jueves, febrero 25, 2010

Réquiem por el balneario de Ancón

Santa Sofía, del grupo Romero, insiste en establecer un puerto en la histórica bahía de Ancón, una importante área arqueológica y tradicional balneario por generaciones




Esta podría ser la última temporada de Ancón como balneario. El proyecto de establecer un puerto amenaza la quieta e histórica bahía. Santa Sofía, del grupo Romero, esgrime la falsa premisa de creación de puestos de trabajo (a saber estos no llegan siquiera a 400). Ancón tiene otra vocación: la pesca artesanal, la práctica de deportes acuáticos, los estudios arqueológicos y la conservación de un valioso patrimonio arquitectónico (sus casonas del siglo XIX). Cobra importancia ecológica que en sus roquedales y cuevas habite el pingüino de Humboldt, ave en extinción. Ancón tiene además fervorosas celebraciones religiosas: la fiesta de la Cruz, el día de San Pedro y San Pablo (con su procesión en el mar) y la tradicional Semana Santa, que son atractivos turísticos. Su historia se remonta a épocas preíncas, los hallazgos arqueológicos pueden apreciarse en el Museo de Sitio, establecido gracias al impulso del doctor Alejandro “Jan” Miró Quesada Garland. En Ancón, entre otros eventos históricos, se selló la paz con Chile. ¿Por qué borrarlo todo con un puerto?
El Comercio, 21 de febrero de 2010

Adiós a la naturaleza invisible

“Quien ensucia el agua debe limpiarla”, afirmaba cuatro siglos antes de Cristo el célebre filósofo griego Platón. Así, dejó bastante claro que nadie tenía (ni tiene) derecho a degradar un bien que es de todos y, en todo caso, quien lo hiciera estaba (está) obligado a repararlo. En el siglo XX tal dicho se convirtió en la lógica de “el que contamina paga” y se aplicó bajo la forma de impuestos, con éxito en países como Alemania, cuyas empresas avanzaron prontamente tecnologías y procesos amigables con el ambiente.
En pleno siglo XXI lo dicho por Platón se refleja en las propuestas del economista Pavan Sukhdev, consejero especial de Naciones Unidas, quien afirma que la “invisibilidad de la naturaleza” al tiempo de hacer negocios y tomar decisiones ha propiciado los descalabros ambientales que vemos. “No podemos gerenciar lo que no medimos y no estamos midiendo el valor de los beneficios de la naturaleza ni el costo de su pérdida”, dijo recientemente al diario británico “The Guardian”.
Las empresas deben empezar a contabilizar sus pasivos ambientales, es decir su impacto negativo sobre los ecosistemas, la biodiversidad y el clima. En otras palabras, “sincerar” los costos, tan simple como eso. Y pasemos ahora al escalofriante “sinceramiento” de cifras. Un informe de la consultora Trucost, encargado por Naciones Unidas y cuyos avances fueron difundidos el último jueves, indica que en el 2008 los pasivos ambientales de las tres mil más grandes empresas del globo fueron cercanos a los… ¡dos mil quinientos trillones, sí trillones, de dólares! Este monto inimaginable es mayor al de las economías nacionales de todos los países de la Tierra (menos de los 7 más poderosos).
El informe menciona, además, que un tercio de las ganancias de esas compañías se desvanecería si pagaran por el uso, pérdida y daño ambiental que causan. Así “ensuciar el agua y no limpiarla” resulta siendo un buen negocio, a vista y paciencia de los gobiernos y muchas veces con su venia. El asunto deriva, además, en algo totalmente ilógico: todos y todas padecemos la contaminación, deforestación, sobreúso de agua, generados por negocios ajenos, mientras unos pocos gozan las ganancias. Lo último que nos faltaba: el comunismo de la contaminación, la democratización del descalabro ecológico, la distribución justa y equitativa de los desequilibrios ambientales. Y lo mismo ocurre a pequeña escala, porque por el ojo de esa aguja entra también el conductor de la vetusta combi que envenena el aire urbano, causándonos alergias, irritándonos los ojos, la garganta y los bronquios, mientras él hace su “agosto” (amén de causar accidentes por doquier).
El estudio que será publicado por el Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas y la iniciativa Principios para Inversiones Responsables, apoyada también por ONU, esperan sensibilizar a los inversionistas para que exijan a las compañías reducir sus impactos, antes que los gobiernos impongan mayores impuestos, sanciones, restricciones o regulaciones a sus actividades. La economía de la naturaleza visible está a la vuelta de la esquina.
El Comercio, 20 de febrero de 2010

sábado, febrero 13, 2010

¿Qué vendrá después?

Fuertes vientos se desataron sobre el lago Titicaca, en Puno. Por los aires volaron los techos de paja y las legendarias islas flotantes de los uros fueron arrastradas por más de tres kilómetros. Tuvo que intervenir la Marina para poner las cosas en su lugar y anclar este territorio de totoras en su lugar original. Por poco y los últimos representantes de esa cultura milenaria desaparecen, con todo y pueblo, como Macondo en “Cien años de soledad”, arrastrados por el ventarrón. El clima cada vez se parece más a la literatura, a una intervención artística que modifica en un instante el paisaje pero dejando estragos y grandes pérdidas tras de sí. El cambio climático se empieza a asomar con su estética de destrucción.
“Lluvia y más lluvia, ayer sin cesar, y ahora mismo vuelve a empezar [...]”, escribió en 1907 el poeta Rainer María Rilke, en “Cartas sobre Cézanne”. Y así está una extensa parte del norte del Perú, padeciendo lluvias más intensas que las de las peores temporadas de fenómeno de El Niño. En Trujillo, Chan Chan, la más grande ciudadela de barro de Latinoamérica y patrimonio mundial, debió ser cubierta —hasta donde se pudo— con plástico para evitar daños irreparables. La naturaleza parece estar dispuesta a darnos una lección, nos amedrenta para recordarnos nuestra fragilidad, la necesidad de desarrollar una cultura de prevención y empezar a tomarla en cuenta para ubicar el lugar que nos corresponde en el planeta. Somos nada cuando ella de sata su furia y somos aún menos que nada si ante esa furia no analizamos qué debemos hacer. Una y otra vez el ingeniero reconstruye el camino allí donde volverá a pasar el huaico, ni un poco más allá ni un poco más acá, y no tomará las medidas adecuadas para proteger su obra. Una y otra vez el agricultor querrá ganar terreno donde sabe que gusta el río desbordarse y perderá sus cosechas. Con compulsiva obsesión se reconstruirán casas, escuelas, postas y albergues en zonas de deslizamientos, en terrenos ines-tables. Y las autoridades se fotografiarán felices ante estos logros hasta que nuevamente la naturaleza mande su clarinada: “allí no tenía que ser” y todo vuelva a comenzar, o a terminar.
Con Washington D.C., la capital de Estados Unidos, paralizada y soportando nevadas y bajísimas temperaturas no registradas desde hace más de un siglo, con Río de Janeiro en un carnaval de infierno y sus termómetros por encima de los 45 grados, no queda duda de que estamos ya atisbando a lo que se referían los científicos cuando hablaban del “cambio climático global”. Con una humanidad que en los últimos tres siglos se ha ido desvinculando cada vez más de la naturaleza y de sus procesos, los avatares del clima son una especie de brutal “llamado” para entender y reestablecer lazos con aquello de lo que formamos parte. Francis Thompson (1859-1907), poeta inglés, expresó esta interrelación así: “Todas las cosas por un poder inmortal/ cercano o lejano/ Ocultamente/ Una a la otra tan unidas están/ Que es imposible tocar una flor/sin que se estremezca una estrella”.
El Comercio, 13 de febrero de 2010

