sábado, junio 26, 2010

Fruta extraña. Han pasado setenta años desde que la potente voz de Billie Holiday reveló el trato brutal en el sur de Estados Unidos

Sur de los Estados Unidos. Años 30. El sol se filtra por entre las hojas del álamo blanco. Gotas de sangre caen hasta la raíz. Los cuervos revolotean alrededor de un hombre —quizá más— doliente como un Cristo a punto de morir o ya muerto en olor de magnolias. Ha sido linchado y colgado por ser negro, por no haberse comportado como se supone debe hacerlo un negro, o por haberse comportado como no debe hacerlo, por ejemplo, pisando la misma acera por la que anda un blanco. Hombres, mujeres y niños blancos miran sonrientes la escena, algunos toman fotos de recuerdo, otros lo hacen para mostrarle al mundo la barbarie. Hasta los años cuarenta tan horrendas fotografías se vendían como “souvenirs” en varios pueblos sureños. Fueron esas mismas imágenes las que despertaron la indignación y con ella el cambio. Billie Holiday (1915-1959) le revelaría al mundo esa realidad con “Strange Fruit” (Extraña fruta), una canción condenatoria del racismo y de los linchamientos.





Del poema a la voz

Abel Meeropol (1903-1986), un profesor judío de origen ruso, escribió —bajo el seudónimo Lewis Allan— el poema “Bitter fruit” (Fruta amarga), que describía los brutales asesinatos perpetrados en el bucólico escenario sureño. Luego lo musicalizó, convirtiéndolo en la contundente canción “Strange fruit”. El Café Society era por entonces un club frecuentado por intelectuales progresistas, uno de los primeros lugares fuera de Harlem donde se atendía a blancos y a negros. Allí, una noche de 1939, la potente y triste garganta de Billie Holiday cantó para contar.
Han pasado setenta años desde que “Strange Fruit” le reveló al mundo la maldad. Cuando Holiday estrenó su canción una encuesta señalaba que seis de cada diez sureños blancos aprobaban los linchamientos. Dos años antes, su padre había muerto porque ningún hospital aceptaba tratarlo, siempre ella diría “no lo mató la neumonía, lo mató Dallas” (ciudad de Texas).
En esa coyuntura de marginación, en una democracia cuya Corte Suprema permitía la segregación racial bajo la extraña lógica de “separados pero iguales”, Holiday desató una verdadera revolución con una canción nacida de las heridas abiertas de una sociedad llena de prejuicios y miedos, una obra de arte provocadora que logró una reacción civil y política. Esta icónica canción —considerada por algunos como la mejor experiencia de agitación y propaganda política de la historia— ha sido grabada por variedad de artistas. Billie Holiday no la tuvo tan fácil pues su casa matriz, Columbia Records, rehusó grabarla. Fue Milton Gabler, un emprendedor hijo de judíos (el mismo hombre que años más tarde uniría por primera vez en un disco a Louis Armstrong y Ella Fitzgerald), quien grabó esta canción de protesta en su sello Commodore Records.

La prohibición

“Strange Fruit“sonó muy poco en las radios, sin embargo llegó al puesto 16 en las listas de popularidad. Eran tiempos difíciles para la lucha por los derechos civiles. El ala segregacionista del Partido Demócrata jugaba un papel preponderante en la administración de Franklin D. Roosevelt. El consenso era que la batalla por la equidad racial y contra los linchamientos formaba parte de la agenda comunista. Tanto así que en 1941 el profesor Meeropol debió atestiguar frente al comité Rapp-Coudert, establecido por el estado de Nueva York para investigar la supuesta influencia comunista en las escuelas públicas. Allí se le preguntó si el Partido Comunista le había encargado o pagado la creación “Strange Fruit”. Muchos clubes impidieron que Billie Holiday interpretara el himno de una lucha, cuya exitosa culminación es, sin duda, la presencia de un presidente negro en la Casa Blanca, setenta años después de que por primera vez ella interpretara esa canción.


Canción del siglo XX
*“Strange fruit” fue calificada como la canción del siglo por la revista “Time” en 1999.
Ha sido grabada por diversos artistas, principalmente de jazz y blues, como Nina Simone (1933-2003).
*En los últimos años la han cantado Diana Ross, George Michael, Cassandra Wilson y Tori Amos.
U2 le rinde homenaje a Billie Holiday con “Angel of Harlem” (El Ángel de Harlem), en su disco Ratlle and Hum.
*En octubre de 1939 el periodista Samuel Grafton de “The New York Post” escribió “Si la rabia de los explotados en el sur alguna vez se alza lo suficiente, ahora tienen su Marsellesa”.

El Comercio, 12 de abril de 2009

"Es solo una meta"

Jordan Romero tiene 13 años y vive en California, Estados Unidos. Hace pocas semanas ingresó a la historia del montañismo al conquistar la cima del Everest, el pico más alto del planeta. Este hombrecito es la persona más joven en lograr tal hazaña. Jordan escaló 8.850 metros desde la cara tibetana de la mole. Él se ha planteado escalar las montañas más altas de los siete continentes. “Es solo una meta” respondió ingenuamente cuando le preguntaron por qué quería tal cosa. Y el chico va camino a cumplir su meta, que no es otra cosa que un paso, un sueño puesto en marcha, un sueño al que se le dedica tiempo y esfuerzo, un sueño que luego puede medirse y palparse y que se convierte en objetivo.
Jordan ya trepó cinco de las más altas montañas incluido el Kilimanjaro, en África, y le falta el pico más alto de la Antártida. Quiere estar en el techo del mundo, una y otra vez. La siguiente misión que se ha impuesto es escalar las montañas más altas de todos los estados de su país. Jordan se hará más hombre y mejor persona cada vez que suba una nueva montaña. ¿Cuál es su objetivo final? Hacer un collar con las pequeñas piedras que él mismo recoja en aquellas cumbres que se enredan con las nubes. Y ese collar, piedra a piedra, será un símbolo de disciplina, de esfuerzo, de cada paso que dio para hacerse más hombre y mejor persona. Y, sin duda, el mejor legado que pueda dejarle algún día a sus descendientes y el mejor ejemplo para sus contemporáneos. Ese collar será su éxito como ser humano.
En estos tiempos, cuando lo sombrío y el pesimismo se cuelan por todas las rendijas, Jordan Romero es una luz. El gran porcentaje de jóvenes sin rumbo, que tanto preocupan a sus padres, justamente no tiene metas. Sin metas vamos perdidos pues es imposible conocerse a sí mismo, saber lo que se quiere y ser capaces de reconocer el propio potencial. Es no tener un proyecto de vida o, lo que es lo mismo, desaprovechar los días que se nos han dado para ser felices, construir, dar el ejemplo y ayudar a mejorar el mundo en que vivimos. Sin metas no se alcanzan los objetivos, es como embarcarse sin saber a dónde iremos, es remar en círculos sin tratar de volver a la playa, llegar a un puerto o alcanzar una isla lejana. Es agotarse por agotarse y simplemente sobrevivir hasta que las fuerzas se acaben. Vivir es saber dónde queremos llegar. Lo mismo que gobernar. Muy fácil es reconocer al político sin rumbo, cuyo discurso está divorciado de su accionar porque no se ha trazado metas ni objetivos (allí están los “comepollos”, los “robaluz” y tantos otros que avergüenzan la política nacional). Nuestras autoridades están para trazar caminos en bien de todos y todas, para trabajar y obtener lo que el país requiere, eliminando los obstáculos. Hay líderes como Jordan que escalan montañas e inspiran a los pueblos a sacar lo mejor de sí, a crecer, pero hay otros como los hermanitos Castro o el insoportable Chávez, por ejemplo, que reman en círculo arrastrando a sus países hacia la nada.
El Comercio, 26 de junio de 2010

