima, como el resto de haciendas de la capital: Surco, Barranco, Monterrico, entre otras, ahora sepultadas bajo el asfalto.
El Olivar es un modelo inteligente de producción de alimentos en zonas urbanas. Aún hoy, los vecinos al pasear recogen las aceitunas caídas de los olivos y, al volver a casa, se dan con la grata sorpresa que llevan buena cantidad como para encurtirlas, mantenerlas en salmuera o preparar alguna salsa. Hay años en que la producción es tan buena que la propia Municipalidad de San Isidro las cosecha y envasa.
Lima se merece eso, parques similares, espacios públicos de recreación y al mismo tiempo productivos, capaces de brindar alimento a los vecinos y albergue a la aves, ardillas y otra fauna citadina.
Hace no tanto, pasear por los barrios de Lima era ir comiendo en el trayecto: moras por acá, nísperos un poco más allá, el aguaymanto en su mata, pacaes, higos, uvas y membrillos. Pero todo fue sustituido, en el mejor de los casos por especies ornamentales, aunque las más de las veces por nada.
Si miramos a Lima con otros ojos nos daremos cuenta de que es un inmenso territorio agrícola por recuperar. Allí donde los huertos y jardines les abrieron paso a inmensas construcciones, aparecieron terrazas, balcones y azoteas olvidadas capaces de albergar aunque sea un par de macetas para cultivar hierbas aromáticas o para infusión. Están también las calles, los parques, los patios escolares y los cerros pelados no por estériles sino por la pereza mental de las autoridades edilicias. Lima podría ser una gran despensa de alimentos si tan solo... (ya saben cómo es esa frase): si tan solo tuviésemos otras autoridades, claro sí, también unos vecinos y vecinas un poco más preocupados por mejorar el ambiente urbano.
Hoy 5 de junio se conmemora el Día Internacional del Medio Ambiente. La fecha se estableció en 1972 tras la histórica Conferencia de Estocolmo, de Naciones Unidas (la primera gran reunión de líderes planetarios congregados para darle una mirada al desarrollo y a la degradación del entorno).
Este es un buen día para replantearnos varias cosas, una de ellas es cómo afectamos la naturaleza con aquello que nos llevamos a la boca. Nuestra comida impacta de maneras inimaginables y negativas sobre los ecosistemas, las fuentes de agua y también en la calidad de vida y salubridad urbana. Y esa es una relación que debemos recomponer: la nuestra con nuestra ciudad. Las iniciativas de la gente "común y corriente", son vitales para cambiar el mal estado de las cosas.
Lince nos da un buen ejemplo. Allí decenas de familias impulsadas por su alcalde, el doctor Fortunato Martín Príncipe Laines, producen lechugas orgánicas en sus azoteas en el programa Techo Verde. Algo para replicar a gran escala, sin duda.


De paso, ¿por qué no?, podemos sembrar frutales en parques y avenidas, crear huertos escolares y barriales, sembrar en los desolados cerros limeños. Eso es mejor aire, seguridad alimentaria y potenciales microempresas familiares. ¡Manos a la tierra!
Huella alimentaria
Día Mundial del Medio Ambiente
- "Piensa. Aliméntate. Ahorra: Reduce tu huella alimentaria" es el lema del Día Internacional del Medio Ambiente que se celebra hoy 5 de junio. Según la FAO, cada año se desechan 1,3 billones de comida, lo que equivale a la producción total del África Subsahariana.
Ejemplos en el extranjero
Los agricultores que apuestan por la ciudad
- Los huertos urbanos proliferan a diestra y siniestra en el mundo. En Suiza, Urban Farmers -una granja que produce todo tipo de verduras en las azoteas de Basilea- demuestra el potencial de esta actividad como negocio. 

El Comercio, 05 de junio de 2013

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