Ya nada será igual

El clima sigue azotando extensas porciones de nuestro territorio. Mientras tanto Lima se prepara para recibir al divo español Julio Iglesias, quien alcanzara la fama con su canción “La vida sigue igual”. Con prácticamente medio Perú en estado de emergencia por los recientes eventos que han ocasionado invalorables pérdidas humanas, colapso de infraestructura, millares de familias sin techo y cuantiosas pérdidas materiales y agrícolas, una cosa queda clara: ya nada será igual y la cultura de prevención tendrá que asumirse como prioridad nacional, regional, local e individual. Lluvias torrenciales en Cusco, Puno y otras zonas del sur andino. Granizadas en Huancayo tan feroces como para derrumbar casas de adobe. “Nunca antes había pasado esto”, repiten los afectados (afectados justamente por la falta de prevención y dejadez de sus autoridades).
Desde fines del siglo XX, los expertos anunciaron la alteración del clima. Lo que está ocurriendo, a lo largo y ancho del planeta, responde a modelos analizados del tan mentado “calentamiento global”, cuyo errático comportamiento lleva a episodios como los de una Europa soportando nevadas inusitadas. El cambio climático no perdona y lo afecta todo.
Antes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Clima, COP-15, realizada en Copenhague, Dinamarca, el pasado diciembre, un grupo de chefs y enólogos franceses reclamaron acuerdos para evitar la debacle del sabor. La evidencia señala que la industria vinícola y la gastronomía podrían sucumbir por los avatares del clima. Ciertos vinos franceses y griegos, así como la cerveza tipo pilsener ya están viéndose afectados. Veintisiete regiones del vino padecen el mal sabor de algunas de sus cosechas. En cuanto a la cerveza, el climatólogo Martin Mozny del Instituto de Hidrometeorología de la República Checa, ha informado sobre el deterioro del delicado lúpulo Saaz. Mozny y su equipo detectaron que desde 1954 al 2006, la concentración de ácidos alfa —responsables de la sutil amargura de la pilsener— se redujo 0,06% anualmente. Y esto no es todo. El doctor John Agar, experto en ecología tropical de islas, indica que el famoso, delicioso y carísimo café jamaiquino —con denominación de origen Blue Mountain— ya está perdiendo su característico sabor (suave y sin amargor). Lo mismo ciertos tés y algunos aseguran que el arroz. Un informe de la revista “New Scientist” indica: “las chuletas de cerdo serán más aguadas y pálidas, mientras que los churrascos más oscuros y apestosos”. Los gastrónomos anuncian que el sabor que trae el cambio climático será agrio. Así, al impacto social, económico, pesquero y agropecuario hay que sumar el mal sabor. Mientras las poblaciones pobres serán afectadas inicialmente, los grupos más favorecidos tendrán tiempo para lamentarse por el mal sabor de su café y la pestilencia de su lomo. Luego se darán (nos daremos) de cara con la democracia de las fuerzas de la naturaleza. Esa sí que no hace distingos ni concesiones y trata a todas y todos por igual.
El Comercio, 06 de febrero de 2010

lunes, febrero 01, 2010

No culpemos a la lluvia

¿Fue la lluvia o la falta de prevención? Invalorables vidas humanas perdidas, casas desplomadas, vías bloqueadas, puentes y vías colapsados, poblados aislados, miles de hectáreas de cultivo ahogadas bajo el agua, pérdidas materiales que van por los mil millones de soles.
Las lluvias desataron su furia sobre el sur andino —en el caso del Cusco—, hicieron crecer hasta diez veces el caudal normal de los ríos. En dos o tres días llovió lo que en un mes. Puno, Huancavelica, Apurímac y Ayacucho están también afectados por un fenómeno natural perfectamente previsible. En pleno siglo XXI y con la tecnología disponible esto no llega de sorpresa. Días antes de que el cielo rebalsara —por decirlo de alguna manera—, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología, Senamhi, declaró alerta naranja para la región hoy afectada. ¿Qué hicieron las autoridades? A la usanza nacional, nada. Y, hasta ahora, fuera de enviar la necesarísima ayuda de último minuto no se conoce ningún plan de intervención para dar soluciones y prevenir mayores daños.
En un escenario de cambio climático global, es impostergable crear una cultura de prevención e invertir en planes de contingencia. Si de algo tienen que preocuparse nuestras autoridades es de brindar los fondos necesarios y tecnología de punta a las instituciones encargadas de la investigación climática, así como contar con comunicación eficiente al más alto nivel. Es impostergable cruzar la información sobre los patrones del clima para reordenar el territorio y tomar las medidas preventivas necesarias: muros de contención, zanjas y canales donde los ríos y lagunas puedan descargar, maquinaria pesada disponible en zonas riesgosas, puentes móviles, un ejército preparado para actuar rápidamente ante estos episodios y, de ser el caso, el traslado de poblados a lugares más seguros. Hay que comprender que los desastres no son naturales y que resultan de la desidia y el desconocimiento humanos.
Lo ocurrido en Aguas Calientes, poblado a las faldas de esa joya turística peruana llamada Machu Picchu (Patrimonio de la Humanidad y una de las nuevas siete maravillas del mundo) estaba cantado. Aguas Calientes creció desordenadamente; sucesivas autoridades no solo permitieron sino que fomentaron el establecimiento de albergues y restaurantes en zonas inestables (terrenos muy cercanos al río, por ejemplo).
Frente a la tragedia del Cusco, los expertos en turismo hablan de la pérdida de un millón de dólares diarios para el sector. Si bien en momentos como los actuales corresponde al Estado operativizar la ayuda, ¿no deberían quienes hacen negocios de tal envergadura tener planes de contingencia ante tragedias como esta y otras? Una empresa ferroviaria que por largos años ha monopolizado la ruta Cusco-Aguas Calientes, tendría que contar con los medios para evacuar a sus pasajeros varados. Tanto como el Estado, las empresas deben prevenir y contar con planes para enfrentar los fenómenos climáticos. No culpemos solamente a la lluvia.
El Comercio, 30 de enero de 2010

La ceremonia de los adioses

“Miro una foto de una tristeza, dolor, crueldad y violencia inmensas: un hombre toma del pie el cadáver de un niño y lo arroja al aire. El cuerpo va a dar a la montaña de cadáveres —decenas de millares [...]”, ha escrito el novelista mexicano Carlos Fuentes en el diario “El País”, de España. Max Beauvoir, la máxima autoridad del vudú haitiano, considera que los muertos están siendo desechados como basura. Beauvoir fue educado en el City College, de Nueva York y en la Sorbona, de París y hoy llama la atención sobre cómo varios miles de cuerpos han sido depositados en fosas comunes o lanzados al fuego, “sin respeto ni dignidad”. Nicholas Young, presidente ejecutivo de la Cruz Roja Británica, explicó a la BBC: “Así es imposible que los parientes puedan tener un duelo, saber cuántas personas murieron y que los familiares puedan identificar a sus muertos. Todo esto es una verdadera lástima”.
Todo deudo quiere para su familiar o amigo “cristiana sepultura” y los haitianos no son la excepción, aunque su ritual de despedida sea distinto. Miles no pueden enterrar a los suyos según sus costumbres y espiritualidad, o lo que es lo mismo: según lo que les dicta el vudú. Más del 80% de las y los haitianos se declara católico pero practica también los ritos originados con la llegada de los primeros esclavos africanos, allá por el siglo XVI.
En los pueblos más alejados de nuestros Andes no es raro ver que tras la misa dominical algún grupo de parroquianos se reúna para realizar una ceremonia de pago a la tierra, a la pachamama. Creencias ancestrales que sobreviven y conviven con la fe católica, con el cristianismo. La religiosidad andina es vista, las más de las veces, como algo folclórico, una curiosidad antropológica, una antigua tradición pero a nadie se le escarapela el cuerpo con eso.
¿Pero, qué nos pasa con el vudú? La simple palabra trae a la mente imágenes de zombis, figuras clavadas con alfileres para causar daño, ritos macabros, sacrificios y magia negra (y por negra se supone que mala y perversa). Racismo, prejuicio y desinformación que han sido alimentados a lo largo de las décadas por los medios de comunicación, libros de bolsillo y un sinfín de terroríficas películas de Hollywood. Ninguna religión ha sufrido tal campaña de desprestigio y demolición como esta surgida de la mixtura de rituales de África Occidental (de Ghana a Benín) con el catolicismo y prácticas amerindias.
Al arribar los esclavos a tierras caribeñas fueron forzados a adoptar la religión de sus “amos” pero conservaron sus creencias y adoptaron algunas de los nativos del lugar, en un proceso de siglos conocido como sincretismo. Esas mismas fuentes africanas, cristianas e indígenas abrevaron la santería y el arará cubanos, el vudú de Nueva Orleans, Estados Unidos, el candomble brasileño y argentino. Creencias que, como las nuestras, consideran que el ser humano conserva su dignidad aún ante la tragedia inevitable de la muerte.
El Comercio, 23 de enero de 2010