sábado, junio 12, 2010

Dolor de mar


Ayer se ha recordado el centenario del nacimiento del oceanógrafo, explorador, inventor, oficial naval y documentalista francés Jacques Cousteau (1910-1997). Este hombre se sumergió en todos los mares, recorrió la mayoría de ríos, llegó hasta un nevado arequipeño para enseñarle al mundo dónde nacía el Amazonas y alguna vez dijo: “La felicidad de la abeja y la del delfín es existir. La del ser humano es descubrir esto y maravillarse por ello”. Cousteau dedicó su vida a recordarnos que “el mar, el gran unificador, es la única esperanza del hombre. Ahora, más que nunca, aquella vieja frase tiene un sentido literal: estamos todos en el mismo barco”.
¿Qué diría el comandante frente a lo ocurrido en el Golfo de México, la mayor tragedia ecológica jamás registrada? Desde hace casi dos meses más de cuarenta mil barriles de petróleo diarios —recién ahora se sabe la cifra exacta— fluyen desde el fondo marino por la desidia de la British Petroleum y el relajo ambiental del gobierno de Barack Obama. Ese petróleo mata todo a su paso y genera pérdidas multimillonarias a los pescadores artesanales y a la industria turística de al menos tres estados. Las autoridades estadounidenses han solicitado, por segunda vez en menos de un mes, ayuda urgente a la Unión Europea (UE) ante el evidente fracaso de sus esfuerzos por contener el imparable chorro de crudo. Y todo esto a días de haberse “celebrado” el Día Mundial de los Océanos, bajo el lema “Nuestros océanos: oportunidades y desafíos”, lo que francamente a estas alturas suena a broma de mal gusto.
En la coyuntura de preocupación mundial por la gravedad de lo ocurrido en el Golfo de México el Gobierno Peruano ha aprobado la exploración petrolera frente a las playas limeñas (desde Huacho a Cañete). “Muchas personas atacan al mar, yo le hago el amor”, decía poéticamente Cousteau y nuestro queridísimo gobierno, sin dosis alguna de poesía y más bien con alevosía, viola abiertamente nuestro mar, amenaza nuestra tranquilidad playera y prepara un escenario en el que puede desembocarse un desastre mayor que el generado por la British Petroleum en aguas estadounidenses.
¿Ante esa tragedia ecológica, la más grande de la historia, no era lógica una moratoria para tales actividades, habida cuenta de que nuestra costa central es un área altamente sísmica? Pero como bien decía el explorador francés: “La gente protege aquello que ama”, y estos son, lamentablemente, tiempos de desamores y dolores.
Pero la naturaleza se comunica constantemente y solo hay que tener el corazón abierto para entenderla. Ayer, como poderoso símbolo de la agonía de los océanos, una ballena jorobada (yubarta) de 25 toneladas y algo más de diez metros, yacía muerta en la orilla de la playa de Jones Beach, Nueva York, muy lejos de la zona del desastre petrolero. Quienes la vieron no deben haber podido pasar por alto su poderoso mensaje.

La Amazonía o la ilusión del conocimiento


Para las postales somos la sierra con sus picos nevados, sus praderas de ichu pacidas por vicuñas y sus pueblitos de callejuelas empedradas, coloridas por los ponchos de sus pobladores arreando llamas. Según los censos, somos costa, pues la mayor parte de la población —cerca del 60%— se concentra cerca del mar. En términos de espacio nuestro país —Perú se llama, por si lo han olvidado quienes actúan como los hijos mejores de otras tierras— es esencialmente amazónico. Más del 70% de nuestro territorio es Amazonía, así con tilde en la “i” para evocar “lejanía” y no porque la palabra —no castellana— lo requiera. El año pasado los sangrientos sucesos en la Curva del Diablo desembocaron en el “baguazo” y visibilizaron a nuestra selva y a sus problemas de modo irreversible.
“Tres cosas hay extremadamente duras: el acero, un diamante y el conocimiento de uno mismo”, escribió Benjamín Franklin (1706-1790), estadista, científico, periodista y uno de los padres de la independencia y democracia estadounidenses. Desconocer nuestra realidad geográfica demuestra la verdad de su dicho y las recientes declaraciones del congresista Guido Lombardi, también. El señor Lombardi, presidente de la comisión que investiga la tragedia del “baguazo”, lamentó que el gobierno “ha hecho muy poco” para evitar que se repitan ese tipo de sucesos. ¿Perdón? ¿El gobierno? ¿No habla un congresista y como tal parte de la estructura de gobierno por más oposición que sea o se crea? Duro resulta conocerse.
La cita de Franklin abre el libro “El gorila invisible”, de Christopher Chabris y Daniel Simons, investigadores de temas de psicología. Chabris y Simons sostienen que creemos vernos y ver al mundo como es. La publicación es, en parte, un catálogo de los grandes fracasos derivados de lo que ellos llaman “ilusión”: la ilusión de la atención, de la memoria, del conocimiento, de la confianza, de la causa y del potencial. Esto, dicen, resulta en “una creencia distorsionada albergada en nuestra mente no solo equivocada sino equivocada de modo peligroso”.
Esas creencias distorsionadas fueron la semilla de la tragedia de Bagua. Quienes forman parte del gobierno no tienen idea de quiénes son ellos mismos y menos quiénes somos nosotros. Así y todo pretenden imponernos leyes nacidas de su “ilusión del conocimiento” (es decir de su ignorancia) cuando no de la cuchipanda bajo la curul (“ilusión de la confianza”, creyendo que nadie los descubrirá). Para no mencionar la frivolidad, como la Resolución Suprema 015-2010, epifanía del doctor Alan García instaurando el Día del Ron Peruano y que este año coincidía con el aniversario de los sucesos de Bagua (los productores de la bebida, respetando el luto de las familias de las víctimas y el sentir del país, han corrido la celebración).
A un año de la fatídica jornada, 70% de la Amazonía está concesionada para su futura y posible explotación petrolera y gasífera, pero de resolver la problemática indígena nada. Un experimento de Chabris y Simons demostró la incapacidad del ser humano para ver lo obvio aunque esté frente a sus ojos. ¿A todo esto, cuando oímos la palabra Amazonía pensamos en árboles o en gente?