Discapacidad no es incapacidad

“La ciencia puede haber encontrado una cura para la mayoría de los males; pero no ha encontrado remedio para el peor de todos ellos: la apatía de los seres humanos”, escribió en “Mi Religión” (1927) —uno de sus 10 libros— la autora, pensadora y activista política estadounidense Hellen Keller (1880-1968), quien, para más señas, quedó ciega y sorda a los 2 años de edad. En realidad no hay mayor mal espiritual y tragedia para un país que la apatía. No es otra cosa que dejadez, indolencia, falta de interés y voluntad. Simple egoísmo con otro nombre. Quizá la apatía sea la razón por la que, en pleno siglo XXI, las personas con discapacidad sigan siendo marginadas y no gocen, en la práctica, de los derechos y oportunidades para desarrollar todo su potencial creativo, emocional y espiritual.
Una de cada diez personas padece algún tipo de discapacidad, sea física, sensorial o mental, es decir 10% de la población (aproximadamente 650 millones de personas alrededor del mundo). En nuestro país cerca de tres millones de hombres, mujeres, jóvenes, niñas y niños presentan algún tipo de discapacidad, especialmente en los sectores pobres.
El Perú ha firmado y ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas con discapacidad pero, como dicen los comentaristas deportivos, “aquí no pasa nada”. El tema recibe una mirada compasiva y “caritativa”, por decir algo y así entre comillas, pues el Presupuesto Nacional ni siquiera refleja eso.
El ex congresista Javier Diez Canseco está dispuesto a que el asunto cambie y que la referida Convención de la ONU deje de ser un simple saludo a la bandera. Para ello viene proponiendo la elaboración de una ley —como iniciativa ciudadana ante el Congreso—, respaldada con la firma de 50.000 ciudadanos. Veamos si siquiera eso saca de su apatía a nuestros queridísimos “otorongos”.
En el país del “tú no puedes” (o sea este rinconcito del cosmos llamado Perú) resaltan quienes pese a todo han sacado a la luz sus talentos. Un ejemplo inspirador es el artista plástico Félix Espinoza Vargas —grabador, acuarelista, tallador y pintor—, quien nació sin brazos y sin la pierna derecha: usa indistintamente la boca o el pie izquierdo para plasmar su arte. En entrevista con el periodista Enrique Sánchez Hernani, publicada en nuestro suplemento “El Dominical”, narró que en su infancia preguntó muy entusiasmado a un médico “¿qué debo hacer para nadar?”. ¿Y qué le contestó el apático y antipático ese? Pues nada más y nada menos: “Es imposible [...] si lo intentas, que no me vengan a avisar que te has ahogado”. Hoy el artista practica la natación en el mar de Punta Hermosa y nada de ida y vuelta, de la orilla hasta una isla cercana entre las olas y contra la corriente. “Todos somos vulnerables a la discapacidad, ya sea temporal o permanente, sobre todo a medida que nos hacemos mayores”, nos recuerda Ban Ki-moon, secretario general de la ONU. Mientras que Diez Canseco promueve el lema “Discapacidad no es incapacidad”. Y aquí bien podríamos decir “la apatía es la peor de las incapacidades”.
El Comercio, 16 de enero de 2010

miércoles, enero 13, 2010

Jorge Edwards con Sebastián Piñera

Como baldazo de agua fría —helada más bien diríase— le ha caído a la progresía mapocha que el emblemático y tantas veces premiado escritor chileno Jorge Edwards (1931) declare que apoya al derechista Sebastián Piñera.
“Siempre en mi vida voté por la izquierda o por la centroizquierda, por el no a la Constitución de 1980, por el no a Pinochet, por la Concertación, pero ahora, por una vez, en la coyuntura chilena de hoy, me siento obligado a cambiar. Lo hago a conciencia, después de meditarlo bien, y sin la menor hipocresía”, anunció Edwards en su columna del diario “La Segunda” (18 /12/2009), publicada en El Comercio (03/01/2010). Y en menos que canta un gallo le llovieron críticas de todo calibre desde un sector que intenta permanecer en el poder (como Evo, como Chávez, como tanto se le critica al ex presidente Fujimori).
En nombre de la “transición” de la dictadura militar hacia la democracia y satanizando constantemente a Pinochet (juzgado, ya muerto y enterrado), la Concertación excluye la posibilidad de otras opciones. En Chile “la” democracia es la Concertación, punto. Quien piense lo contrario es un traidor, un pinochetista o el cuco disfrazado. Así de simple. Lo que fue una coalición de fuerzas democráticas, el cambio necesario que recuperó las libertades y derechos pisoteados por la dictadura militar y oxigenó a toda una generación, se parece cada vez más al PRI (Partido Revolucionario Institucionalizado) que gobernó México, nada más y nada menos, que durante siete décadas. Eran ellos o nadie. Un poquito así empiezan a ponerse las cosas en Chile.
Se dice —como verdad absoluta— que “la permanencia en el poder corrompe y que la alternancia es la esencia de la democracia”. Parece que allá como acá tal convicción depende de si se está o no en el poder. Edwards explica que “en una democracia moderna, desarrollada, la posibilidad real de alternancia en el poder es decisiva. De lo contrario, la sociedad estaría formada por ciudadanos que pueden gobernar y por otros que no pueden, vale decir, ciudadanos de primera clase o de segunda [...] esta tendencia a creerse dueños del llamado progresismo, a arroparse, contentos y felices, en las banderas del pensamiento políticamente correcto, es un vicio ideológico, una tara del siglo XX que todavía, entre nosotros, no desaparece del todo [...] la palabra “izquierda” se ha transformado en una palabra mágica, una especie de escudo moral y mental”.
Tras dos décadas en el poder parece que la Concertación empieza a sentirse dueña del Estado y se desliza lenta y sutilmente hacia el autoritarismo. Lo advierte quien estuvo tan cerca del presidente socialista Salvador Allende como para ser su embajador en Cuba (duró poco por sus críticas a la dictadura isleña); lo dice quien fue secretario de la embajada chilena en París bajo las órdenes del poeta Pablo Neruda; lo siente quien tras el golpe del general Pinochet se exilió en Barcelona y volvió a Chile solo para fundar el Comité de Defensa de la Libertad, apoyar decididamente a las fuerzas democráticas a abrirse paso, a esa Concertación que le empieza a oler mal, muy mal.
El Comercio, 09 de enero de 2010

viernes, enero 08, 2010

Benedicto XVI: El Papa 'verde'

No hay duda, tenemos un Papa ecologista. ¿Lo acusarán también de rojo y comunista? Benedicto XVI ha inaugurado el 2010 reforzando su posición sobre la conservación ambiental. No en vano se le conoce ya como el Papa “verde”. Ante miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, para el primer rezo del Ángelus del nuevo año dijo: “Todos somos responsables de la protección y el cuidado de lo creado”.
El sacerdote Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede, ha reconocido en diferentes medios de prensa la sincera preocupación del Sumo Pontífice por la cuestión ecológica. “Sus pronunciamientos sobre la protección del medio ambiente, y la salvaguarda de la creación, son frecuentes, y podemos decir casi continuos”, comenta Lombardi. Y esto es muy cierto. Pero mucho más cierto es que el papa Ratzinger, como buen alemán, no es hombre de quedarse en el discurso, sus palabras se transforman en acciones y en ejemplo.
Thomas J. Reese, S.J., académico del Centro Teológico de la Universidad de Georgetown y columnista del “Washington Post”, informó cómo el Papa hizo instalar paneles solares de alta tecnología en los techos del Vaticano para generar electricidad. “También ha hecho del Vaticano el primer estado neutral en emisiones de CO2, a través de la reforestación de bosques que compensan sus emisiones”, informa Reese. Mientras Mark Hopkins, director de política energética de la Fundación de las Naciones Unidas, sostiene: “Están haciendo lo que algunos solo dicen que hay que hacer y lo están haciendo de manera importante”.
Recordemos que ya en su encíclica “Caritas in veritate” (Caridad en la verdad) el Papa se refiere a la explotación de los recursos no renovables y la justicia hacia los pueblos más pobres, al consumo de la energía y la búsqueda de fuentes alternativas, así como la relación entre ecología y respeto a la vida. En la víspera de la inauguración de la cumbre sobre cambio climático en Copenhague, COP-15, pidió una conducta responsable con el medio ambiente y favorable para “un desarrollo solidario, fundado en la dignidad de la persona humana y orientado hacia el bien de todos”.
Ahora en el primer día del año nos ha recordado que “el mundo es nuestra casa común y debemos respetarla”. El Papa “verde” insistió en que la justicia y la sabiduría sustenten el uso los recursos naturales. Enfatizó el rol que le toca a la sociedad en el cuidado del ambiente asumiendo un nuevo estilo de vida, más austero y solidario. Dijo que la armonía y la paz deben imperar en el mundo. “Si debemos cuidar a las criaturas que nos rodean —señaló—, ¡cuán mayor consideración debemos tener por las personas, nuestros hermanos y nuestras hermanas y la vida humana!”. Pidió a los grupos armados de cualquier tipo: “parad, reflexionad y ¡abandonad la vía de la violencia!”.
Ojalá que el discurso y la acción de nuestro Papa “verde” cale en los líderes del planeta e influya en las decisiones de quienes dirigen —a veces tan mal— los destinos de nuestra patria.
El Comercio, 02 de enero de 2010

El bosque de las manzanas silvestres

¿Qué tiene que ver el fin de las tiranías comunistas de Europa del este o la caída del Muro de Berlín con las manzanas? Veamos. Los mismos vientos de razón, libertad y sensibilidad que desplomaron en 1989 el Berliner Mauer y todo lo que el infame muro significó, permitieron conocer el origen de las manzanas domesticadas (“Malus doméstica”). El asunto parece arrancado de una novela.
El 1 de setiembre de 1929 el botánico ruso Nikolai Vavilov (1886-1943) encontró un inmenso bosque de manzanos silvestres. Fue en las montañas de Tien Shan, al sur de Kazajistán, a una hora de la ciudad de Almaty (manzana, en el idioma local), entonces llamada Alma-ata (padre de las manzanas). Árboles diversos entre sí que exhibían frutos morados como una aceituna, pequeños como cerezas, amarillas como limones, redondas e inmensas como toronjas, cónicas, de color verde. Una inesperada multiplicidad de formas, texturas, olores y sabores. Le quedó claro que esos árboles añosos y enormes anidaban las frutas y semillas de la manzana silvestre, y con ellas los genes que se habían expandido por Europa y Asia. Siglos de cruce y selección permitieron a las primeras civilizaciones domesticar esta planta y crear un amplio abanico de variedades, un preciado alimento que hoy es el cultivo más extendido del planeta.
El hallazgo de Vavilov fue sepultado por la intolerancia de Stalin y las intrigas de Lysenko (1898-1976), seudocientífico “proletario” que veía la genética como una “ciencia burguesa que intentaba justificar biológicamente las diferencias de clase”. El prejuicioso Lysenko intervino en la política agraria soviética de 1929 a 1948 y llevó a acusar a los genetistas de “saboteadores trotskistas”. Vavilov fue condenado a muerte, pena que se le modificó por el destierro en Siberia, donde murió de hambre en 1943. Una triste ironía para quien por más de dos décadas recorrió distintos países en los cincos continentes —incluido el Perú— recolectando las semillas de cultivos alimenticios: cereales, frutos, hortalizas y tubérculos, así como de sus pares silvestres, para saber más y poder proteger mejor lo que nutre a la humanidad. Pero volvamos a las manzanas.
Para 1989, tiempos ya libres, el doctor Aimak Djangaliev —uno de sus últimos discípulos vivos— invitó a científicos estadounidenses para mostrarles el único bosque de manzanos silvestres del planeta, el sitio estudiado por su maestro. Aimak era un jovenzuelo de 15 años cuando Vavilov pasó por allí y despertó su vocación por la botánica y particularmente por las manzanas. Como le ocurrió a Vavilov en su tiempo, los investigadores estadounidenses quedaron extasiados por la fragancia y la visión de las extensas colinas pobladas por árboles de más de 300 años y alturas mayores a los 20 metros y sus manzanas salvajes y semidomesticadas.
El enigma del origen de esta fruta se descifró y, como si del muro berlinés se tratara, en ese instante del siglo XX se derrumbaron todas las teorías al respecto —incluida la que afirmaba que el manzano silvestre europeo era progenitor de las manzanas modernas—. Más de 56 formas salvajes de “Malus sieversii” (la originaria) han sido catalogadas en el lugar que hoy es escenario de importantes proyectos de conservación y, sin querer, un tributo a la libertad. A todo esto, ¿al genocida Stalin le gustaban las manzanas?
El Comercio, 26 de diciembre de 2009

lunes, diciembre 21, 2009

Dama de la selva

“La vida en sí es el más maravilloso cuento de hadas”, dijo alguna vez Hans Christian Andersen, uno de los más famosos escritores del reino de Dinamarca. Y un cuento de hadas ha sido para muchos —incluida quien escribe estas líneas— estar en Copenhague mientras que por las mismas calles andaban algunos de los seres humanos más notables de nuestro tiempo. Personajes como el arzobispo anglicano Desmond Tutu, pacifista antiapartheid, Nobel de la Paz 1984, o la bióloga, veterinaria, política y ecologista keniana, Dra. Wangari Mathaai, Nobel de la Paz 2004, que ha contribuido como pocas al desarrollo sostenible. Y otros muchos dedicados a construir un mundo mejor. No podía faltar la doctora Jane Goodall., quien desde los años sesenta del siglo pasado vive en las junglas de Tanzania, tratando de salvar de la extinción a los chimpancés y al bosque tropical. “Mi vida es una historia hermosa, feliz y llena de incidentes”, escribió también Andersen. Y un feliz incidente fue escuchar en vivo a esta gran dama de los chimpancés.