El Comercio, 05 de junio de 2010

domingo, mayo 30, 2010

Podríamos empezar por soñar


Mi mamá dice que Barack Obama se llevará a quienes no tienen sus papeles, y ella no los tiene” le dijo la niña peruana Daisy Cueva a la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, en una escuela. La sinceridad de la chiquita de 7 años desató la polémica, los medios de comunicación y algunos congresistas propusieron retomar el debate y avanzar con la frustrada reforma migratoria de la administración Obama. Daisy es hoy la cara de la inmigración en un país donde más de 12 millones de inmigrantes indocumentados —como su mamá— viven, sueñan y trabajan para prosperar. Bastó un instante para que su temor de verse separada de su madre impactara profundamente en la interminable y abstracta discusión sobre la problemática que se da en el universo paralelo de los adultos, donde la niñez no tiene voz y quizá por ello sea un perverso laberinto de intrigas y mezquindades.
A los 11 años, Jack Davis Suero, hijo y nieto de peruana, almorzaba en un restaurante-bufet (de esos “sírvase todo lo que pueda comer”) cuando preguntó: “¿Qué hacen con lo que no se consume?”. La respuesta lo dejó perplejo: “Va al tacho”. No le gustó que en el estado de La Florida —donde vive con su familia— se desecharan alimentos en buen estado. “Así es la ley, por cuestiones sanitarias y para proteger a los restaurantes de demandas”, le comentó su padre, abogado él, racional y lógico. A Jack no le pareció buena, lógica ni racional una ley que obliga a deshacerse de algo vital para “tantos pobres, gente buena pero con poca suerte que no tienen qué comer”. Decidió cambiar las cosas y empezó a enviar correos electrónicos a las autoridades. Los medios volcaron su atención hacia tan cándida campaña y un par de senadores también. Para acortar el cuento, en el 2008 se aprobó la ley “Jack Davis, Florida echando un mano de ayuda”, que permite a los restaurantes entregar sus sobras no utilizadas a las instituciones y personas que lo requieran. Hay cosas que en el apurado universo adulto simplemente “son así” y para niñas y niños eso significa simplemente que pueden “ser asá”.
En Londres, Charlie Simpson de 7 años, decidió que no seguiría inmóvil frente a la tele impactado por las imágenes del terremoto de Haití. Dejó eso para los “grandes” y decidió recaudar fondos. En la página web JustGiving.com escribió que usaría su bicicleta para recorrer el South Park “todas las veces que fuera posible” y así conseguir lo necesario para comprar comida, agua y carpas. Y así lo hizo con alegría y vitalidad hasta recaudar unos 200.000 euros que entregó a Unicef. Los niños no hacen discursos, tienen ideas que ponen en práctica y como el “fracaso” no está en su imaginario tienen éxito.
Los adultos no tenemos mucho que enseñarles a los pequeños terrícolas —como no sea a leer, escribir, sumar y restar— más bien deberíamos aprender de ellos: expulsar del juego al que hace trampa, disfrutar de la competencia en equipo, identificar al mejor líder para el grupo, imaginar y sentir empatía por el otro. Cuando un pequeño pregunta: ¿Por qué llora ese niño?, muestra esa empatía.
Todo lo malo que pueda haber en una niña o en un niño ha sido inoculado por algún adulto: prejuicio, violencia, desidia, insensibilidad por los demás.
“Nosotros soñamos con la perfección” —dice Adora Svitak, poeta, narradora e influyente bloguera estadounidense de 12 años— y añade: “Y esto es bueno porque para que algo se vuelva realidad primero hay que soñarlo. Nuestra audacia para imaginar ayuda a empujar las fronteras de lo posible”.
Viendo las barbaridades perpetradas por los mayores —como esa tal jueza Jessica León Yarango que buscó los resquicios de la ley para liberar a la terrorista Lori Berenson— resulta preferible y más seguro contar con autoridades de 7 años de edad.


El Comercio, 29 de mayo de 2010

Agricultura orgánica y biodiversidad


A lo largo de los siglos la agricultura contribuyó a enriquecer la diversidad biológica del planeta, a proteger los ecosistemas y conservar el hábitat de la flora y fauna nativas. Ni bien comenzado el siglo XXI esta misma actividad —hoy intensiva, extensiva, de monocultivo y dependiente de pesticidas— fue señalada como una seria amenaza para el 70% y el 49% de especies de aves y plantas, respectivamente, según la “Lista Roja” de especies en peligro de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN por sus siglas en inglés). La destrucción y contaminación de hábitats, asociadas a las actividades agrícolas contemporáneas, es una de las principales causas de pérdida de diversidad biológica o biodiversidad. Hoy se depredan bosques para sembrar un único producto, contaminándose suelos y fuentes de agua superficiales con la serie de venenos usados para combatir las plagas.
Los hombres y mujeres de la antigüedad hicieron las cosas de manera muy distinta: domesticaron las plantas silvestres transformándolas en alimento y crearon no una sino, en algunos casos, miles de variedades de la misma especie. Tomemos por ejemplo la papa —en estado silvestre venenosa—, un tubérculo que forma parte de los cuatro alimentos más importantes de la dieta mundial moderna. En el Perú Antiguo mediante experiencias de campo, selección y cruce se la hizo comestible y hoy exhibimos con orgullo la cifra de más de 3.000 variedades nativas desarrolladas antaño. La agricultura del ayer fue un culto a la tierra, en los campos se cultivaban especies varias (policultivo) y estos se convirtieron en nuevos hábitats, se crearon nuevos paisajes y se respetaron los ecosistemas.
A mediados de los años 90 del siglo XX, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, investigó e impulsó la agricultura orgánica —actualmente en vertiginoso crecimiento— por constatarse su contribución a frenar la degradación ambiental, a mantener el equilibrio ecológico, a restablecer y aumentar la biodiversidad y permitir a las especies silvestres brindar una serie de importantes servicios ecológicos como “la polinización, el control de plagas y el mantenimiento de la fertilidad del suelo [...] La agricultura orgánica apunta a optimizar la calidad en todos los aspectos de la agricultura y del medio ambiente, mediante el respeto de la capacidad natural de las plantas, de los animales y del paisaje”.
Pese a la crisis económica global, el mercado para los orgánicos ha venido creciendo sostenida y vertiginosamente. Los consumidores han redescubierto los sabores de aquello cultivado de modo natural (tomate con sabor a tomate y no a plástico o a nada) y prefieren una alimentación más sana y segura. La tendencia gastronómica del siglo XXI se enfoca también en lo orgánico, algo para lo que el Perú tiene grandes ventajas comparativas. Y lo mejor de todo: comiendo los sabrosos y saludables alimentos libres de pesticidas y de manipulaciones genéticas podemos contribuir con la conservación de la naturaleza.


El Comercio, 22 de mayo de 2010

miércoles, mayo 19, 2010

Dime para quién gobiernas y te diré quién eres


“El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”, dijo el libertador Simón Bolívar en un discurso el 15 de febrero de 1819, durante la instalación del Congreso de Angostura.
En el rubro “sistemas de gobierno” el Perú ha sido un laboratorio de experimentos varios: dictaduras civiles y militares, autocracias, democracias, caudillismo, golpes de izquierda y derecha. De todo y para todos los gustos, pero hablemos sinceramente —con la mano sobre el corazón como quien va a cantar el himno nacional— ¿en algún período de nuestra historia algún sistema ha producido algo parecido a lo referido por Bolívar? No que sepamos, no que se recuerde ni que nos lo hayan comentado nuestras abuelas o abuelos. Vamos, ¿alguien en su sano juicio tiene un arrebato de felicidad al recordar a alguno de los que han pasado por Palacio de Gobierno? La dicha más bien llega cuando parte uno y entra el siguiente, por supuesto para desencantarnos siempre antes que después. Pese a todo, “de los sistemas de poder existentes, el Gobierno es el único que, en principio —y a veces de hecho—, responde al público y puede restringir las depredaciones del poder privado”, ha escrito el lingüista y activista político estadounidense Noam Chomsky. Y es que el gobierno es el único capaz de encauzar las legítimas apetencias del sector privado y sentar las bases para una relación armónica entre las necesidades de la población y la de los inversionistas. Complicada tarea esta de armonizar los dos extremos de tan enredado ovillo.
Chomsky explica que “alentar el sentimiento antifiscal es característica de la propaganda empresarial. Se adoctrina a la gente para odiar y temer al Gobierno”. Así nuestra zurda criolla, los antisistema y los eternos moralizadores que deshilachan al Ejecutivo por quítame estas pajas, abonan el terreno para que las grandes corporaciones —a las que creen combatir— controlen todo fácilmente, incluido al ungido por el voto popular. El lingüista nos recuerda que “las empresas favorecen un Estado poderoso que [...] incluso las rescate cuando destruyen la economía”, refiriéndose a los responsables de desencadenar la crisis estadounidense, que viven hoy muy tranquilos mientras un alto porcentaje de pobladores lo perdió todo.
Ahora bien, ¿son nuestros gobiernos resistentes para no sucumbir ante el más poderoso? Bolívar —siempre tergiversado por el impresentable Hugo Chávez— dijo en Angostura: “En las repúblicas el Ejecutivo debe ser el más fuerte, porque todo conspira contra él [...]. Por lo mismo que ninguna forma de gobierno es tan débil como la democrática, su estructura debe ser de la mayor solidez”. Así las cosas, compete a la población reforzar la institucionalidad democrática, señalando los yerros del gobierno sin caer en la satanización ni en la negación de sus logros. Y, señor presidente, no espere que saltemos de felicidad por usted, pero al menos recuérdenos más a menudo que gobierna por el bien de todos.
El Comercio, 15 de mayo de 2010