Aprender a compartir
“Los bosques brindan a los seres humanos importantes servicios ambientales —dijo con voz pausada en una importante reunión con lo más notable del empresariado y de la política verde— pero no son solo nuestros. Debemos aprender a compartirlos con la diversidad de especies que dependen de ellos para sobrevivir. No podemos seguir tomando decisiones egoístas que afectarán negativamente a las generaciones futuras”. Goodall llegó en los años 60 a Gombe invitada por el científico Louis Leakey, su mentor, para estudiar a los chimpancés, hoy es la máxima autoridad en estos primates. Por entonces la selva se extendía hasta donde alcanzaba la mirada y más allá. “En los ochenta —comenta— empezó un proceso de deforestación que amenazó la supervivencia de la especie”.

Actuar para salvar
La deforestación avanzaba a ritmo acelerado avasallando el hábitat de los chimpancés. “Empecé a trabajar con la comunidad, con las mujeres, consiguiendo microcréditos, desarrollando las competencias y capacidades de las personas para que fueran aliadas de la conservación y recuperación del bosque. Hoy extensas zonas han sido reforestadas y sirven como amortiguamiento de la reserva. La comunidad trabaja por el bosque para tener una buena calidad de vida, agua y alimentos”, y cuenta tamaña hazaña como quien comenta que puso a hervir agua para el té. Es la humildad que da la grandeza. “Pero nada ganamos si no educamos a las nuevas generaciones para relacionarse armoniosamente con la naturaleza”, afirma.
Ejemplar
En la reunión sobre la Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD), mencionó los avances que permiten las nuevas tecnologías. Ella ya usa las aplicaciones de Google Maps y Google Mobile para armar una base de datos e involucrar a las comunidades en el monitoreo. No es mujer de estadísticas ni de frías cifras. “Hay que alcanzar los corazones. Más vale un millón de corazones que un millón de dólares” ha dicho y explica los efectos del cambio climático con lo que ha visto: “en Panamá los indígenas Kuna Yala han vivido por centurias en una pequeña isla. Ahora están planeando evacuarla, algunos ya se marcharon porque el mar la está cubriendo”.
Pero no solo habla de problemas. A la revista “Newsweek” le dijo “Las cosas pueden funcionar. Hace mucho en Costa Rica, el gobierno empezó a pagar a los agricultores para que no cortaran los árboles. En las ciudades las personas estuvieron de acuerdo con un impuesto para garantizar el agua y aire limpios. Hay muchas formas de lograrlo”. Una de las formas —dice— es modificar nuestra dieta y apoyar la agricultura orgánica. La gran revolución del siglo XXI. “¿Saben que la ganadería genera más gases de efecto invernadero que todos los automóviles del planeta?”, dice. Y salimos convencidas, como escribió H.C. Andersen, de que “Solamente vivir no es suficiente. Uno debe tener sol, libertad y una pequeña flor”.
El dominical, 20 de diciembre de 2009

Nada parecido a lo esperado

Quizá fue el frío. Mientras los máximos líderes discutían —efectivamente discutían, no dialogaban— sobre las medidas para contrarrestar el calentamiento global, en la capital del reino de Dinamarca nevaba y la temperatura era de 4 grados bajo cero.
Quizá la XV Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima, COP-15, hubiera tenido otros resultados de haber sido su escenario Maldivas, país en el Océano Índico compuesto por un millar de islas que está siendo devorado por el mar. O en las inundadas costas de Bangladesh donde miles de personas han sido desplazadas por los ciclones. De repente en el Perú, nomás, a los pies del Pastoruri, allí donde antes podía esquiarse en una nieve que se derritió para no volver.
En Copenhague ha quedado demostrado cuán lejos están los líderes políticos de los pueblos a los que representan.
La gente de a pie, llegada de diversas partes del mundo, invocaba en las calles para que se llegase a un acuerdo justo, coherente y vinculante. Eso no se logró y podríamos decir que ni siquiera se intentó (salvo los países europeos).
Las posiciones de Estados Unidos, China y la India estaban cerradas y eran antagónicas. Pero algo se notó aquí, en el mundo la fuerza de las voces está empezando a cambiar.
Países a los que antes no se les prestaba atención cuentan hoy con un creciente liderazgo. Tal es el caso de la coalición africana, por citar un ejemplo. Un grupo de países emergentes, subdesarrollados y pobres, pero con un mensaje claro y conciso sobre la cuestión ambiental que, a partir de hoy, cuenta con el respaldo de millones de personas justamente de los países industrializados que, sin duda, le pasarán la factura a sus políticos por no volver a casa con el tan esperado tratado bajo el brazo.
El divorcio entre el discurso y la acción ha quedado también evidenciado, especialmente en el caso del presidente Barack Obama. Como evidenciada la sincera vocación y compromiso de la Unión Europea y de Gran Bretaña para lograr avances significativos. Hasta el último momento los europeos batallaron por un acuerdo vinculante y obligatorio. Y culminada la cumbre, pasada la una de la mañana, sus voceros dieron cara a la prensa y dejaron en claro que sus compromisos son vinculantes para todos los estados miembros y que en ellos no hay retrocesos.
Esta vez no se ha logrado lo esperado, pero esto no es el fin del mundo. Un mal acuerdo es mejor que ninguno, aunque Anne Jellema, de la ONG Actionaid, está convencida de que “ningún acuerdo hubiese sido mejor que el mal acuerdo adoptado aquí”.
Como fuere, el proceso sigue, los compromisos del Protocolo de Kioto están vigentes hasta el 2012 y sus mecanismos estructurales y de financiamiento no tienen fecha de caducidad.
México será sede de la próxima conferencia a mediados del 2010 y allí se espera que se ponga sobre la mesa una oferta más seria.
De esa oferta depende demostrarle a los “antisistema” que sí se puede, que el capitalismo está en capacidad de ofrecer las soluciones que plantea el cambio climático. Los únicos contentos con todo esto son justamente los “antisistema”.
Evo Morales, presidente de Bolivia, dijo sonriente: “El problema del clima se terminará cuando se acabe el capitalismo”. Y Hugo Chávez, mirando a los líderes del mundo libre, espetó: “Esto huele a azufre”. ¿Sería su propio perfume?

El Comercio, 19 de diciembre de 2009

Sin compromiso con el planeta

Hay voluntad para detener aumento de temperatura y crear fondo de ayuda. Sin embargo, no hubo acuerdo en limitar las emisiones por país

COPENHAGUE. La XV Conferencia de las Naciones Unidas sobre Clima, COP-15, terminó en un acuerdo de mínimos después de 12 días de beligerancia más que de negociación entre las partes. Estados Unidos mantuvo su postura cerrada igual que China. Al cierre de esta edición se ha llegado a acuerdos consensuados por Estados Unidos, China, India, Sudáfrica y la UE como la voluntad de mantener el alza de temperatura en 2 °C y crear un fondo de 100 mil millones de dólares en el largo plazo para ayudar a financiar la lucha contra el cambio climático en los países en desarrollo.
El resto de países votará sobre el texto en la plenaria de cierre que se desarrollará en las próximas horas.
En la reunión quedaron pendientes, hasta febrero del 2010, las metas de recortes de emisiones por cada país.
Las negociaciones de Copenhague se proponían lograr un nuevo acuerdo de reducción de emisiones de CO2, por encima de los compromisos del Protocolo de Kioto, en el que no están incluidos ni EE.UU. ni China, los dos más grandes emisores de gases de efecto invernadero. El presidente Barack Obama llegó para coincidir con la propuesta de su negociador Todd Stern, ya ratificada por su secretaria de Estado, Hillary Clinton, es decir, ninguna reducción de emisiones más allá del 4%, en el 2020 respecto a 1990.
Apenas transcurrida la mañana de ayer, sobre el mediodía, empezó a quedar claro que Copenhague desembocaría en un magro resultado. A esa hora Luiz Inácio Lula da Silva, frente al plenario, utilizó la palabra “frustración” para referirse al proceso y deseó “un milagro” para que en la tarde se resolvieran los entrampamientos de las negociaciones. El presidente de Brasil reiteró los compromisos de su país (casi 40% menos emisiones en el 2020 respecto a la tendencia actual) y fue más lejos: “Si es necesario haremos más sacrificios. Brasil está dispuesto a transferir dinero a otros países que lo necesiten”, ofreció intentando dar la pauta a otros países emergentes reacios a colaborar con un fondo internacional para el cambio climático. “Lo que no aceptaremos —añadió— es firmar un documento que no valga la pena”.
Enseguida le tocó el turno al más esperado de los 120 jefes de Estado que llegaron a Copenhague: el presidente de EE.UU. Barack Obama, como estaba previsto, no anunció recortes de emisiones más ambiciosos, pero tampoco llenó el vacío dejado la víspera por Hilary Clinton en cuanto a financiación para el cambio climático: “Nos comprometeremos en el esfuerzo mundial para movilizar 100 mil millones de dólares a partir del 2020 si y solo si este esfuerzo forma parte de un acuerdo más amplio”, subrayó Obama sin especificar qué proporción de ese dinero aportaría EE.UU.
El acuerdo más amplio que pretende Washington debería incluir acciones de mitigación de emisiones de parte de los países emergentes, así como la posibilidad de supervisarlas: “Debemos tener un mecanismo que nos permita comprobar que se está cumpliendo con los compromisos y debemos intercambiar esta información de manera transparente”, reiteró Obama, quien antes de su intervención había sostenido ya un encuentro bilateral infructuoso sobre el tema con el primer ministro Wen Jiabao. China, amparándose en el texto de la Convención de la ONU para el Clima y la Hoja de Ruta de Bali, se mantuvo opuesta a aceptar la auditoría internacional de sus políticas verdes.
Hugo Chávez, pasadas las 2 de la tarde, le puso una nota extra de suspenso a la parte visible de la jornada: advirtió que ni Venezuela ni los demás países del ALBA firmarían un acuerdo elaborado entre una “élite de países” a espaldas de “los pueblos democráticos del mundo”. El presidente de Venezuela se refería al texto que la presidencia danesa y unos 25 jefes de Estado representativos de los países y bloques claves en las negociaciones (EE.UU., UE, China, África, Estados Insulares, Brasil, México) trataban de concertar desde la noche del jueves para que Copenhague por lo menos arrojase un acuerdo político mínimo.
“El peor acuerdo”Ese fue el calificativo que le dio al acuerdo de ayer el delegado de Sudán, Lumumba di Aping, cuyo país preside el grupo G77, que reúne a 130 países en vías de desarrollo.
El Comercio, 19 de diciembre de 2009

Qué se acordó y qué falta definir tras Copenhague

1 Se acordó una visión a largo plazo sobre el aumento de la temperaturaLas partes acordaron desplegar esfuerzos para detener el alza de temperatura en + 2 °C en las próximas décadas. Este es el umbral establecido por el grueso de la comunidad científica para evitar los impactos más catastróficos del cambio climático. En la práctica, con las metas de recortes de emisiones que los países desarrollados pusieron sobre la mesa, el planeta se encamina a un alza de temperatura de 3 °C. No se fijó el año en que las emisiones de CO2 deberían alcanzar un pico para luego descender.
2 No se pusieron límites a emisiones de los países ricosEl acuerdo no contiene los compromisos de recortes de emisiones de gases de efecto invernadero de los países industrializados. Estas naciones obtuvieron un plazo suplementario, hasta el 1 de febrero del 2010, para fijarlos y evadieron comprometerse a una reducción conjunta de entre 25% y 40% hasta el 2020 respecto de 1990. Los países que ratificaron el Protocolo de Kioto acordaron inscribir sus metas en una segunda fase. Esta decisión es una de las pocas victorias de los países en desarrollo que se opusieron a la desaparición del Protocolo de Kioto.
3 Se controlarán las acciones de mitigaciónTodas las naciones, salvo los países menos desarrollados, emprenderán acciones para mitigar sus emisiones de CO2. Estos esfuerzos deberán ser comunicados a la Organización de las Naciones Unidas cada dos años. No ha quedado establecido de qué manera se llevará a cabo la auditoría internacional de estos planes nacionales. Como quedó el texto, por ahora solo las acciones de mitigación desplegadas con apoyo financiero de la comunidad internacional serán sometidas a controles estrictos por un organismo de la ONU.
4 Crearán un fondo para financiar las necesidades de adaptaciónLos países ricos han acordado en Copenhague crear un fondo dotado de US$30 mil millones para atender desde el próximo año y hasta el 2012 inclusive las necesidades más urgentes de adaptación al cambio climático y acciones de mitigación de emisiones. No se tratará de fondos reorientados sino de dinero fresco. Los recursos se destinarán con urgencia a los países menos desarrollados de África y a los estados insulares que son víctimas del aumento del nivel de los océanos.
5 Darán US$100 mil millones al año desde el 2020 Los países industrializados se comprometieron a movilizar anualmente US$100 mil millones a partir del 2020 para financiar en el largo plazo la adaptación y mitigación en los países en desarrollo. Estos fondos serán una combinación de dineros privados y públicos. El monto no responde a las expectativas de los países pobres. De acuerdo a cálculos del Banco Mundial, las necesidades financieras para enfrentar el calentamiento global en el sur por lo menos duplican el monto acordado en Copenhague.
6 Se reducirán las emisiones causadas por la deforestaciónSe creará un mecanismo para reducir las emisiones provenientes de la deforestación, una buena noticia para el Perú por contar con un vasto territorio amazónico. En un primer período (2010-2015) el dinero para ayudar a los países en desarrollo a mantener los bosques tropicales en pie provendrá del fondo de urgencia arriba mencionado. En el acuerdo no se incluyen detalles sobre los derechos de los indígenas que habitan las selvas ni sobre medidas destinadas a salvaguardar los bosques naturales frente a los bosques plantados.
El Comercio, 19 de diciembre de 2009

Gases del efecto invernadero

Son aquellos gases que tienen por denominador común la propiedad de absorber el calor (radiación infrarroja térmica) que emite la Tierra.
Estos son el vapor de agua, el dióxido de carbono (CO2), el metano, el óxido de nitrógeno, el ozono y los clorofluorocarbonos, presentes en refrigerantes y aerosoles.

El Comercio, 19 de diciembre de 2009

Las cifras

6.800 millones de toneladas de emisiones produce China cada año, lo que significa 5,5 toneladas per cápita.
6.400 millones de toneladas de emisiones produce Estados Unidos; es el segundo país más contaminante del mundo.
100 mil millones de dólares es el monto ofrecido por Estados Unidos para responder a la crisis ambiental.
5.030 millones de toneladas de gases genera la industria de los países de la Unión Europea.
89% del PBI mundial representan los países que participan en la cumbre de Copenhague.
230 jóvenes fueron detenidos durante las protestas en los exteriores del centro de convenciones donde se realiza la reunión de presidentes de los países inscritos.