Cada planta es un universo


En Ayacucho —según anotó el sabio Eric Santiago Antúnez de Mayolo Rynning— es costumbre que en las últimas semanas de embarazo y en el proceso de parto, las mujeres coman olluco porque “ayuda a que el niño resbale”. Así lo dicen por experiencia, y es que el delicioso y nutritivo tubérculo andino ayuda, entre otras cosas, a las contracciones. En las zonas más altas de Cusco, Puno y La Paz, las mujeres con problemas de fertilidad consumen kiwicha morada con muy buenos resultados, y se recomienda la quinua negra —variedad casi desaparecida— para tratar y curar males pulmonares, inclusive la tuberculosis. La lúcuma es hoy objeto de profundos estudios como insumo de una medicina para la esclerosis múltiple. A lo largo y ancho de nuestro país, los campos de cultivo ofrecen una asombrosa variedad de plantas alimenticias con insospechadas propiedades. Un tesoro vegetal que se va esfumando. La agrodiversidad se pierde y se fomenta —con buenas intenciones y enorme ignorancia— el monocultivo. Esto para desgracia de todos.
Como los campos, nuestros bosques son también fuente de especies de flora utilísimas. Algunas de ellas ya utilizadas para producir fármacos, como el famoso veneno amazónico, curare incluido en uno de los más efectivos tratamientos contra el mal de Parkinson. El sacha inchi, o maní inca, no deja de sorprender por su alto contenido de Omega 3 y sus propiedades para proteger el sistema cardiovascular así como las neuronas y la memoria.
La medicina occidental sabe aprovechar la flora y extraerle sustancias irreemplazables. Por lo pronto el doctor Eric Santiago Antúnez de Mayolo está convencido que el huanarpo macho es el gran secreto detrás del Viagra. Así tenemos, de paso, que el gran tesoro natural termina siendo usurpado sin que nos enteremos, y beneficiando a otros muy distintos que las comunidades depositarias de las valiosas especies.
El biólogo estadounidense Edward O. Wilson (1929), estudioso de la biodiversidad, escribió: “Los productos naturales han sido llamados los gigantes durmientes de la industria farmacéutica. Una de cada diez especies de plantas contienen compuestos con alguna propiedad contra el cáncer, por ejemplo”.
Esto debería ayudarnos a reflexionar sobre la necesidad de proteger nuestros campos de cultivos, nuestras variedades agrícolas, nuestros bosques y selvas que no son otra cosa que inmensos botiquines verdes que necesitamos conocer más a fondo, para beneficio de nuestra economía y la salud del planeta. El Perú cuenta con un fabuloso banco de recursos fitogenéticos medicinales para el futuro. ¿Algún plan de desarrollo lo toma en cuenta? Si es por flojera de nuestras autoridades habría que darles hojas del “capa joboshco” (huevo de coto, en castellano), un arbusto utilizado por el pueblo shipibo-conibo, justamente para combatir la flojera, ese mal nacional tan insoportable y peligroso.


El Comercio, 08 de mayo de 2010

sábado, mayo 01, 2010

La gran tragedia ecológica del siglo XXI

La industria pesquera de Louisiana, Estados Unidos, sufrirá pérdidas estimadas en más de US$2.500 millones. La Florida calcula que el impacto sobre el turismo costero —el principal rubro de ese estado— será de unos tres mil millones.
El pasado 20 de abril —paradójicamente dos días antes de celebrarse internacionalmente el Día de la Tierra— ocurrió la primera gran tragedia ecológica del siglo XXI y una de las peores de la historia. Una plataforma de la British Petroleum (BP) en el Golfo de México explotó, se hundió y empezó a liberar alrededor de 5.000 barriles de crudo diarios (cada barril derramado puede llegar a cubrir hasta 40.000 metros cuadrados de superficie marina). Bajo la mancha oscura —que ya se ha extendido sobre más de 1.500 kilómetros— el mar se hace inhabitable. El crudo ya alcanzó el delta del río Mississippi, un refugio de vida silvestre y una zona de piscicultura en la costa de Louisiana, acercándose ahora al norte de La Florida.
El Golfo de México es una cuenca marítima trinacional, entre los litorales de Estados Unidos, Cuba y México. Posee uno de los ecosistemas con mayor diversidad biológica del mundo, con islas y arrecifes de coral y la única playa conocida de desove de la tortuga marina Kemp Ridley, o tortuga cotorra, especie al borde de la extinción. Una zona de espectacular belleza donde se pueden observar especies raras como el manatí o vaca marina, delfines, orcas y ballenas jorobadas, además de variedad de aves marinas y de orilla como las grullas, entre otras.



El desastre ambiental juega, sin duda, en contra de la popularidad y credibilidad del presidente Barack Obama, quien pese a su “verde” discurso de campaña el pasado 31 de marzo tuvo la ocurrencia de levantar una moratoria que, desde hace dos décadas, impedía a las compañías estadounidenses explotar petróleo en aguas cercanas a la costa. El accidente de la BP explica las razones de aquella moratoria que frenó la proliferación de estas instalaciones.
El derrame de crudo en el mar es un grave problema ambiental. Al entrar en contacto con el agua marina, flota y forma una película sobre la superficie. La capa bloquea el paso de la luz solar e impide que el fitoplancton y las algas realicen la fotosíntesis. Se rompe la base misma de la cadena alimenticia y de la oxigenación de las aguas. Los peces, moluscos, crustáceos y algas literalmente se asfixian, y las aves que se posan sobre el mar quedan atrapadas en la grasa. Las especies sobrevivientes migran y la zona se ve empobrecida de vida. Pasarán varios años —por más dólares que la British Petroleum invierta en recuperación ambiental— para que las cosas vuelvan a su estado anterior.
Esperemos, de paso, que nuestras autoridades comprendan el mensaje y que no sigan autorizando con tan sospechoso frenesí la operación de plataformas petroleras en nuestra costa. Hay playas del norte donde estas moles de perforación dominan el paisaje a escasos metros de la reventazón.