El Comercio, 19 de diciembre de 2009

Hubo violentas protestas y unos 200 detenidos en Copenhague

COPENHAGUE. Hoy la Cumbre de las Naciones Unidas sobre Clima (COP-15) entra en una fase decisiva de negociaciones. Antes de finalizar la semana, se espera la presencia de 118 jefes de Estado para cerrar un acuerdo. Mientras los presidentes de la mayoría de los países de la COP-15 empiezan a arribar a Copenhague, 516 organizaciones de 67 países realizan el Klimaforum 2009, “la cumbre de la gente”.
Fue inaugurada por la periodista y autora canadiense Naomi Klein, conocida líder antiglobalización, quien afirmó: “El Bella Center (donde se desarrolla la cita oficial) es el caso más grande de desastre del capitalismo. El trato que se necesita ni siquiera está sobre la mesa”.
El sábado, decenas de miles de ciudadanos se congregaron frente a la sede del Parlamento danés y marcharon a lo largo de seis kilómetros hacia el Bella Center. En la concentración se escucharon las voces de la modelo y fotógrafa danesa, de sangre peruana, Helena Christensen, quien narró: “Los campesinos de los Andes peruanos me contaron los problemas que padecen porque el clima ha cambiado mucho. No saben la razón de ese cambio generado por otros países”. Presente en la jornada estuvo también la Dra. Vandana Shiva, científica de la India y principal vocera del movimiento ambientalista de su país. El Klimaforum continuará hasta el cierre de la COP-15 con actividades para “despertar a los gobiernos dormidos”, según expresan.
Se calcula que 100.000 se unieron a la movilización del sábado que contó con la participación de personalidades de la talla del sacerdote y pacifista sudafricano Desmond Tutu, Nobel de la Paz 1984. Los manifestantes exigieron un acuerdo vinculante y obligatorio de recorte de emisiones de gases de efecto invernadero. La marcha terminó con cerca de mil detenidos ya liberados, de los cuales solo tres han sido puestos a disposición judicial por haber agredido a los policías.
El domingo se registraron más de 200 detenciones, pues un grupo pretendió bloquear el puerto. Hace un mes el Parlamento danés aprobó un paquete especial de leyes ante las probables protestas durante la reunión de las Naciones Unidas que busca un pacto internacional contra el cambio climático.
El domingo, el Klimaforum 2009 tuvo como conferencista a la keniata Wangari Maathai, Nobel de la Paz en 2004, una de las voces más influyentes del ambientalismo mundial y líder de la coalición africana. Mohamed Nasheed, presidente de Maldivas, un país compuesto por islas en el océano Índico con 80% de su territorio a menos de un metro de altura sobre el nivel del mar, informó que primero asistirá a esta reunión paralela y luego a la COP-15. Maldivas está desapareciendo por el incremento en el nivel de los océanos derivado del calentamiento global.

PRECISIONES
COP-15 es la décima quinta Conferencia de las Partes (sus siglas en inglés).
Es la más alta instancia de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, uno de los documentos emanados de la recordada Cumbre de la Tierra o Eco-92 (Río de Janeiro, 1992) que entró en vigor el 21 de marzo de 1994, en 192 países, y que reconoce que el clima es un recurso compartido.
Las partes se reúnen anualmente y este año coincide con la quinta reunión de las partes del Protocolo de Kioto (vigente en 189 países), cuyo primer período de compromisos culmina el 2012.
En Copenhague se busca que los compromisos de Kioto sigan siendo vinculantes y obligatorios, después de ese año.

ENFOQUE
Macondo a la danesa
Mariposas amarillas en Copenhague y estaríamos en una dimensión real maravillosa. Los negociadores parecen enemigos y no socios climáticos. Todd Stern, negociador de Obama, dijo: “No veo por qué ni un dólar de los contribuyentes norteamericanos deba ayudar a China”. China, que invierte billones en el mundo, es cabeza del G-77, el grupo de países subdesarrollados.
Mientras tanto, las prostitutas de Copenhague (trabajadoras sexuales en idioma políticamente correcto) protestan por la campaña Sé Sostenible No Compres Sexo, de la alcaldesa Ritt Bjerregaard, ofreciendo sexo gratis a los delegados.
Y por CNN se vio al presidente Obama recibiendo el Nobel de la Paz, en Oslo, y dando un discurso pro guerra. Fidel Castro resucitó para gritarle “hipócrita” y desapareció caribeñamente. Desde 60 países llegaron activistas para el Klimaforum 2009 y dicen que la cumbre oficial “no vale”.
¿Y la COP-15? Solo pueden tener cuatro finales. Ningún acuerdo; un acuerdo político no vinculante ni obligatorio; el esperado Protocolo de Copenhague que sustituya al de Kioto con puntos nuevos; o finalmente dos protocolos, un Kioto enmendado y un acuerdo vinculante y obligatorio de recorte de emisiones.
El Comercio, 14 de diciembre de 2009

viernes, diciembre 18, 2009

El danés que salvará al mundo

ENTREVISTA. BJØRN LOMBORG

Es una de las principales figuras en la discusión ambientalista y se encuentra en Copenhague, donde sostiene que no se puede insistir en algo que ya fracasó

COPENHAGUE. Bjørn Lomborg nació en 1965. Es un científico político, profesor y autor, es una importante figura en la discusión ambientalista. La revista “Time” lo catalogó como una de las 100 personas más influyentes del mundo, y “Esquire”, uno de los 75 intelectuales más influyentes del siglo 21. En la capital danesa El Comercio conversó en exclusiva con él, quien compartió su manera de afrontar el grave problema climático.
El diario británico “The Guardian” dice que usted es “una de las 50 personas que puede salvar el planeta”. ¿Cuál es la receta?
Simple, utilizar el dinero eficientemente desde un enfoque económico. Hoy reintentan enfrentar el calentamiento global con un plan que ya falló. Y es que es muy caro migrar hacia otras fuentes energéticas y recortar las emisiones de CO2. Con muy buena voluntad se subsidia la ineficiencia. Es fundamental también priorizar nuestros problemas.

Usted es autor de “El ambien-talista escéptico” y “Enfríalo”, ¿acepta que el calentamiento global ha sido generado por la actividad humana?
Sí, claro. La ciencia lo demuestra, y también lo que observamos. Yo cuestiono cómo se aborda el tema. Tomemos, por ejemplo, la malaria

Cuya expansión se vincula al cambio climático…
Sí, pero se crea una distorsión. Cuando se habla de combatir el calentamiento global se proyectan 20, 50 hasta a 100 años. El dinero a futuro reducirá la malaria apenas 3% para el 2100. Un dólar servirá para ayudar a una persona, pero si ese dólar lo usáramos ahora, se ayudaría a muchos. Un dólar invertido hoy es 78 veces más eficiente. Las poblaciones más vulnerables deben ser apoyadas ahora, no mañana.

Allí aparece lo de priorizar los problemas…
El principal problema que enfrentamos actualmente es la malnutrición por falta de micronutrientes, como el hierro, el zinc, la vitamina A, entre otros. Esta carencia también afecta a los más pobres del Perú. Sucede que esto podría erradicarse del mundo con apenas 300 millones de dólares anuales, una cifra mínima comparada con los miles de millones que se requieren para mitigación y adaptación al cambio climático. ¿Qué logramos? Seres humanos más fuertes y una elevación del cociente intelectual por lo menos en medio punto. Personas más sanas e inteligentes para lidiar con lo que pueda venir. Pero no, nada de eso se hace, y al menos 3 mil millones de seres humanos están en esa situación. Con un plan así podríamos salvar la vida de millones de seres cada año que fallecen por la incapacidad de que los recursos sean adecuadamente enfocados.