sábado, abril 24, 2010

Agua que has de cuidar en medio del calentamiento global


En términos generales podríamos decir que la Tierra es un cántaro que rebosa agua. Tres cuartas parte del planeta están cubiertas por ella. Pero no todo son buenas noticias, apenas 2,5% es dulce y menos de la mitad de ese porcentaje es de fácil acceso. En pleno siglo XXI más de 1.200 millones de personas —principalmente en América Latina, África y Asia— padecen en mayor o menor grado la escasez del vital recurso del que depende la supervivencia humana, la flora y la fauna, la producción de alimentos, todos los procesos productivos que sostienen la economía y la estabilidad política.
Hace 4.500 años dos ciudades de la antigua Mesopotamia se enfrentaron por los ríos Tigris y Éufrates, al sur del actual Iraq. Es el más antiguo registro de un conflicto relacionado con el agua. Hoy algunos consideran que el acceso a las fuentes de agua dulce será la principal razón de las guerras del siglo XXI. Vamos, digamos que hay quienes consideran que el agua es el “petróleo” de este milenio. Pero el hidrogeólogo Aaron Wolf, director de la base de datos “Conflictos transfronterizos sobre el agua” y profesor de la Universidad de Oregon, Estados Unidos, no lo cree. Sostiene Wolf: “Las guerras por el agua no tienen sentido. Luchando con el vecino no se incrementan las reservas a menos que uno pueda apoderarse de la cuenca hidrográfica del otro y despoblarla sin correr el riesgo de terribles represalias”. Así descarta conflictos armados por este recurso. Ahora bien, habrá que esperar saber qué opina sobre los cambios políticos y sociales derivados del agua de lluvia, según una reciente investigación publicada en la revista “Science”. El prestigioso medio científico acaba de sacar a la luz los resultados de un estudio de los anillos de los árboles en Asia, que ha logrado registrar las sequías ocurridas en esa región en los últimos mil años y, además, trazar un paralelo con complejos acontecimientos históricos.
Las lluvias del monzón asiático garantizan el alimento a casi media población mundial, su ausencia es sinónimo de hambruna. Los anillos de los árboles revelaron cuatro grandes sequías. Una significó el ocaso de la dinastía Ming en 1644; otra —entre 1756 y 1768— precipitó el colapso de los reinos de lo que son hoy Vietnam, Myanmar y Tailandia. Desde hace buen tiempo los historiadores especulaban que el clima podría haber estado relacionado con los abruptos sucesos políticos simultáneos en esos tres reinos (hasta este estudio no existía registro histórico de esta gran sequía).
La investigación, sin duda, contribuirá para que los historiadores, sociólogos, politólogos y antropólogos comprendan mejor cómo los asuntos ambientales afectan el devenir de la historia, generando profundas transformaciones sociales y políticas. Un campanazo también para cuidar un recurso fundamental y, al mismo tiempo, vislumbrar qué puede traernos el cambio climático.


El Comercio, 24 de abril de 2010

sábado, abril 17, 2010

El mensaje del volcán

La Pachamama habla y manda mensajes de lo más extravagantes. Que estemos dispuestos a comprenderla es otro cantar. En Islandia —isla entre el mar de Groenlandia y el Atlántico Norte, en el extremo noroeste europeo—, un volcán no cesa de expulsar cenizas al aire y con ello la naturaleza se ha encargado de mostrar cuán unidos estamos como “terrícolas”.
Este acto lejano y aislado ha impactado la vida de millones de personas y diversas actividades. Si a alguien le quedaba duda de que “la contaminación no reconoce fronteras”, allí está la nube negra expandiéndose por gran parte de Europa, paralizando hasta el 50% de vuelos aéreos —de pasajeros y de carga— obligando a cerrar aeropuertos, dejando a millares sin poder llegar a sus hogares y llevando a otros tantos a postergar citas de negocios.



El volcán está situado bajo un glaciar de nombre casi impronunciable —Eyjafjallajokull— y el avance de la lengua de cenizas dicta cátedra, ayudando a comprender que lo mismo ocurre con los invisibles gases con que contaminamos nuestra atmósfera (industriales, quema de combustible, del transporte, etc.), amén de otros desechos.
Cada año unos 55 mil compuestos químicos —dos mil de ellos cancerígenos— son expulsados al aire, a los mares, ríos y suelos; tales venenos viajan más allá de su punto de origen, aunque no sean visibles como lo es la nube del volcán.
Este jueves 22 de abril, alrededor del globo se conmemora el Día de la Tierra, creado en 1970 por el senador demócrata Gaylord Nelson (1916-2005) en un intento de sensibilizar, justamente, sobre el debido cuidado que debemos tener con cada rincón del planeta pues lo que afecta a un lugar terminará por impactar en muchos más.
El volcán islandés y su interminable nube de cenizas lo confirman (aunque esto no haya sido por mano humana).
Islandia, pequeña isla bastante alejada del continente europeo, tierra de la icónica y genial cantante Björk, es un país de glaciares y gran actividad volcánica y geológica. Hoy ocupa las primeras planas por el volcán pero tiene un mensaje más. Hasta la crisis económica global del 2008, su capital Reikiavik era un modelo de crecimiento sostenido de riqueza.
A lo largo de casi toda la primera década del siglo XXI el país, con poco más de 300 mil habitantes, fue una de las economías más prósperas de Europa y la sexta nación más rica de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
De pronto colapsó: su moneda perdió más del 50% de valor, en un solo día la bolsa cayó más de 76% y la banca desapareció. ¿Razones? La desregulación veloz de los mercados en el 2003 (especialmente deficiente en el caso de su banco central), la especulación financiera, pero principalmente la ambición de los tres mayores bancos de la isla y de una generación de jóvenes empresarios que invertía esperando ganancias al más corto plazo.
¿Mensaje? La codicia es pésima consejera.
El Comercio, 17 de abril de 2010

martes, abril 13, 2010

"Cacería" contra la Iglesia Católica, denuncia periodista peruana


La periodista peruana Martha Meier publicó recientemente un artículo en el diario El Comercio en el que denuncia una frontal "cacería contra la Iglesia Católica" con la campaña mediática difamatoria que busca enlodar al Papa Benedicto XVI ante los casos de abusos sexuales cometidos por algunos miembros del clero.

En opinión de Meier, los sectores que buscan ensuciar al Santo Padre son aquellos que "buscan resucitar su ideología caduca" desprestigiando "a la institución cuyos miembros fueron martirizados en su batalla por la libertad, brindando fe, esperanza y la fuerza espiritual para que el pueblo se rebelara contra las dictaduras que asfixiaron Europa del Este por décadas".

Tras comentar que sobre los sacerdotes abusadores debe caer todo el peso de la ley, la periodista cuestiona: "¿Los que se rasgan las vestiduras por los actos abominables de pederastia, están realmente preocupados por la niñez? ¿Quienes derraman cataratas de tinta sobre el tema, buscan la verdad? La respuesta es no".

Para Meier, "a través de la desinformación o la sobreinformación deleznable, que es lo mismo, se descalifica a la Iglesia Católica, se colectivizan las responsabilidades y se pretende crear sensación de culpa –y equívoco– a los acerca de dos mil millones de católicos".

Luego de recordar que este texto no busca defender a ningún tipo de pedófilo, la periodista peruana recuerda que "el abuso sexual a niños preadolescentes por sacerdotes es la excepción y no la norma. Las cifras revelan que es una situación poco común que involucra al 0,3% del clero".

Seguidamente compara el tratamiento que se le da a los escasos casos en la Iglesia con los de agencias humanitarias, por ejemplo, de la Naciones Unidas en zonas de emergencia.

"¿Deben desaparecer las fuerzas de paz de la ONU? ¿El actual secretario general Ban Ki-moon y sus antecesores son responsables?", cuestiona. "Si siguiéramos la lógica de los anticlericales habría que responsabilizarlos pues los hechos continúan, allí donde debe llevarse ayuda a los más necesitados", explica.

Martha Meier señala luego que "las instituciones –particularmente las que tienen impacto en la conciencia pública, incluidos los medios– deben contar con políticas de supervisión y sanción a sus afiliados pero de allí a desatar una cacería contra la Iglesia haya una distancia enorme".

"Lo primero es parte de la construcción de la democracia, lo segundo es terrorismo blanco, oportunista y perverso", concluye.

sábado, abril 10, 2010

Un gran negocio que el Perú no puede perder

EL “BOOM” DE LOS PRODUCTOS ORGÁNICOS

El Perú podría convertirse en la gran despensa mundial de productos orgánicos. Estamos hablando de uno de los sectores económicos con mayor dinamismo y crecimiento acelerado. Según la consultora británica “Organic Monitor”, en el 2001 el mercado orgánico movió la friolera de 26 mil millones de dólares. Para el 2008, apenas siete años después, la cifra bordeaba los 80 mil millones y hoy supera los 100 mil millones. Nada despreciable.
Alrededor del globo las cadenas de supermercados facturan hasta 10% anual, por estos alimentos orgánicos o “ecológicos”. En Alemania, los países escandinavos y Estados Unidos proliferan los biosupermercados donde los consumidores encuentran alimentos de la mayor pureza.
Nuestro país, con su diversidad de climas y suelos, con su insuperable biodiversidad y variedad de frutos, granos, tubérculos, plantas comestibles y su proverbial gastronomía, tiene en lo orgánico una veta por aprovechar. Ya lo ha repetido incansablemente el ministro del Ambiente Antonio Brack: “El gran futuro de la agricultura en el Perú es la producción de alimentos orgánicos”.




Prom-Perú revela que este año exportaremos más de 100 millones de dólares solo en productos nativos, como sacha inchi, yacón, maca, camu-camu y otras propias de nuestras tierras. Todos estos alimentos tienen algo en común: por su procedencia y forma de cultivo pueden llegar a calificarse como “orgánicos” (libres de pesticidas, herbicidas, fertilizantes sintéticos) y, también de cualquier manipulación biotecnológica que le haya introducido genes de otras especies (por ejemplo, genes de pescado del ártico a una fresa para que resista cultivo bajo nieve).
Los exportadores de mangos, paltas, mandarinas, cacao, café y otras especies han tenido que adoptar prácticas “orgánicas” por las exigencias de los mercados. El 16 de julio del 2007, el especialista Fernando Cillóniz, de Inform@cción, explicaba: “La agricultura de exportación está tendiendo a lo orgánico. ¿Por qué? Porque uno vende espárragos frescos, uvas de mesa, mangos, bananos, etc., y cada vez el mercado es más exigente”. Así se lo dijo a Manuela Núñez, en Palestra, portal de asuntos públicos de la PUCP. Y no le faltó en aquel entonces visión ni razón pues las tendencias y las preferencias de los consumidores son hacia lo “verde”. ¿Después de todo alguien en su sano juicio escogería una naranja “bañada” con varias dosis de venenos químicos, en vez de una que solo recibió agua, sol, abonos naturales y cuyas plagas fueron controladas con insectos benéficos? Demostrado está que los consumidores optan por la segunda opción y que están dispuestos a pagar un poco más por lo natural. Desde hace ya buen tiempo, los restaurantes más exclusivos del mundo han optado por esta vertiente y conocidos chefs y figuras de la farándula le han dado el espaldarazo a esta sana y rentable alternativa.
Si alguna revolución presenciará nuestra generación será la de los orgánicos, un movimiento en proceso de masificación y con alta rentabilidad. El empresario estadounidense Gary Hirshberg, director ejecutivo de Stonyfiel Farms, dijo en una feria especializada: “Lo nuestro nunca solo fue un negocio. Estamos aquí para cambiar el mundo”. Pues bien, el Perú tiene hoy la gran oportunidad de mejorar el mundo haciendo excelentes negocios.
El Comercio, 10 de abril de 2010

Cacería contra la Iglesia Católica

VILES ATAQUES CONTRA EL PAPA BENEDICTO XVI

Para algunos la única manera de sentirse mejor es denigrando al resto. Para otros, resucitar su ideología caduca pasa por desprestigiar a la institución cuyos miembros fueron martirizados en su batalla por la libertad, brindando fe, esperanza y la fuerza espiritual para que el pueblo se rebelara contra las dictaduras que asfixiaron Europa del Este por décadas. De esos sectores es que emana la campaña desatada contra la Iglesia de Roma y el papa Benedicto XVI.
Los actos —infrahumanos y degenerados— de sacerdotes pedófilos tienen que ser castigados con todo el peso de la ley. La cadena perpetua y la castración química deben ser el destino de todos aquellos —sin distinción— que violentan la inocencia de un niño o una niña. Pero justos no pueden pagar por pecadores e imperdonable sería no pronunciarse sobre el vil ataque dirigido contra el Santo Padre. Y aquí surge un par de preguntas: ¿Los que se rasgan las vestiduras por los actos abominables de pederastia, están realmente preocupados por la niñez? ¿Quienes derraman cataratas de tinta sobre el tema, buscan la verdad? La respuesta es no. Una mínima y real preocupación por la niñez se reflejaría en mayor información circulando sobre el abuso sexual infantil, más presencia en la agenda pública y en los presupuestos nacionales (en nuestro país, uno de cada tres niñas y niños sufre algún tipo de abuso). A través de la desinformación o la sobreinformación deleznable, que es lo mismo, se descalifica a la Iglesia Católica, se colectivizan las responsabilidades y se pretende crear sensación de culpa —y equívoco— a los cerca de dos mil millones de católicos.
Que quede claro, aquí no defendemos a los pedófilos, sean curas, tablistas o maestros, pero no está de más recalcar que el abuso sexual a niños preadolescentes por sacerdotes es la excepción y no la norma. Las cifras revelan que es una situación poco común que involucra al 0,3% del clero. Según datos del periodista Luigi Accatoli, en los últimos 15 años en Alemania —tierra del Papa— se denunciaron 210 mil casos de abuso sexual contra menores, 94 de estos relacionados con sacerdotes católicos (0,04%). ¿Por qué solo esos 94 casos reciben atención? ¿Los otros 209.906 niños alemanes no merecen ser defendidos y sus ofensores castigados? Es lógico que la indignación sea mayor cuando el abuso proviene de quienes han de promover la virtud y proteger a los más pequeños. No se vio, sin embargo, tal indignación cuando Save the Children denunció que es común el abuso sexual contra menores por parte de trabajadores “humanitarios y fuerzas de paz”, de Naciones Unidas. Las principales acusaciones son por: “intercambio de comida por sexo, sexo forzado, prostitución, pornografía, esclavitud sexual, ataque sexual y tráfico de niños”. ¿Deben desaparecer las fuerzas de paz de la ONU? ¿El actual secretario general Ban Ki-moon y sus antecesores son responsables? Si siguiéramos la lógica de los anticlericales habría que responsabilizarlos pues los hechos continúan, allí donde debe llevarse ayuda a los más necesitados.
Las instituciones —particularmente las que tienen impacto en la conciencia pública, incluidos los medios— deben contar con políticas de supervisión y sanción a sus afiliados pero de allí a desatar una cacería contra la Iglesia hay una distancia enorme. Lo primero es parte de la construcción de la democracia, lo segundo es terrorismo blanco, oportunista y perverso.