¿Cómo fue su proceso intelectual para llegar a esto?
Fue pura casualidad. Estudié Ciencias Políticas en la Universidad de Aarhus, y soy profesor adjunto en la Escuela de Negocios de Copenhague, donde enseño Estadística. Siempre he sido cercano al ecologismo. Un día leí un libro del economista estadounidense Julian L. Simon. Decía que el ambiente estaba mejorando, que había más alimento disponible, que las personas vivían más, había menos mortalidad infantil y que las naciones industrializadas limpiaban su contaminación. Pensé que sería entretenido refutar estos planteamientos con mis alumnos. Pero en nuestro intento solo encontrábamos más datos que reforzaban su teoría. Fue entonces que empecé a ver las cosas desde otros ángulos, desde todos sus ángulos.

¿Trabaja con un grupo?
Sí, con economistas extraordinarios, un “think tank”, reflexionamos, investigamos y detectamos qué funciona mejor para cada caso. Las soluciones de todos los problemas —incluido el calentamiento global— pueden cuantificarse y encontrar cómo financiarlas. La supuesta solución contenida en el tratado climático —como la última alternativa— no ha funcionado a lo largo de 18 años. ¿Por qué funcionaría ahora?

¿Qué piensa de una reunión como la COP-15?
Es importante que los problemas globales se traten así. El error es insistir en lo que ya fracasó. Todo el dinero del que se habla no evitará que la temperatura siga subiendo. La lucha contra el calentamiento —según hemos calculado— requiere la inversión del 0,2 del PBI mundial para investigar y desarrollar ecotecnología y ponerla al alcance de la gente.

¿Cree que se logrará un acuerdo?
Me parece que saldrán con una serie de pequeños acuerdos políticos de una y otra cosa. Donde sí ha habido interesantes avances es en el tema de los bosques. Estas negociaciones seguirán.
¿Entrampadas por su propio desfase?Así es; ese no es el camino por eso les es tan difícil adoptar acuerdos. Si uno fuera con una propuesta tan simple como la que te he mencionado, otra sería la historia.
¿Por qué los políticos no toman propuestas como la suya?
El político vive de la promesa, no de la solución. Prioriza lo que tiene mejores relaciones públicas y las imágenes más estremecedoras. Quien grita y asusta más logra que se fijen en él. Si Al Gore hubiese hecho un documental sobre la desnutrición, seguramente tendríamos una cita tan grande como esta. Si no aceptamos que los problemas tienen más de una forma de erradicarlos, seremos la generación que perdió.

LA FICHA
Nombre: Bjørn Lomborg.Profesión: Científico político, profesor y escritor.Edad: 44 años.Cargo: Profesor de la Escuela de Negocios de Copenhague.Publicaciones: “El ambientalista escéptico”, “Enfríalo”.Reconocimientos: Elegido por la revista “Time” como una de las 100 personas más influyentes del mundo. La revista “Esquire” lo incluyó en la lista de los 75 intelectuales más influyentes del siglo XXI.
El Comercio, 18 de diciembre de 2009

miércoles, diciembre 16, 2009

Un 'Terminator' en la COP-15

COPENHAGUE. El gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, es una de las celebridades llegadas a la capital danesa para participar en la COP-15.
El ex “Terminator” instó a los líderes de los países a trabajar de cerca con sus estados, gobiernos locales y universidades, y afirmó que conservación y progreso no son opuestos. Hace tres años se comprometió a reducir las emisiones californianas en 30% para el 2020.
Por su parte, Al Gore está pesimista por los escasos avances y planteó una cumbre climática para el 2010. Para Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, no hay tiempo para culparse los unos a los otros —en alusión al entrampamiento de China con EE.UU.— y que más bien es tiempo de “mirarse en el espejo”. Mientras tanto, Obama, Sarkozy, Angela Merkel y Gordon Brown mantuvieron ayer una videoconferencia de 50 minutos de coordinación sobre puntos en negociación para su encuentro en esta ciudad.
El asunto está complicado y las próximas 48 horas serán cruciales para saber si algo bueno saldrá de la COP-15 o si fue tiempo perdido.
El Comercio, 16 de diciembre de 2009

Cuando la verdad quema

Un documental cambió para siempre la historia, despertó de su letargo a la gente lanzándola sin piedad a los brazos del drama del calentamiento global. Hasta entonces “eso” era apenas un tema más de múltiples reuniones políticas y diplomáticas.
Por su gran culpa
Que 192 países se reúnan en Copenhague para negociar un nuevo tratado climático, que sea parte de la conversación de los ciudadanos de a pie y noticia comentada en todos los medios, es culpa, grandísima culpa, de un solo hombre. ¿Su nombre? Albert Gore Jr. (1948), a la sazón periodista especializado en temas ambientales, político, ex vicepresidente de la administración Clinton, casi presidente de Estados Unidos —si no hubiese sido víctima de las elecciones reconocidamente más controvertidas del siglo XX, en ese país—, ganador de un Óscar y Premio Nobel de la Paz. Gore apareció en el 2006 con “Una verdad incómoda” y de la noche a la mañana el tema del cambio climático pasó a formar parte de nuestras vidas. Con ese documental logró que los ciudadanos tomaran conciencia sobre un tema que venía discutiéndose desde 1992, en foros y reuniones a los que nadie prestaba atención.

Mr. Ozono
George W. Bush, el presidente petrolero que no podía ver televisión y comer galletas al mismo tiempo porque se atoraba, se burlaba de Al Gore —su contrincante en las únicas elecciones norteamericanas definidas por la Corte Suprema— llamándolo “Míster Ozono”, por su preocupación ambiental. Pero Gore no es un advenedizo en el tema ni un oportunista. Su preocupación por la cuestión “verde” es de larga data. Primero como periodista de investigación en un diario de Tennessee y luego como joven representante demócrata (1977-1985) que alcanzaría un asiento en el Senado (1985-1993). Gore inició su carrera política a los 28 años de edad preocupado ya por estos asuntos. Poco se dice, por ejemplo, que en 1981 ya se había preocupado de organizar una audiencia sobre el cambio climático en el Capitolio. Un cuarto de siglo después “Una verdad incómoda” caló en la conciencia pública de una manera en que quizá jamás habría conseguido como político.

Clima de terror
El documental, visto en salas de cine y circuitos alternativos a lo largo y ancho del planeta, fue aplaudido por la prensa especializada en el Festival de Cannes. Y es que de alguna manera es una pieza maestra por su sencillez y su capacidad de estremecer a los espectadores. Para muchos el documental es una película de terror con Gore dictando una conferencia y revelando datos sobre el incremento de la temperatura global, sus efectos y la preocupante concentración de dióxido de carbono (CO2), uno de los gases de efecto invernadero (GEI), en la atmósfera. Explica cómo retroceden los glaciares, se eleva el nivel de los mares y empiezan a proliferar las enfermedades tropicales y cómo todo esto está afectando a los más pobres de las naciones más pobres. Ninguna novedad que no hubiese sido tratada antes en los medios.

Un solo camino
Y llegó él, con su claridad y su convicción para que con una sola película generara un movimiento planetario contra el cambio climático. Y el tema no estuvo más en la sombra y por estos días tiene contra la espada y la pared a los líderes que negocian un nuevo tratado climático en Copenhague. “La juventud ya no confía en sus políticos y autoridades —dijo una de las representantes de la Unión Europea en la COP-15—, salir sin las bases para un buen acuerdo es algo que no podemos permitirnos, el costo político sería muy alto”. Otra sería la historia si Gore no nos hubiera contado “Una verdad incómoda”, la más incómoda que tienen que soportar los representantes de los países industrializados, sus corporaciones y lobbistas.
Difícil lidiar con una población consciente. Y todo gracias a “Míster Ozono”, quien ya está diciendo lo suyo en torno a la reunión que termina el 18 de diciembre. La verdad, para algunos, es una incómoda piedra en el zapato.
El Dominical, 13 de diciembre de 2009