El Comercio, 03 de abril de 2010

Cuando el fin justifica los medios todo está perdido

LA PULCRITUD COMO BASE DE LA CIVILIZACIÓN

Cuando todo vale y el fin justifica los medios la sociedad humana vuelve a la oscura y húmeda caverna prehistórica, alejándose del fuego vital de la civilización. Solo la pulcritud y la coherencia de cada acto cotidiano —individual o colectivo, privado y político— garantizan la vigencia del Estado moderno de derecho y de todas las abstracciones sobre las que se sostiene: democracia, libertad, justicia, solidaridad, entre otras. Hablar de ellas no es lo mismo que hablar de un rábano. Rábano es una palabra concreta que representa algo tangible que podemos ver, palpar, oler, saborear y hasta agarrar por las hojas. Nuestra sociedad, sin embargo, se sostiene en conceptos abstractos que la tornan frágil. La doble moral, los arreglos bajo la mesa y la turbidez, dinamitan la credibilidad de nuestras instituciones y del sistema en ámbitos diversos desde el Congreso a la economía pasando por los partidos políticos y de fútbol hasta llegar a la empresa privada, la medicina, las artes, la gastronomía o un campeonato de tabla hawaiana. Nada se salva cuando no hay confianza, verdad y coherencia. Cuando el fin justifica los medios todo está en riesgo y todos perdemos.
En las últimas semanas, por ejemplo, la reputación del juez español Baltasar Garzón ha rodado por los suelos. La prensa española le cuestiona una “intervención irregular de comunicaciones” y sostiene que sus defensores “olvidan que la justicia solo es justa cuando se atiene a unas reglas establecidas”. Ayer mismo un editorial del diario “ABC” explicaba “llegó a un punto en que (Garzón) se creyó investido del poder suficiente para crear las normas jurídicas que convenían a sus propósitos”. Mientras tanto el chileno José Miguel Insulza fue reelegido secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), con el voto de nuestro país que ha descartado la reelección presidencial y que hace pocos días consideró saludable que la corte colombiana deniegue a Álvaro Uribe sus intenciones reeleccionistas. Así un personaje (“cubanófilo”, según su compatriota el escritor Jorge Edwards) en cuyo país la reelección fue abolida justamente por las fuerzas de izquierda que él representa tiene a bien reacomodarse en su cargo. ¿Total? ¿La reelección está bien en la OEA y no en nuestros países? ¿Los presidentes no pueden ser reelegidos aunque el pueblo lo pida pero los congresistas sí pueden atornillarse por décadas en su curul? ¿El voto popular deviene en “sagrado” cuándo le sirve a quién? La incoherencia es delirante.
El Poder Judicial se pudre pero el presidente de la Corte Suprema es considerado un perfume de rosas andante mientras lo que es su responsabilidad hiede. A vista y paciencia de las autoridades se roban pruebas del “chuponeo” telefónico realizado por Business Track (BTR), y aquí no pasa ni pasará nada. Una congresista dice no tener vínculo —salvo cinco hijos— con un fulano que macera hojas de coca en el perímetro de su chacra. El presidente del Consejo de Ministros se enfrenta a la titular del Ministerio de Economía para que una firma brasileña se encargue “como sea y pese a quien le pese” de la irrigación de Olmos. Y en las últimas semanas, un hirviente caldo de choros a la Conchán “sorprendió” al presidente Alan García Pérez, bañándolo de cuerpo entero. ¿Pulcritud decíamos? Vaya ingenuidad. Acá todo vale menos agarrar al rábano por las hojas.
El Comercio, 27 de marzo de 2010

sábado, marzo 20, 2010

Tiempo de proteger un líquido y vital tesoro


Si alguien cree que el agua para beber nos sobra porque tres cuartas partes del globo están cubiertas por ella, se equivoca. Esa agua es salada y por ahora las técnicas de desalinización siguen siendo bastante caras como para pensar que, en el corto plazo, la sed será calmada con agua marina procesada. Así las cosas, queda claro que dependemos de ríos, lagos y aguas subterráneas, entre otras fuentes de agua dulce. Menos del 1% del agua existente es dulce y accesible. Y la realidad es que cada vez hay más personas y menos agua limpia disponible. Los futurólogos ya vaticinan que en un mañana no muy lejano las guerras por ella serán comunes. En ese posible escenario bélico por el agua vale la pena recordar que casi la mitad de las reservas de agua dulce mundiales se encuentran en América del Sur, en nuestro subcontinente. Y a estas alturas ya no sabemos si esto es una bendición o una amenaza.

Pasado mañana lunes 22 de marzo se conmemora el Día Internacional del Agua bajo el lema “Agua limpia para un mundo sano”, y es que en pleno siglo XXI más de 1.500 millones de niñas y niños menores de 5 años enferman y mueren anualmente por la mala calidad de esa perfecta combinación de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno (H2O) del que depende la vida toda.

La búlgara Irina Bokova, directora general de Unesco, sostiene: “El deterioro de la calidad de las aguas en ríos, arroyos, lagos y mantos freáticos tiene consecuencias directas sobre los ecosistemas y la salud humana. Esta situación constituye una tragedia humana indescriptible y un obstáculo importante para el desarrollo. Para que los grupos humanos y los ecosistemas puedan prosperar, esa agua debe ser limpia, permanecer limpia y, más importante aún, debe estar al alcance de todos”.

Algo de lo que estamos bastante lejos de lograr. Nuestros principales ríos y lagos sufren los embates de la contaminación minera, agrícola, industrial y doméstica. Cada vez es más difícil el acceso a fuentes de agua pura y cada vez, también, el proceso de potabilización se hace más complejo por la cantidad de impurezas y metales pesados que deben removerse. Enfermedad y pérdidas económicas es lo que se deriva de nuestra irresponsable actitud frente al agua.

“El agua es como la libertad, solo la echamos de menos cuando nos hace falta”, escribió Antoine de Saint Exupéry (1900-1944), aviador y novelista francés, autor de “El Principito”. Razón no le falta. El agua nos rodea, está en todas partes —desde la nube que pasa hasta el charco en nuestro camino— y quizá por eso no pensamos en ella hasta que nos es esquiva. La maltratamos, la ensuciamos y derrochamos. Baste un ejemplo: una fuga en nuestro water significa la pérdida de más de ¡83 mil litros de agua potable por año! Y esto a sabiendas de que no tenerla haría nuestra vida miserable, sucia, imposible.
El Comercio, 20 de marzo de 2010

viernes, marzo 19, 2010

Adiós a un animal en extinción

Miguel Delibes miraba al cielo, contaba las estrellas y esperaba el amanecer, entonces se incorporaba y sigilosamente, escopeta al hombro, seguía huellas, descifraba sonidos, olores y aleteos hasta llegar a su presa (o “cómplice”, como él decía, por compartir la aventura del vivir o morir). Con esa misma paciencia buscó las palabras para escribir las novelas y ensayos en que defendía la naturaleza y la libertad.

“Lo que es evidente es que a estas alturas. Si queremos conservar la vida, hay que cambiarla”, escribió parafraseando a Alaín Hervé, periodista francés. En más de medio centenar de novelas, Delibes retrató a la sociedad rural de su Castilla natal, su paisaje, usos, costumbres, el particular modo de hablar y recogió una larga lista de palabras que poco a poco van cayendo en desuso.

Si algo caracteriza su obra es el amor y respeto por la naturaleza, la defensa del medio ambiente, la búsqueda de la armonía del ser humano con su entorno y el sueño de una “justicia más justa”. Ayer la muerte —ese viento inevitable que antes o después nos arrastra a todos como a la hojarasca— se llevó a este escritor y académico español, uno de los grandes de la lengua castellana.

Miguel Delibes fue un animal en extinción. Pertenecía a esa especie de periodistas, intelectuales y brillantes creadores que —para mal de todos— ha empezado a escasear en el planeta, tanto como el agua limpia, la flora, la fauna, el medio rural en que creció y el campo al que siempre quiso estar ligado. Fue un preocupado y activo conservacionista y un cazador de presas menores (de preferencia la perdiz roja). “Soy un cazador que escribe”, dijo alguna vez. En “Diario de un cazador” (1955) y “El último coto” (1992) la caza es base de la narración, pero Delibes la repudiaba como deporte y solo la comprendía como parte del ser campesino, del alma rural.

Desarrolló una estrecha relación con el entorno y un notable conocimiento de los ecosistemas y la biodiversidad. La Facultad de Biología de la Universidad de Salamanca lo nombró doctor honoris causa “por su defensa del medio ambiente frente al desarrollo industrial”, tema ya presente en su primera novela “La sombra del ciprés es alargada” (Premio Nadal 1947), escrita a los 27 años. Tempranamente alertó sobre el deterioro ambiental, pero principalmente sobre el arrollo del desarrollo, ese progreso mal comprendido, ese que aumenta la “incomunicación y la violencia” que exalta el “dinero como único valor” y “calienta el estómago pero enfría el corazón”. “El sentido del progreso desde mi obra”, su discurso de ingreso a la Real Academia de la Lengua, en 1975, fue un verdadero manifiesto ecologista. Allí ante un auditorio que vela y venera las palabras, sentenció “el hombre, nos guste o no, tiene sus raíces en la naturaleza y al desarraigarlo con el señuelo de la técnica, lo hemos despojado de su esencia”.

La muerte de Delibes no solo es la de un notable escritor sino la de un pensador que nos alertó sobre la crisis ecológica y advirtió que dirigirse a ciegas hacia un precipicio no es avanzar.





El Comercio, 13 de febrero de 2010

La prevención como cultura

Miramos hacia ambos lados antes de cruzar la pista para verificar que no haya un vehículo que pueda embestirnos. Nos ponemos una chompa antes de salir en una tarde ventosa y así evitar un posible resfrío. Al subir una escalera nos apoyamos instintivamente en el pasamanos para sostenernos en caso de un tropezón. Son pequeños actos que realizamos a diario en el afán de evitarnos un percance. Como reza el dicho popular, “prevenir antes que lamentar”. Pero la prevención ante un terremoto, evento impredecible de la naturaleza, es algo en lo que no somos muy duchos que digamos. Nuestro país —igual que Chile— se ubica en el llamado cinturón de fuego del Pacífico, la zona de mayor actividad sísmica del planeta. Esta es razón suficiente para estar siempre preparados pues en cualquier momento la pachamama puede temblar furiosamente para liberar la tensión acumulada por la fricción de las placas tectónicas del lecho del Pacífico.




La diferencia entre sobrevivir o no depende de actuar de modo calmado y frío. Hay tres cosas que ocurrirán tras un terremoto: maretazos (cuando no un tsunami) por lo que debemos alejarnos del mar y de las playas; cortes de luz y la saturación y colapso del servicio telefónico, lo que se traduce en oscuridad (si el sismo es nocturno) y una desesperante incomunicación. Así, todo hogar debería tener a mano walkie talkies, una linterna (no se recomiendan velas ni fósforos por las posibles fugas de gas) y una radio portátil con varios juegos de baterías. Esto aparte de un pequeño maletín con lo esencial: mantas, agua, un mínimo de alimentos no perecibles y un botiquín de primeros auxilios que incluya medicinas para dolencias específicas (presión alta, diabetes, depresión, etc.). Los pasadizos y puertas de salida de casa deben estar libres de objetos que puedan caer y estorbar el paso. Si se está en el piso alto de un edificio no habrá tiempo de salir, lo ideal es abrir la puerta porque puede trancarse y ubicarse junto a una columna o cerca del ascensor. Toda familia debe tener un plan mínimo y desde ya asignar responsabilidades: ¿quién se encargará de los niños y de los adultos mayores? ¿Quién del maletín? ¿Hacia dónde irán? En caso de no estar juntos, ¿dónde se reunirán?

Se ha visto en un pequeño poblado de Chile algo que podría instituirse en los municipios: una suerte de tambo de emergencia con agua y alimentos para afrontar las primeras horas. Todo alcalde o alcaldesa debería, además, determinar cuáles serían los eventuales puntos de refugio para los vecinos. Pisamos tierra inestable y debemos estar prevenidos para lo peor. “Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza del cielo se abre como una boca de muerto”, escribió hace mucho el poeta chileno Pablo Neruda. Nada de malo tiene el miedo, mientras no nos paralice y evite que empecemos a “prevenir antes que lamentar”.

Desnutrición, freno del aprendizaje

Sonará anticipado, pero el problema de la educación empieza en el vientre materno. Mucho antes de que el niño o la niña anuncien su arribo a este mundo con el primer llanto su potencial intelectual y creativo puede haber sido ya mellado. La desnutrición —o mala nutrición— de las embarazadas es un tema que debe resolverse para lograr avances significativos en el campo educativo. Por más infraestructura de calidad, maestros altamente calificados y gran inversión económica —lo que por cierto no prima en el Perú—, empedrado será el camino hacia la excelencia si los cerebros de los pequeños carecieron de los ácidos grasos esenciales y otros nutrientes durante su gestación. Otro escollo aparece con la falta de micronutrientes en los primeros cinco años (la ventana de aprendizaje más importante). En esta etapa la nutrición es clave y también los estímulos (sonoros, visuales, motores, entre otros) necesarios para desarrollar la mayoría de destrezas, crear, potenciar y reforzar millones de conexiones neuronales, que a final de cuentas son la chispa de la inteligencia, de la personalidad y de comunión con el mundo y los demás.

El doctor Santiago Antúnez de Mayolo Rynning cuenta que en el antiguo Perú se prestó atención a la alimentación de las gestantes. Es más, comenta que seis meses antes de la concepción se consumían productos ricos en minerales, vitaminas y otros nutrientes y se llevaba una vida lo más sana posible (ojo, fiesteros) en el entendido de que esa salud y fortaleza se transmitían al niño por nacer. La madre aseguraba su ingesta de vitaminas (especialmente del complejo B), ácido fólico y bacterias benéficas, consumiendo chichas elaboradas con diversos cereales andinos. Una vez nacida la criatura su nutrición se garantizaba —al menos en los tres primeros años y a veces más— con la leche materna, el alimento más completo y benéfico para el cerebro.

Últimamente, fuera de oír sobre la película “La teta asustada”, más bien asusta lo pronto que las madres jóvenes destetan a sus bebes o simplemente obvian esto tan saludable de darles la teta. En el antiguo Perú, también, la estimulación temprana era practicada y se conocían las capacidades y necesidades de cada etapa. Para Antúnez de Mayolo, esto llevó a que en el tiempo de los incas “el Perú fuera la primera nación de América”.

Basándose en estos conocimientos ancestrales y los últimos hallazgos de las neurociencias (algo también por tomarse en cuenta al tiempo del desarrollo curricular), presentó en el 2007 el método ProEduPerú, al que para mal del país se le ha prestado muy poca atención. Recobrar lo mejor del pasado, recoger los aportes de las neurociencias y reconocer que nutrición y educación van de la mano sería un buen primer paso para avanzar con paso firme en la construcción del verdadero desarrollo.
El Comercio, 27 de febrero de 2010

jueves, febrero 25, 2010

Réquiem por el balneario de Ancón

Santa Sofía, del grupo Romero, insiste en establecer un puerto en la histórica bahía de Ancón, una importante área arqueológica y tradicional balneario por generaciones




Esta podría ser la última temporada de Ancón como balneario. El proyecto de establecer un puerto amenaza la quieta e histórica bahía. Santa Sofía, del grupo Romero, esgrime la falsa premisa de creación de puestos de trabajo (a saber estos no llegan siquiera a 400). Ancón tiene otra vocación: la pesca artesanal, la práctica de deportes acuáticos, los estudios arqueológicos y la conservación de un valioso patrimonio arquitectónico (sus casonas del siglo XIX). Cobra importancia ecológica que en sus roquedales y cuevas habite el pingüino de Humboldt, ave en extinción. Ancón tiene además fervorosas celebraciones religiosas: la fiesta de la Cruz, el día de San Pedro y San Pablo (con su procesión en el mar) y la tradicional Semana Santa, que son atractivos turísticos. Su historia se remonta a épocas preíncas, los hallazgos arqueológicos pueden apreciarse en el Museo de Sitio, establecido gracias al impulso del doctor Alejandro “Jan” Miró Quesada Garland. En Ancón, entre otros eventos históricos, se selló la paz con Chile. ¿Por qué borrarlo todo con un puerto?
El Comercio, 21 de febrero de 2010